56
R oman
Mientras contemplo cómo la lluvia resbala por la ventanilla del coche, no puedo evitar pensar que el tiempo encaja con mi puto estado de ánimo. Han pasado tres semanas desde que Chloe se marchó. No, han pasado tres semanas desde que la eché.
Joder. Me paso las manos por la cara.
—Ya hemos llegado —dice Phillip, mirándome por el retrovisor—. Aparcaré bajo el toldo para que no se moje.
—Gracias. —Al igual que lleva ocurriendo desde aquel día en mi oficina, mi tono es hueco. Debería encontrarme en las nubes: estoy a punto de conseguir todo por lo que he trabajado durante los últimos años. Lo último que debería sentir ahora mismo es vacío y, sin embargo, así es.
Tate y Cole ya están aquí, esperándome en el vestíbulo.
—¿Estáis listos? —pregunto al acercarme.
Se dan la vuelta al mismo tiempo y los tres nos dirigimos hacia los ascensores. Al acercarnos, se abren las puertas de una cabina y Haverscombe sale con paso firme, con el ceño fruncido.
Se detiene en seco al vernos y, por primera vez en días, me invade una oleada de satisfacción.
—Siento que tu oferta no haya tenido éxito, Roger. —Le dedico una sonrisa que no oculta en absoluto mi entusiasmo—. Esperemos que el precio de tus acciones no se vea demasiado afectado cuando se publique la noticia.
Entrecierra los ojos.
—Te gusta jugar sucio, como a tu padre, por lo que veo. —Está intentando sacarme de quicio, pero no le va a funcionar. Se ha metido en algo en lo que nunca debería haberse implicado, y más le vale haber aprendido la puñetera lección.
—¿Jugar sucio? ¿Te refieres a hacernos fotos a mi asistente y a mí y a filtrar historias a la prensa sensacionalista para intentar comprometer mi reputación antes de nuestra oferta? ¿Esa clase de juego sucio?
Sus fosas nasales se dilatan.
—Apuesto a que a Ellis no le gustaron tus intentos de manipular su decisión. —Tate se quita una mota de polvo imaginaria de la manga—. Tampoco creo que te fuera bien si la noticia se difundiera dentro del sector.
Doy un paso adelante, cerniéndome sobre Roger.
—Supongo que Katherine te sugirió que utilizases a mi asistente para conseguir lo que querías. Deberías saber que no puedes hacerle caso. Ella tiene sus propios intereses, y te garantizo que son en su beneficio, no en el tuyo.
La ira oscurece su mirada.
—Te agradecería que no hablaras así de mi prometida —espeta.
¿Prometida? No puedo evitar la sonrisa sincera que se dibuja en mi rostro.
—Enhorabuena por tu próxima boda. No se me ocurre una pareja mejor. —Lo esquivo y me doy un tironcito a una manga—. Ahora, si nos disculpas, tenemos asuntos que atender.
Cole y Tate se cuelan en el ascensor detrás de mí.
—Ha sido divertido —dice Tate una vez que estamos a salvo dentro de la caja de acero inoxidable.
Me arreglo la corbata.
—Sí. —Por desgracia, mi buen humor se desvanece tan rápido como el ascensor sube a la última planta.
Tate, probablemente intuyendo el cambio, carraspea.
—¿Cómo está Chloe?
—No lo sé. —Me concentro en los números que van cambiando sobre la puerta en lugar de mirarlo.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella? —pregunta Cole.
—Hace tres semanas.
Él se ríe en voz baja.
—¿En serio?
Siento una oleada de irritación.
—Nos estamos dando un tiempo.
Él niega con la cabeza.
—Tate, ¿puedes hacer entrar en razón a este tío?
Lo miro con el ceño fruncido y luego a Tate.
—¿De qué leches tienes miedo, colega? —pregunta mi hermano pequeño.
Antes de que pueda responder, el ascensor suena y la puerta se abre. Salgo el primero y me vuelvo para mirarlos, con las manos metidas en los bolsillos.
—¿Creéis que tengo miedo? Estoy intentando hacer lo mejor para la empresa. Y para Chloe.
—Te estás mintiendo a ti mismo —dice Cole—. Por fin has conocido a una mujer que te importa y estás aterrorizado de cojones.
La irritación se transforma rápidamente en ira.
—¿Aterrorizado? —Sus ojos azules se endurecen al encontrarse con los míos.
—Sí. No hay nada más aterrador que el amor.
Pero en serio, no es de la sombra de papá de la que tienes que escapar.
Es de la tuya propia. No le debes nada a la empresa.
No nos debes nada a nosotros. Y desde luego no le debes nada a Ellis ni a quienquiera que lea esas puñeteras revistas.
¿A quién coño intentas demostrarle tu punto de vista?
Un dolor agudo me atraviesa las costillas.
—Vamos a llegar tarde. —Sin esperarlos, me doy media vuelta y me alejo a zancadas.
Me siguen en silencio hasta que llegamos a la sala de conferencias del hotel. Ellis y sus abogados ya están ahí, y nuestro equipo legal también. Como se va a quedar aquí toda la semana, nos ha pedido que nos reuniéramos aquí en lugar de en el King Plaza.
Saludo a Ellis y, después de que los tres les hayamos estrechado la mano a él y al resto de su equipo, nos sentamos.
Sin más preámbulos, Ellis carraspea y comienza.
—Gracias por pasarme la información sobre los negocios sin escrúpulos de Roger.
Nunca me tomé en serio su oferta, pero al menos ahora sé que no debo hacer negocios con él en el futuro.
— Me mira fijamente—. Espero que Chloe no se haya sentido mal por esas ridículas insinuaciones de la prensa sensacionalista.
Controlo mi expresión y me estiro la corbata con una mano.
—Está bien.
—Bien, bien —dice—. Es una joven encantadora. No se merece esa clase de escrutinio.
—Estoy de acuerdo. —Mi tono es probablemente un poco demasiado seco, pero estoy ansioso por dejar atrás el tema de Chloe—.
¿Estás listo para cerrar el acuerdo con estos términos?
— Dos horas más tarde, Ellis acepta de forma preliminar la oferta del Grupo King.
Muevo los hombros, esperando que se relajen, pero siguen igual de tensos.
—Nuestros abogados se pondrán en contacto contigo cuando el contrato esté redactado. —Nos damos la mano y, antes de separarnos, Ellis me da una palmada amistosa en la espalda—. Estoy deseando trabajar contigo.
En el trayecto en el ascensor hacia abajo, se hace el silencio entre mis hermanos y yo.
—Ellis tiene razón, ¿sabes? —empieza Tate. Lo miro con rabia porque sé que no me va a gustar lo que está a punto de decir, pero no sirve para disuadirlo—. Chloe es una joven encantadora. Se merece algo mejor.
—Pero la adquisición ya es prácticamente un hecho, así que, mientras tú seas feliz, eso es lo importante. —Los ojos de Cole me desafían.
Saben la verdad. Saben que el gran paso que hemos dado hoy no ha cambiado nada. Sigo sintiéndome como el puto culo.
Antes de salir del hotel y adentrarnos en la lluvia, Cole me detiene poniéndome una mano en el pecho.
—Te has preocupado demasiado por demostrar que no eres como papá. ¿Alguna vez has pensado que la mejor manera de hacerlo es abrazar las cosas que él nunca hizo? ¿Luchar por lo que de verdad importa?
—Exactamente. —Tate se balancea sobre los talones, con las manos en los bolsillos—.
¿Qué crees que lo habría enfadado más? ¿Cómo elevas el estatus del King Group mientras pasas tu vida triste y solo?
¿O tu capacidad para capear un posible escándalo a corto plazo mientras estás enamorado y eres más feliz de lo que fue él jamás?
—¿Yo era tan insoportable cuando te daba consejos? —espeto.
—Eras peor. —Enarca las cejas con una sonrisa burlona en los labios—. Pero tenías razón. Aquí no hay doble rasero, Roman. Me dijiste que dejara de definirme por las acciones de papá. ¿Por qué no sigues tu propio consejo?
Contengo el aliento y miro al cielo, estudiando las densas nubes.
¿Por qué demonios me estoy conteniendo? Mi padre ya ni siquiera está aquí y, sin embargo, sigue influyendo en mis decisiones.
Las cosas no han terminado entre Chloe y yo, pero podría pasar si no saco la puta cabeza de la tierra y averiguo cuál coño es mi problema.
—Te apoyamos —dice Cole—. Todos nosotros. En cualquier cosa que necesites.
—Os lo agradezco. —Me da vueltas la cabeza, pero al final tomo una decisión—. Nos vemos en la oficina. Tengo algo que hacer.
La lluvia ha amainado hasta convertirse en una llovizna leve para cuando me encuentro ante la tumba de mi padre. La hierba ya ha empezado a crecer sobre la tierra que se extiende desde la lápida de mármol.
Ver su nombre grabado en la piedra me provoca una oleada familiar de ira y resentimiento que me recorre el cuerpo entero.
Aprieto los puños. ¿Por qué tuvo que ser el hombre que fue? ¿Por qué no pudo haberme enseñado algo, cualquier cosa, que valiera la pena imitar?
Cierro los ojos y dejo que un desfile de recuerdos se deslice por mi mente.
Sus incesantes charlas sobre el dinero y el poder, el frío rechazo a cualquier muestra de emoción —sobre todo al afecto— y su implacable empeño por moldearme a su imagen y semejanza.
Sus burlas cuando me reveló la verdad sobre Katherine.
He pasado la mayor parte de mi vida adulta haciendo todo lo posible por no ser como él, y sin embargo aquí estoy, dejando que mi miedo a convertirme en él estropee lo mejor que me ha pasado nunca.
Una imagen de Chloe se forma en mi mente: su sonrisa, su fuerza, su cariño.
La aparté de mí para proteger al Grupo King del escándalo, para protegerme a mí mismo de que me compararan con mi padre.
Quizá también intentaba protegerla a ella, pero si soy sincero, lo que me importaba eran mis propios intereses.
Al dejar que el miedo y el instinto de supervivencia ganaran, lo único que he conseguido es repetir la historia. Estoy adoptando el distanciamiento emocional que mi padre me inculcó durante décadas, anteponiendo la imagen del Grupo King a mi corazón. A ella.
Me lo imagino con esa mueca de desprecio siempre presente, su desdén ante la debilidad que veía en mí. Y pienso en mis hermanos: en sus vidas actuales, en las decisiones que han tomado. Unas decisiones que no los han hecho débiles como mi padre predijo, sino más fuertes de lo que él jamás fue.
Una sola hoja cae flotando y aterriza sobre la tierra húmeda frente a la lápida.
Chloe cree en mí. No cree en el hombre moldeado por mi padre, sino en el hombre que quiere hacer mejor las cosas, que quiere ser mejor.
Me trago el temor que aún me atormenta. No voy a dejar que el miedo me impida convertirme en el hombre que quiero ser. El hombre que ama a Chloe sin reservas, sin preocuparse por las repercusiones. Quiero un futuro con ella en lugar de uno dictado por los pecados de mi padre.
El corazón me late con fuerza, impulsado por la abrumadora necesidad de demostrarle que lo que le dije era cierto: conmigo está a salvo.
Me alejo de la última morada de mi padre y me dirijo a zancadas hacia las puertas del cementerio sin volver la vista atrás. Tengo mucho que hacer en los próximos días.
Me ha llevado mucho más tiempo del que debería, pero por fin he aclarado mis prioridades.