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R oman
—¿Vas a darme una explicación? —dice Tate, poniéndome el tabloide delante de la cara.
Se lo arranco de las manos y me tomo un segundo para asimilar lo que estoy viendo.
El titular, en primera plana, anuncia: «¿ D e tal palo , tal astilla ? L a relación secreta del director general de K ing G roup levanta sospechas ».
Debajo hay una foto borrosa de Chloe y de mí justo después de salir de mi coche, probablemente de camino a una reunión. Tengo la mano en su espalda —un hábito que he intentado romper sin éxito— y la foto está tomada de tal manera que la situación parece mucho más íntima de lo que era.
Ella está tan guapa como siempre, con su cabello rubio recogido en una coleta y su vestido negro entallado, perfectamente profesional.
Pero no importa. Los medios de comunicación le darán la vuelta a esto como quieran.
Para ellos, ella es joven, atractiva y mi asistente.
Y yo soy su jefe, y estoy demasiado cerca y soy demasiado protector, y tengo las manos sobre ella.
Le devuelvo la revista a mi hermano pequeño.
—No hay nada que explicar.
Tate se deja caer en la silla frente a mí, arqueando una ceja.
—Tienes razón. No hace falta que lo expliques, porque es bastante obvio.
Te estás tirando a tu asistente. —Se ríe, pero cuando me limito a mirarlo con ira, se pone serio y levanta las manos—.
Oye, soy la última persona que te juzgaría.
Es que resulta gracioso teniendo en cuenta lo firme que te mostraste en que no ibas a contratarla.
—Ladea la cabeza, entrecerrando los ojos—.
¿O es por eso? ¿Ya entonces sentías algo por ella?
Rechino los dientes.
—¿De verdad crees que esto tiene gracia?
Desde la muerte de papá aún estamos más bajo el escrutinio público.
Con un poco de suerte, la adquisición de EcoTech se cerrará en cuestión de semanas.
Lo último que quieren es mala publicidad.
—Me pellizco el puente de la nariz y me obligo a inspirar y luego a espirar con calma—.
Y está Haverscombe. Ha adelantado el momento de su oferta para ganarnos la partida.
De hecho, no me extrañaría que hubiera orquestado toda esta situación.
En cualquier caso, que los medios de comunicación saquen a relucir comparaciones entre papá y yo es lo último que necesitamos ahora mismo.
Por no hablar del golpe a la reputación de Chloe.
—¿Crees que le importa más su reputación que tú?
La ira se enciende, ardiente y dolorosa, en mi pecho. ¿Cómo es que no lo entiende?
—A mí me importa.
Me mira con atención.
—Entonces, ¿no es solo un rollo?
—No es un rollo. —Acordamos no contárselo a nadie, ni siquiera a mis hermanos, pero no voy a menospreciar lo que Chloe y yo tenemos.
Tate levanta las manos y se ríe.
—Pues, en ese caso, no hay ningún problema. Ignora a los malditos medios y hazlo público. Nosotros nos encargaremos de las consecuencias.
—¿Cuando las consecuencias podrían ser perder EcoTech, que bajen las acciones, la reputación de Chloe?
Se endereza en su asiento y su tono se vuelve serio.
—Si a Ellis le preocupa trabajar con un hombre que se ha enamorado —oírle decir esas palabras me impacta más de lo que esperaba—, de quienquiera que sea de quien se haya enamorado, no estoy seguro de que queramos trabajar con él.
Y aunque el precio de nuestras acciones baje temporalmente, no tengo ninguna duda de que volverá a subir.
En cuanto a la reputación de Chloe, sí, eso es un problema.
No debería serlo, pero lo es. Pero si vas en serio con ella, pronto todo el mundo sabrá que no es una cazafortunas…
. —Sus ojos se clavan en los míos con lo que parece simpatía.
—Como Katherine —gruño.
Asiente lentamente.
—Como Katherine. Pero, tío, ¿por qué no nos lo contaste? ¿Acaso crees que Cole y yo no íbamos a respaldarte? Y más cuando se trata de una mujer que te importa.
La culpa me oprime el estómago.
—Quizá no merezca que me apoyen.
Tate se echa hacia delante, con el ceño fruncido por la preocupación.
—¿Qué coño quieres decir con eso?
—¿Dónde estaba yo cuando estabas creciendo? ¿Dónde estaba yo cuando Cole quería estar con Delilah? Ah, claro, le estaba fastidiando la vida. ¿Te apoyé cuando te dije que fingieras salir con Violet, o estaba apoyando a la empresa?
Todos los errores que he cometido se retuercen dentro de mí hasta que me falta el aliento. Tenso la mandíbula, resistiéndome al impulso de pasarme la mano por el esternón.
Él suelta un suspiro.
—En primer lugar, salir de forma fingida con Violet fue lo mejor que me ha pasado nunca, así que no lo incluyas en tu lista de fracasos.
Y sí, quizá con lo de Cole y Delilah no estuviste en tu mejor momento, pero cuando te diste cuenta de lo en serio que iba con ella, lo ayudaste a superarlo en lugar de darle la espalda.
En cuanto a dónde estabas cuando éramos niños, estabas en modo supervivencia; todos lo estábamos.
Los tres lo pasamos mal. Pero ahora estamos aquí, juntos.
Así que deja de castigarte. Te mereces ser feliz, igual que el resto de nosotros.
—Levanta las manos al aire—. Joder, incluso mamá sonríe más últimamente.
Si has encontrado a alguien que te hace sentir así, por el amor de Dios, haz que funcione.
Me obligo a asimilar sus palabras. Pero mi atención sigue fijándose en esa maldita foto de la revista del corazón en la que salimos Chloe y yo.
Ni siquiera es remotamente escandalosa, tal y como interactuamos allí, pero el titular se cierne sobre mi mente.
No importa lo que diga mi hermanito, lo único en lo que puedo pensar es en que todo por lo que he estado luchando se desmorona a mi alrededor.
Y Chloe. Le prometí que la mantendría a salvo, pero en cambio, he llevado a los lobos directamente a su puerta. Ella no se merece algo así.
Mi mente trabaja a toda máquina, barajando soluciones. Tiene que haber una forma de solucionar esto, de mantener la adquisición en marcha y proteger a Chloe al mismo tiempo.
Tate me observa, con mala cara.
—Te lo estás pensando demasiado. Habla con ella y ya está.
Asiento.
—Gracias por el consejo.
—¿Vas a seguirlo?
—Voy a resolverlo. —Asiento con firmeza y pulso el intercomunicador—. Chloe, ¿puedes ponerme al teléfono a Sean Prescott, de Wright Construction ?
Tate se echa más hacia delante, entrecerrando los ojos.
—¿Para qué leches lo llamas?
Antes de que pueda responder, Chloe me pasa la llamada.
—Hola, Sean. Tengo que pedirte un favor. Necesito que contrates a una de mis empleadas, solo temporalmente. Está familiarizada con nuestro proyecto, así que puede actuar como enlace.
Con Chloe trabajando fuera de King Plaza, la atención de los medios se alejará de ella —de nosotros— el tiempo suficiente para que las cosas se calmen. Al menos, eso es lo que espero.
Mi hermano maldice entre dientes y niega con la cabeza, pero yo lo ignoro.
Sean acepta en cuestión de minutos y cuelgo.
—¿Cómo va a solucionar nada sacar a Chloe de King Plaza? — pregunta Tate, con una mueca de enfado que rara vez se le ve en la cara.
—Es temporal —espeto—. Una vez que se complete la adquisición de EcoTech y los tabloides dejen de dar caña, podremos hacerlo público de forma controlada. De una manera que no haga que nos tachen a ninguno de los dos de algo que no somos.
Se pasa las manos por la cara y echa la silla hacia atrás.
—Esto no va a salir bien. Si algo he aprendido, es que no se puede controlar el amor. Pero supongo que vas a descubrirlo por ti mismo.
Dicho esto, se levanta y sale del despacho a zancadas.
Me quedo allí sentado, con las palabras de Tate retumbando en mis oídos. «No se puede controlar el amor» .
Me rindo y me paso la mano por el esternón, para intentar aliviar la opresión que siento ahí. Quiero mucho a Chloe. Hago esto tanto por ella como por la empresa.
Ella lo entenderá.
Tiene que hacerlo.