El rey distante (Empty Kingdom 3) 51
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C hloe

Me quedo unos pasos por detrás de Roman y resisto el impulso de cogerlo de la mano mientras el grupo atraviesa el césped. A lo lejos, las cámaras disparan sus flashes. Cada clic me da náuseas. Es repugnante la forma en que los paparazzi se han entrometido en el funeral.

Cole y Tate van detrás de nosotros, con Delilah y Violet. Incluso la madre de Roman tiene a un hombre a su lado, el hombre con el que estaba en la gala. Quizás sea su novio.

Le echo un vistazo a Roman. No ha mencionado nada de que su madre esté saliendo con alguien.

Se me encoge el corazón al ver cómo la distancia entre nosotros se hace cada vez mayor.

Cuando estamos juntos en su apartamento, e incluso en su oficina, estamos en una pequeña burbuja. Igual que cuando estábamos en Francia.

Lejos de las miradas del mundo, él me pertenece, pero fuera, a la luz del día, la historia es muy distinta.

Me invade la tristeza, pero me la quito de encima con rapidez. Estoy aquí por una única razón: apoyar a Roman. Aunque tenga que hacerlo desde un segundo plano.

Sophie y Samson se acercan, vestidos de negro, igual que yo, con expresiones sombrías.

Roman dijo que encontraría la manera de que yo estuviera aquí, y lo hizo.

Como Samson y Sophie estaban allí cuando el padre de Roman era director general, tiene sentido que hayan venido para apoyar a Cole y Tate, tanto en el aspecto personal como en el profesional.

Y aunque nunca conocí a ese hombre, mi presencia en el funeral no parece tan extraña porque ellos también han acudido.

Mientras estamos alrededor de la tumba, escuchando al capellán, no puedo evitar echar miradas furtivas a Katherine, que está frente a nosotros, con un aspecto muy glamuroso aunque vaya toda vestida de negro.

Aunque lleva gafas de sol oscuras, juraría que tiene los ojos fijos en Roman todo el tiempo. Me consume la necesidad de ponerle las manos encima. De reclamarlo. Pero no puedo.

En su lugar, me mantengo erguida, con la esperanza de que pueda sentir mi apoyo, aunque no estemos tocándonos.

Mientras el cura habla de los éxitos de Maxwell King , evitando cuidadosamente cualquier mención a los muchos errores que cometió el hombre, Roman tiene los hombros tensos.

No se ha abierto sobre sus sentimientos tras la muerte de su padre.

Dios, ojalá lo hiciera. No sé cómo ayudarlo cuando no me lo permite.

Por mucho que niegue que está sufriendo, su confusión es evidente. Al menos para mí lo es.

Una vez finalizado el servicio, sus hermanos y su madre hablan con la gente mientras Sophie y Samson se retiran para coordinarse con los de seguridad, y yo me encuentro junto a Delilah y Violet.

No puedo resistirme a preguntarle a Delilah si puedo coger a Lottie, y ella me tiende a la bebé alegremente.

Se me llena el corazón al ver su carita. Es agridulce saber que es la sobrina de Roman. Él es parte de ella, como el resto de su familia.

Eso solo hace que me sienta aún más como una extraña.

—¿Sabes? —dice Delilah, con los ojos brillantes de simpatía— . Nunca pensé que acabaría aquí. La primera vez que conocí a Cole, no podía imaginar que él cambiaría mi vida. A veces me parecía imposible que hubiera un final feliz para nosotros.

Me da un vuelco el estómago, pero hago todo lo posible por contener mi reacción. ¿Lo sabe? Desvío la mirada de ella hacia Roman, y luego hacia Violet, que parece igual de comprensiva. ¿Se lo habrá contado él?

—No es difícil de ver si sabes en qué fijarte —interviene Violet—. Y más cuando tú misma lo has vivido.

—Yo… yo… —Siento un nudo en el pecho que me dificulta respirar. ¿Qué se supone que debo decir?

—No te preocupes. —Delilah me da una suave palmada en el brazo—. No creo que nadie más lo sepa. Tu secreto está a salvo con nosotras. Con suerte, Roman entrará en razón y pronto se dará cuenta de cuáles son sus prioridades.

Una oleada de actitud defensiva me invade.

—No espero que cambie sus prioridades. Sé lo que es importante para él.

Las dos se miran.

—Atención —dice Violet.

Por instinto, me vuelvo y veo a Roman andando a zancadas hacia nosotras. Sus ojos están más tormentosos de lo que han estado en todo el día y, por un momento, me pregunto si le molesta que tenga en brazos a Lottie.

Pero cuando llega hasta nosotras y clava la vista en mí, su expresión se suaviza.

Se agacha hacia ella, se acerca y la coge.

—Te queda bien tener a un bebé en brazos —murmura.

Se me para el corazón y se me sonrojan las mejillas. Doy un paso atrás, preocupada por si hago alguna tontería como besarlo aquí mismo, delante de todo el mundo.

Un movimiento en mi campo de visión me llama la atención, y veo que Katherine nos está mirando, con los labios apretados en una línea fina.

Retrocedo otro paso, con el pulso acelerado. Mi razón para estar aquí ya es bastante endeble. No quiero darle a nadie munición para hacerle daño a Roman o a su familia y menos cuando he sido yo quien ha insistido en acompañarlo.

Los ojos de Roman se clavan en los míos mientras sostiene a Lottie contra su pecho; el tamaño de la pequeña contrasta con su enrome complexión. Violet y Delilah estudian la escena con miradas demasiado cómplices.

—Yo… eh, voy a ayudar a Sophie y a Samson. —Me doy media vuelta y enseguida me tropiezo con alguien.

La madre de Roman me pone las manos en los hombros y sus fríos ojos azules me evalúan.

Se me acelera el corazón, me arden las mejillas y las lágrimas que llevan tiempo amenazando con brotar están a punto de desbordarse. Cada reacción es más ridícula que la anterior. ¿Qué ha sido de mi profesionalidad?

Hago todo lo posible por adoptar una expresión profesional al dirigirme a la elegante y distante madre de Roman.

—Lo siento mucho, señora King.

Una leve arruga aparece entre sus cejas.

—Es usted una asistente muy dedicada por estar aquí para mi hijo.

Trago saliva con dificultad. Después de todo lo que hizo su difunto marido, ¿qué debe de pensar de mí?

La vergüenza me revuelve las entrañas.

—Solo estoy haciendo mi trabajo.

—Por supuesto. —Me suelta y me dispongo a salir corriendo; de la forma más profesional posible, claro está—. Me alegro de que tenga a alguien que cuide de él. Se merece esa clase de dedicación. Todos mis hijos se lo merecen.

La miro fijamente, sin saber muy bien si debo tomarme sus palabras al pie de la letra. Por lo que me ha contado Roman, nunca ha sido precisamente una madre cariñosa. ¿De verdad le preocupa tanto la dedicación de los asistentes de sus hijos?

—Eh, gracias. Probablemente debería… —Señalo en dirección a las puertas del cementerio y ella asiente.

Me doy cuenta de que Roman me está mirando con el ceño fruncido. Tate y Cole están ahora a su lado; Cole se ha hecho cargo de su hija.

Katherine no se ha movido y creo que sigue atenta a lo que hago. Le dedico una sonrisa forzada antes de alejarme de todos ellos.

Aunque más bien parece que estoy huyendo.