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R oman
El sol de la mañana proyecta líneas nítidas sobre la mesa de reuniones. Cole, que está sentado junto a Tate, me hace un gesto con la cabeza. Esta no es una reunión ejecutiva cualquiera.
Chloe, Sophie y Samson han preparado la sala, asegurándose de que todo esté listo para el análisis en profundidad de la oferta de EcoTech.
—Empecemos. —Le hago un gesto a Chloe para indicarle que distribuya los últimos informes financieros y el análisis de la competencia—.
Tenemos que cerrar hoy nuestra oferta para EcoTech, y no quiero que quede ningún cabo suelto.
—David le dedica a Chloe una sonrisa demasiado radiante cuando ella le pasa el informe.
La irritación me recorre el cuerpo, pero la ignoro con un profundo suspiro.
Hoy tengo que concentrarme—. Tenemos una sola oportunidad de hacer que esta oferta sea imbatible.
Haverscombe Industries está presionando mucho para superarnos y, si no lo consiguen, buscarán otras estrategias.
—Si subimos mucho más nuestra oferta, mermaremos nuestros activos —dice Carl, nuestro director financiero—. Tenemos que pensar no solo en ganar esta licitación, sino también en mantener la empresa después.
—Ya hemos destacado nuestro compromiso con las prácticas éticas y la implicación con la comunidad —interviene Margo—. No podríamos ser más diferentes de Haverscombe en esos aspectos. Eso debería influir en su decisión.
Asiento.
—Asegúrate de que el borrador incluya nuestro marco ético como prioridad.
Cole expone lo básico.
—La última jugada de Haverscombe ha sido asociarse con Z-Corp, lo que refuerza el atractivo de su oferta en el sector tecnológico.
—Podemos contrarrestar eso —digo—. Nuestra investigación y desarrollo en tecnología verde no es comparable: va muy por delante. Potenciaremos ese aspecto en nuestra oferta: destacaremos nuestro compromiso con la innovación y la sostenibilidad. No solo se trata de dinero.
—Podríamos lanzar una campaña de relaciones públicas preventiva que socave la estabilidad de Haverscombe —propone David—. Hay rumores de inconsistencias financieras en su informe del último trimestre…
Niego con la cabeza.
—Quiero jugar limpio. Ganaremos esto por nuestros propios méritos. Ellis valora la integridad, y eso es lo que le demostraremos. Potenciemos lo que tenemos con una presentación detallada de nuestros proyectos y su impacto. Quizá podamos incluir algunos testimonios de nuestros socios.
—No necesitamos recurrir al juego sucio. —Cole se recuesta en su asiento, con expresión pensativa—. Pero sabemos qué clase de hombre de negocios es Roger Haverscombe. No está de más que EcoTech sepa con quién se asociaría si aceptara su oferta.
Asiento, aunque se me hace un nudo en el estómago. Instintivamente, me vuelvo hacia Chloe, que me dedica una leve sonrisa.
Cuando me reuní con Ellis en Francia, le juré que no me parecía en nada a mi padre, que no difuminaba las líneas profesionales.
Que no utilizaba mi poder para explotar a nadie.
Él me dejó muy claro lo importante que es para él el liderazgo ético, y yo le aseguré que los pecados del padre no serían repetidos por el hijo.
Sin embargo, ¿qué hice la noche siguiente y tantas otras veces desde entonces?
Lo que Chloe y yo tenemos no se parece en nada al tipo de relaciones que mi padre mantenía con sus empleadas, pero aun así, no puedo quitarme de la cabeza la sensación de que estoy a un paso de caer en la misma trampa.
Tengo que mantener al King Group en lo más alto para cerrar el acuerdo con EcoTech sin que haya ni un atisbo de escándalo.
Al mismo tiempo, quiero proteger lo que, de forma tan inesperada, ha cobrado vida entre Chloe y yo.
Sin embargo, equilibrar las dos cosas está resultando mucho más difícil de lo que había previsto.
Una vez que hemos discutido la logística y las previsiones, despido al grupo.
—Gracias a todos. Redactaremos las revisiones y prepararemos la oferta final. Aseguraos de mantenerlo en secreto. No queremos que Haverscombe se entere de nuestra estrategia antes de que movamos ficha.
Me quedo un rato mientras la sala se va vaciando, con la mirada fija en Chloe mientras ordena sus notas y recoge la sala, todo ello mientras charla y se ríe con Sophie.
—Chloe, quiero hablar contigo en mi despacho cuando hayas terminado.
—Por supuesto.
Las dejo con lo suyo y recorro el pasillo a zancadas, con la tensión aumentando a cada paso. Las posibilidades de fracaso — en el acuerdo con EcoTech, en mi relación con Chloe— dan vueltas en mi cabeza sin cesar. Un paso en falso y podría echarlo todo por la borda.
Me siento ante mi escritorio, pero mi mente no deja de repasarlo todo.
El silencio en mi oficina es casi opresivo, y trae consigo una familiar sensación de soledad.
Es una sensación a la que estoy acostumbrado y de la que estoy harto, resultado de años dedicados a protegerme de enredos emocionales no deseados y a centrarme únicamente en una necesidad profundamente arraigada de demostrar que no me parezco en nada a mi padre.
Un momento después, se oye un suave golpecito en la puerta. Entonces ella entra y cierra con cuidado tras de sí. Su sonrisa es cálida al acercarse a mí.
El simple hecho de verla desata la tensión que me anuda los músculos. Por un instante fugaz, me permito saborear su presencia sin hacer nada más.
Se detiene frente a mi escritorio, con la cabeza un poco ladeada.
—¿Va todo bien?
Quiero tocarla. Quiero pegarla a mí y besarla. Justo aquí. Pero consigo contenerme por los pelos.
Todo ha cambiado desde que la conocí, y sigo intentando encontrar el equilibrio en un terreno inestable.
Por primera vez en mucho tiempo, me veo deseando apoyarme en alguien, compartir los pensamientos y sentimientos que he mantenido ocultos.
Pero los dos estamos ocultándoles secretos a las personas más cercanas a nosotros.
¿Cuánto tiempo pasará antes de que todo se derrumbe?
Carraspeo.
—Quiero que vengas a mi entrevista con Forbes esta tarde.
Arquea las cejas, pero al mismo tiempo se le curvan las comisuras de los labios. Nadie nos verá si vamos uno al lado del otro en la parte trasera del coche. Eso nos brinda un poco de ese tiempo a solas, tan preciado y escaso, que tanto ansío.
—Por supuesto. ¿Hay algo más?
Aprieto los puños. Me rondan por la cabeza muchos más pensamientos, pero no tengo ni idea de cómo expresarlos, así que me levanto y rodeo mi escritorio, acercándome tanto que ella tiene que levantar la barbilla para sostenerme la mirada.
Le acaricio la mandíbula y le paso el pulgar por los labios. Sus ojos del color del mar están llenos de ternura y confianza.
Se me hace un nudo en la garganta. Quiero mantenerla a salvo. Darle todo lo que necesita. Pero no sé cómo conseguir lo que quiero mientras cumplo con lo que tengo que hacer.
Bajo la mano.
—No hay nada más. Solo quería tocarte.
—Si tú puedes tocarme, yo puedo hacer esto.
—Se pone de puntillas y me besa en los labios.
Si cree que puedo dejarlo así, está subestimando el efecto que tiene sobre mí.
La pego a mi cuerpo y profundizo en el beso, dejando que su dulzura me inunde y llene todos los huecos dentro de mí que ni siquiera me había dado cuenta de que estaban vacíos.
¿Es esto? ¿Es así como se sintieron Cole y Tate cuando conocieron a Delilah y a Violet?
¿Experimentaron esta certeza que llega hasta la médula de los huesos?
¿Esta necesidad ardiente de tener a su mujer cerca, de protegerla, de darle el mundo?
¿Es esto lo que debería haber sentido con Katherine y que nunca sentí?
Demasiado pronto, unas voces en el exterior nos obligan a separarnos.
Incluso con el riesgo de que nos descubran, me cuesta soltarla—.
Tendremos que irnos pronto a la entrevista —dice sin aliento, y yo doy un paso atrás.
Sonríe y va hacia la puerta.
—Chloe. —Se detiene y se vuelve. Las palabras que quiero decirle me queman la punta de la lengua y me oprimen las costillas. Pero no sé cómo liberarlas. Me meto las manos en los bolsillos, con los hombros tensos por lo que estoy dejando sin decir—. Nada. Iré a buscarte cuando sea hora de irnos.
Sus ojos recorren mis rasgos y, acto seguido, se marcha.