44 #2
Sophie y yo nos acercamos primero a la mesa de la subasta y echamos un vistazo a los artículos por los que los invitados pujarán más tarde.
Muchos, muchísimos de ellos son increíblemente caros: una escapada a una isla privada en las Maldivas, una expedición con todo incluido a la Antártida a bordo de un barco de lujo, una cena privada preparada por un chef famoso y una experiencia de vuelo en gravedad cero.
Incluso hay un día en un circuito de carreras, con la oportunidad de ponerse al volante de los supercoches más rápidos del mundo.
Ni siquiera puedo imaginar cuánto van a pagar por esta clase de experiencias.
Luego están los recuerdos. Artículos firmados por famosos, entre ellos una guitarra eléctrica firmada por Tex McLain, el famoso guitarrista principal de la banda Fractured, y un guion firmado por el actor de primera línea Declan Monroe.
Mis artículos favoritos son las obras de arte originales: pinturas y esculturas de artistas locales, tanto consagrados como emergentes. Es imposible no imaginar uno de los cuadros de mi padre colgado aquí, encajando a la perfección con los demás.
Quizá algún día.
Mientras curioseábamos, la sala se ha ido llenando poco a poco.
El público es una mezcla de ejecutivos de King Group, famosos, políticos y filántropos conocidos.
Entre ellos se encuentran varios empleados más de King Group.
Samson, el asistente de Cole, está aquí con su novia y nos paramos a charlar con ellos un rato.
Se nos unen algunas personas más a las que reconozco de verlas por ahí, y pronto se ha formado un pequeño grupo cerca de donde están sacando las bandejas de canapés.
A pesar de la animada conversación a mi alrededor, estoy en alerta máxima, esperando ver a Roman por primera vez.
Lo percibo antes de verlo. Quizá la noticia de su llegada se haya transmitido a través de la multitud —al fin y al cabo, es el director general de la organización anfitriona de esta noche— o quizá mi cuerpo se haya sintonizado de alguna manera con el suyo.
Sea como sea, cuando miro por encima del hombro, sus ojos gris lobo están clavados en mí.
Incluso desde el otro extremo de la sala, la intensidad de su mirada me atrapa, como si, por un breve instante, las personas que nos rodean dejaran de existir.
Entonces se le unen sus hermanos y los invitados se acercan, con las manos extendidas para estrechar las de ellos. Cuando se rompe nuestra conexión, me doy la vuelta, esperando que nadie me haya pillado mirando a mi jefe como una adolescente enamorada.
No tengo tanta suerte. Sophie me da un codazo y me guiña un ojo.
—Se te van a caer las bragas —dice tan bajo que es como si solo articulara las palabras.
Se me escapa una risa sin poder evitarlo.
Es cierto: la imagen de Roman con esmoquin se me ha grabado a fuego en el cerebro.
La chaqueta negra se estira sobre sus anchos hombros, haciéndolo parecer aún más alto y corpulento de lo habitual.
La camisa blanca impecable se amolda a su pecho cincelado.
La pajarita negra queda perfectamente ajustada alrededor de la base de su cuello.
Cuesta casi creer que esta noche me vaya a ir a casa con él. Hasta entonces, tengo que concentrarme en no quedarme mirándolo boquiabierta, pero es más difícil de lo que debería.
Los dos pasamos los cuarenta y cinco minutos siguientes dando vueltas el uno alrededor del otro. Cada poco, nuestras miradas se cruzan. Da igual con quién estemos hablando, nuestras miradas se atraen como imanes.
Cada vez que ocurre, tenemos que apartar la vista como si no hubiera nada entre nosotros y eso me molesta más de lo que esperaba.
—¿Chloe?
Dejo de contemplar la exposición de arte digital y me encuentro a la prometida de Tate, Violet, cerca de mí, junto a una hermosa mujer de cabello oscuro a la que no conozco.
—¡Ah, hola! —la saludo—. Me alegro mucho de volver a verte.
—Lo mismo digo. —Esboza una cálida sonrisa y pasa el brazo por el de la otra mujer—. Esta es Delilah. Es una arquitecta que ha hecho un trabajo increíble para el King Group. Ah, y también es la esposa de Cole.
Lo dice como si la relación de Delilah con el director de operaciones del King Group fuera algo secundario.
Delilah se ríe con buen humor en respuesta, como si no fuera la primera vez que Violet la presenta así.
De pronto, me siento más tranquila: puede que estas mujeres sean las parejas de dos de los hombres más poderosos de la ciudad, pero son tan sencillas que enseguida me siento a gusto.
—Enhorabuena por tu bebé. Es adorable.
Sus labios se curvan hacia arriba y sus ojos verdes brillan.
—Gracias. Es un encanto, pero le gusta dejar claras sus opiniones, incluso a su corta edad.
—Parece un rasgo que le vendrá muy bien cuando sea mayor.
Asiente.
—Por supuesto. Solo desearía que sus opiniones actuales no incluyeran que cambiarle los pañales requiere retorcerse y gritar al máximo, o que las siestas son opcionales.
Sophie se levanta de un salto en ese momento para llegar junto a nosotras. Me pasa otra copa de champán y luego abraza a Violet y a Delilah.
—Las dos estáis guapísimas. Aunque no esperaba menos.
—¿Estás pasando una buena noche? —me pregunta Delilah. Quizá sea mi imaginación, pero me da la sensación de que me está observando con demasiada intensidad.
—Hasta ahora ha sido maravilloso. Estoy deseando ver qué más sorpresas nos depara la velada.
—Tu vestido es precioso —comenta.
—Gracias. —Me paso las manos por la falda con timidez, como si ella pudiera adivinar con solo mirarla que me la compró su cuñado.
En ese momento, un escalofrío me recorre la espalda y me hace inspirar bruscamente.
Roman.