El rey distante (Empty Kingdom 3) 42
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R oman

Me muevo en la silla, inquieto. El cielo es azul, el sol brilla y las abejas zumban de flor en flor en el borde del jardín sur.

Los jardines de nuestra finca familiar en Westchester están impecables gracias a un equipo de jardineros.

Nuestras comidas familiares mensuales, esas que tanto temíamos pero que manteníamos por guardar las apariencias, son mucho más agradables desde que mi padre ya no forma parte de ellas y Delilah y Violet están aquí en su lugar.

La comida sin duda estará deliciosa y el vino de nuestras copas va a ser seco y refrescante, pero se me ocurren varias cosas que preferiría estar haciendo antes que almorzar con mi familia, y todas ellas tienen que ver con Chloe.

Lottie, después de haber dado la vuelta a la mesa y haber recibido todo el amor y la atención del mundo, ahora está acurrucada en brazos de Cole, profundamente dormida, mientras él charla con Delilah y con Tate.

Mi madre está conversando con Violet sobre sus planes para expandir True Brew y parece genuinamente interesada en las ideas de su futura nuera.

Mi mente evoca la imagen de Chloe aquí, sentada a mi lado, hablando con Delilah y Violet, riéndose de los chistes de Tate, sosteniendo a Lottie.

Imaginar a Chloe con un bebé en brazos me provoca una extraña sensación en lo más profundo de mi ser, porque no pienso en cualquier bebé, sino en mi bebé.

Nunca había considerado la idea, al menos en serio. Tenía veintiséis años cuando me casé con Katherine. Y aunque tal vez hubiera una intención teórica de tener hijos en algún momento, para perpetuar el apellido, nunca me imaginé ni una sola vez a ella embarazada o acunando a nuestro bebé.

La idea nunca me provocó un dolor ardiente y posesivo en el pecho.

Tras mi divorcio, no pensé en tener hijos.

Tenía cosas más importantes en la cabeza, y no dudaba de que Cole y Tate cumplirían con su deber…

tarde o temprano, pero eso tal vez ha cambiado ahora y, como tantas otras cosas relacionadas con Chloe, la idea es espinosa.

Ella me hace desear cosas sin las que creía poder vivir.

Pero desear esas cosas, conseguirlas, es complicado.

Quizá debería decírselo a mi familia ya. Anunciar de pasada que mi asistente y yo estamos juntos.

No. En el momento en que se me ocurre la idea, me imagino a todas las personas de esta mesa volviéndose hacia mí, con expresiones suspicaces, como si se preguntaran, aunque solo sea por un instante, si soy como él.

Si Chloe es como las mujeres con las que mi padre se acostó porque podía.

Porque eran accesibles y le resultaba fácil.

No quiero que la miren así. No quiero que nadie la mire así.

Esto entre Chloe y yo es demasiado nuevo.

Todavía estamos encontrando nuestro camino.

No quiero sumarle esa enorme presión. Quizá una vez que se haya cerrado la adquisición de EcoTech pueda contárselo a mi familia.

Mientras tanto, tengo que averiguar cuál es la mejor manera de hacerlo en mis propios términos.

—Roman, tienes que dejarle las cosas claras a Cole —la voz de Tate interrumpe mis pensamientos—. No se cree que mis visitas de realidad virtual a Genesis-1 sean la razón por la que el lugar se ha vendido por completo antes de la inauguración.

—Fueron un buen gancho —dice Cole—. Pero yo diría que tiene más que ver con la tecnología de vanguardia, el lujo sin igual y la huella de carbono neutra. —Enarca las cejas, con una sonrisa burlona curvándole los labios.

Le doy un sorbo lento y deliberado al vino, fijándome en las sonrisas de mis hermanos mientras me tomo un momento para volver a centrarme en la conversación.

—Obviamente, Cole se equivoca. Y no te pongas tan presumido, Tate, porque tú también te equivocas.

—Debería haber sabido que dirías algo así —gruñe Tate.

Reprimo una sonrisa.

—La razón por la que Genesis-1 está completamente vendido es porque Violet va a abrir una cafetería True Brew en el vestíbulo.

La risa de Violet es suave.

—Gracias, Roman. Pensaba que mi prometido sería el único que reconocería el verdadero poder de una buena taza de café.

Tate le rodea el cuello con la mano y la besa.

—No hay nadie que valore más que yo el poder de una buena taza de café. Si no fuera por tu dedicación a True Brew, nunca habrías aceptado salir conmigo. ¿Y dónde habría quedado yo?

Ella pone los ojos en blanco.

—Serías un soltero multimillonario triste y solitario, acosado constantemente por las mujeres más bellas del mundo.

La sonrisa que le dedica es endiabladamente encantadora.

—Exacto, sería un desastre.

Incluso mi madre esboza una leve sonrisa mientras saborea su vino y contempla a su hijo menor y a su prometida.

Por desgracia, entonces se vuelve hacia mí.

—Supongo que no habrás cambiado de opinión sobre lo de llevar a alguien a la gala del King Group a finales de mes, ¿verdad?

Enarco una ceja. ¿De dónde ha salido eso? Nunca se había interesado demasiado por nuestras vidas amorosas. Su recién adquirida preocupación maternal es… agradable, supongo. Solo espero que no signifique que se va a convertir en mi casamentera.

—Iré solo, como de costumbre.

—No solo —dice Delilah, acariciando la espalda de Lottie, con un brillo en sus cálidos ojos verdes—. Iras con tu familia.

Se me alivia la presión en el pecho al recordarlo. Al pensar en que, a pesar de toda la mierda por la que nos hizo pasar mi padre, todavía tengo a mis hermanos. Tengo a Delilah y a Violet, y sí, al parecer, incluso tengo a mi madre, por extraño que pueda parecer.

Le dedico una sonrisa, aceptando su corrección. Pero mi mente vuelve a Chloe. Hace un par de semanas le pregunté si pensaba asistir. Me dijo que iba a ir con Sophie.

La verdad es que no me apetece mucho; ya es bastante malo no poder tocarla en el trabajo.

En un salón de baile lleno de hombres que probablemente la mirarán una vez e intentarán ligar con ella va a ser una auténtica tortura.

Al menos regresará conmigo a mi apartamento después, así que tendré eso para mantener la cordura.

Como si Chloe supiera que estoy pensando en ella, suena mi teléfono y su nombre aparece en la pantalla.

Mi cuerpo se calienta de una forma que se está volviendo demasiado familiar cuando se trata de ella.

Me disculpo, aparto la silla y me alejo unos metros de la mesa antes de contestar.

—No esperaba saber de ti, pero me alegro de que hayas llamado, cariño.

—Me gusta cuando me llamas así —dice, y puedo oír la sonrisa en su voz.

Río entre dientes y miro por encima del hombro para asegurarme de que nadie me está prestando atención. Y no parece que lo estén haciendo, gracias a Dios. De lo contrario, podrían preguntarse a qué se debe la expresión de mi rostro.

—Todavía estoy almorzando —le digo.

—Lo sé. Solo te llamo porque he revisado tu correo del trabajo para adelantarme un poco a la semana.

Forbes se ha puesto en contacto para preguntarte si estarías dispuesto a concederles una entrevista sobre cómo está cambiando la dirección estratégica de King Group bajo tu liderazgo. Saldrías en portada.

Me invade una gran satisfacción. Ya me han entrevistado antes para Forbes, pero nunca para hablar de cómo han cambiado las cosas desde que asumí el cargo de director ejecutivo.

—¿Puedes responderles y decirles que lo haré?

—Por supuesto, les responderé y concertaré una fecha.

—Gracias. Y Chloe. —Suavizo la voz—. Es fin de semana. Deberías estar descansando en lugar de revisar mis correos del trabajo.

—Es que no quería perderme nada importante. Solo era un vistazo rápido. De hecho, me he pasado la mañana con mi padre en la biblioteca.

—Me alegro de que salga más de casa.

—Lo difícil es asegurarnos de que no se exceda demasiado pronto. Te lo juro, cree que dentro de unas semanas va a estar dando vueltas en bicicleta por Central Park. —Se ríe, y ese sonido ligero libera algo en mi propio pecho.

Bajo la voz.

—¿Sigues en pie lo de esta noche?

—Sí. Carol va a venir a cenar y luego se quedará a ver una película con mi padre.

El sonido de la puerta del patio al abrirse y cerrarse me distrae. Me giro y veo a Peters, el mayordomo de la finca, acompañando a un hombre al que no reconozco a través del césped.

—Phillip te recogerá —le digo a Chloe, con la vista clavada en el hombre que ahora está junto a mi madre.

—Dile que nos vemos en el sitio de siempre.

—Lo haré. Nos vemos pronto.

Me guardo el móvil en el bolsillo y regreso a la mesa a zancadas.

—Roman, nunca adivinarás quién es este —dice Cole, con sus ojos azules, normalmente penetrantes, brillando de diversión.

El hombre de cabello oscuro parece tener unos cincuenta y tantos años y lleva en las manos un ramo de flores silvestres.

Antes de que pueda empezar a entender la escena, sonríe y me tiende la mano para que se la estreche.

—Roman, Beverly me ha hablado mucho de ti. Me alegro de conocerte por fin. Soy Miles. Miles Hanson.

—Miles es el nuevo amigo de mamá —dice Cole, haciendo mucho hincapié en la palabra «amigo»—. Se va a quedar a comer con nosotros.

Dirijo mi atención hacia ella, que tiene las mejillas sonrojadas.

—Menuda sorpresa.

—No te lo había dicho porque no estaba segura de que Miles pudiera venir hoy.

—Soy cirujano pediátrico —interviene él—. Estoy de guardia, pero de momento todo va bien.

Mi madre lo mira con una expresión de alegría que solo le he visto una vez antes. Entonces caigo en la cuenta. Miles es el hombre con el que ella estaba hablando en la gala hace unas semanas.

Él le tiende las flores y ella se sonroja aún más al cogerlas.

Luego se acomoda en una silla junto a ella, y mis hermanos y yo pasamos la siguiente hora conociéndolo.

Resulta que mi madre y él se conocieron hace un par de meses en una gala benéfica para recaudar fondos para la unidad de Pediatría de su hospital.

Se vieron unas cuantas veces más después de eso en diversas galas benéficas y entablaron amistad.

O al menos mi madre lo llama así…

Miles es un cómico nato y nos narra un montón de historias sobre algunas de las travesuras entre bastidores del hospital. Es increíble lo a menudo que hace reír a mi madre; escucharlo ahora solo pone de relieve lo poco que lo hacía cuando éramos pequeños.

Dudo que tuviera mucho de qué reírse cuando estaba casada con mi padre.

Para cuando terminamos de comer, estoy relajado e incluso he empezado a disfrutar. Lo único que empaña el momento es la ausencia de Chloe. Y se nota aún más porque el nuevo amigo de mi madre está aquí.

Incluso cuando estaba con Katherine, nunca disfrutaba de estas reuniones.

La charla trivial era forzada y, en las raras ocasiones en que mi padre se molestaba en aparecer, se pasaba el rato criticándonos.

Y por aquel entonces, mis hermanos y yo apenas nos tomábamos el tiempo de compartir lo que estaba pasando en nuestras vidas.

Todos solo queríamos acabar de una vez y seguir cada uno por su lado.

La presencia de Katherine debería haber hecho las cosas más llevaderas.

Debería haberla sentido como una aliada.

Pero no fue así.

La retrospectiva es cruel. Si hubiera visto cómo interactúan Cole, Delilah, Tate y Violet, nunca habría creído que lo que sentía por Katherine fuera real. Me gustaría pensar que también habría reconocido la verdad que se escondía tras sus sentimientos.

Nunca habría dejado que mi deseo de demostrar que mi padre se equivocaba me dejara ciego ante sus engaños.

Cuando la vi tal y como era en realidad, fue suficiente para que dejara de creer en las relaciones durante años.

Hasta ahora. Hasta Chloe.

Con nuestra oferta para adquirir EcoTech pintando bien y una entrevista en Forbes en marcha, voy por buen camino para conseguir por fin lo que quiero. Aunque nunca soñé con llevarme a la chica, ahora me pregunto si quizá también sea posible.