El rey distante (Empty Kingdom 3) 40
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—El equipo jurídico redactará la oferta formal para EcoTech esta semana —dice Cole.

—Bien. —Echo un vistazo a los hombres y mujeres sentados a la mesa—. ¿Algún otro tema que debamos tratar?

Se oye un murmullo y se ven cabezas negando, pero lo único en lo que puedo concentrarme es en cómo David se echa hacia Chloe y le susurra al oído.

Tenso la mandíbula, y solo me relajo cuando ella asiente y luego se mueve para poner distancia entre ellos y se vuelve para hablar con Sophie, que está sentada a su otro lado.

—Parece que todo el mundo está contento. —Tate interviene con naturalidad en mi lugar cuando no continúo—. El departamento de Marketing está trabajando en la redacción de los comunicados para cuando se acepte la oferta.

«Comunicados». «Acepte» . Esas palabras me devuelven al tema.

—Excelente. Eso es todo por ahora. Nos volveremos a reunir dentro de una semana.

Alrededor de la mesa, nuestros empleados recogen sus cosas y se levantan. Mientras salen de la sala, Cole, Tate y yo cerramos la marcha. No puedo evitar seguir con la mirada a Chloe, que va con Sophie y, para mi disgusto, con David.

—¿Qué demonios te pasa? —pregunta Cole.

Me vuelvo hacia él con el ceño fruncido.

—¿Qué?

—Has estado más distraído que nunca desde que llegaste de Francia.

—Y te quedaste una noche más —apunta Tate—. ¿Hay algo que quieras contarnos?

—No hay nada que contar. —Clavo la vista al frente para evitar sus miradas escrutadoras—. Prolongué mi estancia para poder reunirme con Jameson en París. Lo único que me preocupa ahora mismo es esta adquisición. Sabéis lo importante que es.

—Lo sabemos —dice Cole—. Pero no lo es todo.

Sé que quieres demostrar algo sobre el cambio del King Group bajo tu liderazgo.

Pero no hay nada en concreto que vaya a lograr eso por sí solo.

Todo el trabajo que hemos hecho en los últimos años es lo que le mostrará al mundo que estamos haciendo las cosas de manera diferente.

Gruño. Pensamientos como ese son los que suelen ocupar mi mente, pero hoy estoy distraído por una razón muy distinta.

Y esa razón va delante de nosotros, contoneando las caderas y con una falda ceñida que acentúa un trasero que estoy deseando volver a tocar.

Han pasado dos días desde que follamos en mi despacho, y desde entonces no hemos tenido ningún momento a solas.

Durante el día, el riesgo de que nos interrumpan es demasiado grande.

Y cerrar la puerta con llave despertaría sospechas.

Chloe se pasa las tardes con su padre, así que me resisto a pedirle que trabaje hasta tarde para poder verla.

Me reservaré esa petición para cuando de verdad necesitemos trabajar hasta tarde.

Pero, joder, qué difícil fue no tocarla ayer. Tengo que encontrar una solución antes de que mi distracción acabe costándonos un acuerdo.

—Sí, la adquisición es solo una parte del plan —digo—. Pero nos adelantará años a nuestra competencia más cercana. Y no quiero que Haverscombe lo estropee todo en el último momento.

—Dudo que Haverscombe sea la clase de hombre con el que Ellis quiera hacer negocios —dice Tate—. Al menos, si de verdad le importa la integridad.

La idea me tensa la espalda y el cuello. Si supiera la verdad sobre Chloe, tampoco querría trabajar conmigo. Independientemente de si lo que estoy haciendo con Chloe se parece en algo a la mierda que montó mi padre, no estoy seguro de que Ellis, o cualquier otra persona, vea la diferencia.

—¿La razón por la que te cae tan mal Roger es porque sale con Katherine? —pregunta Tate. ¿De dónde demonios ha salido eso? Lo miro con los ojos entrecerrados y él levanta las manos y se ríe— . Lo siento, tenía que preguntarlo.

La irritación me invade por dentro.

—¿De verdad?

—Sí. Nunca has hablado abiertamente de por qué os divorciasteis. Solo me preguntaba si aún queda algo de rencor ahí y si es eso lo que te tiene tan alterado.

Si antes estaba tenso, ahora mis músculos parecen a punto de romperse.

—Te puedo garantizar que no hay brasas donde hubo fuego ni nada por el estilo.

Cuando nos detenemos frente a la puerta de mi despacho, Sophie saluda a Chloe con la mano y sigue hacia la oficina de Tate, mientras que David se queda rezagado junto a su escritorio.

Aparto la vista a la fuerza antes de hacer alguna tontería como agarrarlo por el cuello y decirle que se largue de una vez.

—Vale, vale. —Tate cruza la mirada con Cole y yo me vuelvo hacia ellos, rabioso.

—Si tienes algo que decirme, suéltalo ya.

El suave sonido de la risa de Chloe, a unos metros de distancia, me distrae. David está apoyado en la esquina de su escritorio, sonriendo ante el comentario sin duda sarcástico que la ha hecho reír.

—David —le espeto—. ¿Hay alguna razón por la que estés distrayendo a mi asistente de su trabajo?

Todas las miradas se dirigen hacia mí, incluida la de Chloe, que tiene los ojos muy abiertos.

David se endereza de golpe.

—Lo siento, Roman. Quería concertar una cita contigo para que pudiéramos repasar nuestros planes revisados.

Cole y Tate muestran expresiones especulativas similares mientras nos estudian a Chloe y a mí.

Maldita sea. Tengo que controlar mejor estos sentimientos desconocidos que se están apoderando de mí.

Nunca había experimentado nada parecido.

Ni siquiera con Katherine. No me molestaba que otros hombres coquetearan con ella.

Era una mujer hermosa, ¿por qué no iban a hacerlo?

Pero el agudo latigazo de posesividad que siento con Chloe es tan potente como inesperado.

Quizá sea porque, para todos los demás, ella parece estar disponible.

Quizá ese instinto se desvanecería si el mundo supiera que es mía.

O quizá no. Quizá esto es lo que se siente al aferrarse a algo valioso y frágil. Algo que podría desaparecer con un solo paso en falso.

—De acuerdo. —Asiento y reprimo mi irritación. Luego me dirijo a mis hermanos—. ¿Vosotros queréis algo más?

—No —dice Tate.

Cole responde al mismo tiempo.

—Nada.

—Bien. Nos vemos en la reunión con el equipo legal. —Entro en mi despacho y cierro la puerta tras de mí para evitar que me acribillen con preguntas de última hora.

Muevo el cuello en círculos, intentando relajar la tensión que se ha acumulado en la base, y me dejo caer en la silla. Al instante, mi atención se centra en los arañazos del borde del escritorio. Sonrío al recordarlo y, por fin, la tensión de mis músculos se disipa.

El departamento de Mantenimiento se puso en contacto conmigo a primera hora de ayer por la mañana. Al parecer, uno de nuestros limpiadores les había informado de los daños en mi escritorio y querían saber si quería que lo sustituyeran.

Les dije que no me interesaba.

Maldita sea. Ya me he distraído otra vez. Con un largo suspiro, me enderezo y vuelvo al trabajo.

Diez minutos más tarde, me interrumpe un golpecito en la puerta.

—Soy yo —dice Chloe desde fuera.

—Pasa. —Entra en silencio y cierra la puerta. Quizá sea por su interacción con David, o quizá porque he perdido el control, pero me levanto y doy un paso para alejarme de mi escritorio—. Cierra con llave.

Sus labios se entreabren, pero obedece sin protestar. En cuanto suena el clic de la cerradura, atravieso la oficina a zancadas y la empujo contra la puerta.

—¿No querías mantener una relación profesional en el trabajo? —dice, con los ojos muy abiertos.

Apoyo mi frente contra la suya.

—Ya he roto muchas reglas en lo que a ti se refiere. —Suspira y me pasa los dedos por el pelo—. No me gusta que David coquetee contigo.

Hace una pausa de un segundo, pero luego sus dedos continúan acariciándome.

—Yo no estaba correspondiéndole.

—Lo sé. Aun así, no me gusta —admito a regañadientes. Ella se ríe suavemente, y ese sonido afloja el nudo desconocido de posesividad que tengo en el pecho. Por un momento, me permito disfrutar de la suavidad de su tacto, pero al final, doy un paso atrás—. Necesito verte fuera del trabajo.

Aún pegada a la puerta, baja las manos a los costados.

—¿Cómo? ¿Dónde?

—En mi piso. —Echo la cabeza hacia atrás y miro al techo, buscando la manera de organizarlo—. ¿Carol puede quedarse con tu padre esta noche?

Se muerde el labio, lo que atrae mi atención sobre su carnosa boca.

—Se ofreció a quedarse si lo necesitaba, pero probablemente sea demasiado tarde para organizarlo para esta noche, sobre todo porque se quedó hasta la noche del miércoles.

—La amargura me sube por la garganta y me inunda la boca.

Joder, no quiero pensar en su cita con Ethan.

Según Chloe, él la llamó a la mañana siguiente para disculparse por el final abrupto de su cita, aunque no fue él quien lo provocó.

Supongo que eso es lo que hacen los chicos buenos como él.

Y, sin embargo, no soy capaz de arrepentirme de haberla sacado de ahí.

Lo volvería a hacer sin pensarlo dos veces.

La traería de vuelta aquí otra vez para follar con ella si tuviera que hacerlo—.

Siento complicar las cosas —dice, mirándome a los ojos.

La incertidumbre que hay en su expresión hace que se me revuelva el estómago. Doy varios pasos atrás, y solo me detengo cuando me apoyo contra mi escritorio.

—Ven aquí. —Ella obedece y se acerca lentamente, casi con recelo.

Ojalá supiera qué le pasa por la cabeza.

Ojalá supiera cómo tranquilizarla. Cuando está cerca, le rodeo la cintura con el brazo y la pego a mi cuerpo—.

No me pidas perdón nunca por cuidar de tu padre.

Te dije que haríamos que esto funcionara, y lo haremos.

—Recorro con el dedo el contorno de su mejilla, luego le sujeto la barbilla entre el pulgar y el índice y hago que levante la cara—.

No te traje aquí la otra noche porque quisiera un rollo fácil —le digo— .

Nada de lo que hacemos juntos es fácil. Pero lo quiero de todos modos. Te quiero a ti.