El rey distante (Empty Kingdom 3) 39
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C hloe

—¿Cómo te encuentras?

Mi padre parece más animado esta mañana de lo que ha estado en mucho tiempo.

—Me siento bien —dice mientras coge su tostada—. Creo que las infusiones están surtiendo efecto.

La felicidad me recorre las entrañas. Después de lo que pasó con Roman el miércoles por la noche, esa noticia es como la guinda del pastel.

La puerta principal se abre y se cierra, y aparece Carol.

—¡Buenos días!

Mi padre carraspea.

—Buenos días, Carol.

Al percibir un atisbo de timidez en su tono, me vuelvo hacia él y lo encuentro aparentemente muy interesado en el contenido de su plato.

Carol no parece darse cuenta de su incomodidad cuando se acerca apresuradamente y deja un par de bolsas de la compra sobre la encimera de la cocina.

—He pensado que hoy podríamos preparar algo de comer.

Tengo ingredientes para hacer pudines de chía con bayas para el desayuno y cuencos de cereales con verduras picadas y aderezo de cúrcuma para el almuerzo.

—Saca una caja de plástico con bayas y se gira hacia la nevera—.

Y creo que también podríamos hacer batidos de fresa, mango y plátano.

—Suena genial —masculla mi padre.

Carol se limita a sonreír, imperturbable ante su tono poco entusiasta.

Yo reprimo mi propia sonrisa. Carol ha estado increíble.

He hecho todo lo posible por cocinar sano, pero es fácil caer en la rutina de preparar las mismas comidas una y otra vez.

Aunque mi padre necesite tiempo para acostumbrarse a todos los nuevos alimentos antiinflamatorios que ella le está mostrando, al menos los está comiendo.

Él se esfuerza por levantarse. Sus movimientos siguen siendo lentos y mesurados, pero parece hacerlo con menos rigidez que antes. No quiero hacerme demasiadas ilusiones, pero es difícil no buscar mejoras cada día.

Coge su plato y se dirige hacia la cocina.

Carol sale a su encuentro y se lo quita de las manos.

—¿Por qué no te sientas a leer un rato? Iré a buscarte en cuanto tenga todo listo.

Con un ligero asentimiento, se dirige al sofá. Espero que me pida ayuda. En cambio, se sienta por sí mismo con tan solo un poco de dificultad. Carol me mira a los ojos y me dedica una sonrisa tranquilizadora.

Una vez que termino mi café, me uno a ella en la cocina y lavo la taza para que ella no tenga que hacerlo.

Carol saca varios artículos más de una bolsa de la compra y luego va a la nevera.

—Bueno, ¿cuándo piensas volver a verlo?

Parpadeo.

—¿A quién?

—A tu cita del miércoles por la noche. Por ese brillo en tus ojos, supongo que fue bien.

Se me suben los colores a las mejillas. No puedo confesarle que el hombre que hace brillar mis ojos no es el hombre con el que tuve la cita. Ni que ya lo he vuelto a ver.

El trabajo de ayer fue interesante, por decirlo suavemente.

Me sorprende que todo el edificio no pudiera sentir la tensión latente cada vez que estábamos en la misma sala.

Mi mente está muy de acuerdo con todo eso de mantener la profesionalidad en la oficina, sea lo que sea esto, pero mi cuerpo no acaba de seguirle el juego.

Y si la forma en que Roman me miró ayer es indicativa de algo, él está luchando contra el mismo problema.

—La cita no salió tal como esperaba, pero la noche terminó bien. Solo tenemos que coordinar nuestros horarios para ver cuándo podemos volver a pasar tiempo juntos. —Me siento mal por tergiversar la verdad, pero por ahora es mi mejor opción.

Carol cierra la puerta de la nevera.

—Si quieres salir otra vez, estaré encantada de quedarme con tu padre. Incluso puedo pasar la noche aquí. Dijiste que el sofá se convierte en cama, ¿no?

Sí, se lo dije. Compré el sofá cama para mi padre. En ocasiones, el dolor era tan intenso que le resultaba demasiado difícil llegar a su dormitorio.

La culpa me invade.

—No puedo pedirte que hagas eso.

Ella hace un gesto con la mano como para restarle importancia.

—Claro que puedes. Yo también fui joven y recuerdo lo emocionante que es el comienzo de una nueva relación.

Ahora que mis hijas están en la universidad, no tengo a nadie esperándome en casa.

Eres joven y guapa. Deberías salir a divertirte y a disfrutar de la vida.

—Me muerdo el labio inferior. Es cierto que a Roman y a mí nos resultará difícil vernos si mantenemos esto en secreto por ahora.

Y Carol parece disfrutar de verdad pasando tiempo con mi padre…

Se acerca y baja la voz—. Lo eres todo para tu padre.

Él quiere que salgas y te diviertas. Y a mí también me gustaría eso para ti.

Me recuerdas un poco a mis hijas, y como tu madre no está, quizá mientras yo esté aquí pueda ayudarte con algunas de las cosas que ella habría hecho.

—Unas lágrimas inesperadas me pican en los ojos.

Me esfuerzo mucho por no imaginarme cómo sería la vida si ella no nos hubiera dejado.

Si se hubiera quedado en lugar de abandonarnos cuando tener una familia se volvió demasiado difícil.

Y ahora, aquí está Carol, ofreciéndome su tiempo y su cariño cuando no tiene por qué hacerlo—.

Ay, cariño. —Me rodea con sus brazos y me estrecha contra ella.

Instintivamente, correspondo al abrazo e inhalo su suave perfume floral.

Esboza una suave sonrisa, se aparta y me agarra por los hombros—.

Deja que otra persona te cuide un rato. Hará feliz a tu padre, y a mí también. ¿De acuerdo?

Trago saliva.

—Vale —susurro.

Ella asiente y me acaricia los brazos.

—Excelente. Así que haz tus planes y avísame. —Con un gesto de satisfacción, se vuelve hacia los alimentos que hay sobre la encimera—. Deja que ese hombre tuyo te enamore.

Se me escapa una risa temblorosa.

—Lo haré. —Ya lo ha hecho.

Una vez en mi dormitorio, me recojo el pelo en un moño, con algunos mechones alrededor de mi cara, y estudio mi reflejo un poco más. Tras un momento, sacudo la cabeza. Roman, obviamente, me encuentra lo bastante atractiva. No necesito dedicar más tiempo a arreglarme ahora solo porque estamos…

¿Qué somos? ¿Salimos juntos? ¿Tenemos una relación? Dijo que haríamos que esto funcionara, pero no definió qué era esto en realidad. Y yo no pregunté.

Debería averiguarlo. Los dos estamos corriendo un riesgo, aunque no puedo evitar pensar que yo me juego más.

Al fin y al cabo, pase lo que pase, Roman seguirá siendo multimillonario.

¿Y yo? Podría quedarme sin trabajo y no poder permitirme los medicamentos que por fin parecen estar funcionando.

Y, desde luego, no podría permitirme una cuidadora como Carol.

Y por muy comprometido que parezca Roman ahora mismo, eso podría cambiar en cualquier momento. Es imposible predecir lo que sucederá entre dos personas que se sienten atraídas la una por la otra, y más al principio de una relación.

Y él se divorció de su mujer al cabo de seis meses.

Inspiro hondo y espiro lentamente. Estoy segura de que tenía una buena razón. Al fin y al cabo, ella no parecía ser la persona más cálida del mundo.

Entonces, ¿por qué se casó con ella en primer lugar?

Niego con la cabeza, sacudiéndome las inseguridades que se me están colando en la mente.

Roman me dijo que estaría a salvo con él.

Me dijo que mi trabajo estaría a salvo pasara lo que pasara.

Y confío en él. Tiene demasiadas cosas entre manos en este momento y acosarlo con la pregunta «¿hacia dónde va esto? » sería patético y molesto.

Así que voy a darle un poco de tiempo, a ver cómo se desarrollan las cosas y luego a preguntarle.

Asiento a la mujer del espejo y me doy la vuelta. Por ahora no puedo hacer nada más que ver adónde me lleva este camino, aunque exista la posibilidad de que me esté preparando para un desengaño.

Roman me dijo que está obsesionado conmigo, pero la obsesión es diferente del amor.

Y no puedo evitar preguntarme si un hombre que creció como él lo hizo sabe siquiera lo que se siente al amar o ser amado.