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R oman
El tintineo de las copas y las risas demasiado estridentes me sacan de quicio.
No tengo el temperamento para las sutilezas sociales, así que nunca me ha gustado asistir a galas.
Hace unos años, habría hecho que Cole fuera en mi lugar.
Habría sido más seguro confiar en él para representar al King Group que en Tate, que probablemente se habría acostado con alguna mujer al azar en un rincón oscuro antes de marcharse.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Ahora mi hermano menor está sentado al otro lado de la mesa, susurrándole al oído a Violet.
No puedo darle todo el mérito a ella, ya que él inició ese cambio antes de que se juntaran, pero ella lo ha estabilizado.
Le ha dado el amor inquebrantable que se merece, y ella es el centro de su mundo.
Últimamente creo que asiste a eventos como este porque le gusta lucirse ante ella.
Cole y Delilah también están aquí, y no ha sido porque le dijera a Cole que tenía que estar, como quizá habría hecho en el pasado, sino porque él y Delilah han pensado que sería una buena oportunidad para tomarse un breve descanso del cuidado de la bebé y han dejado a Lottie en manos de una niñera muy bien recomendada.
Los dos están disfrutando de una buena comida y un buen vino mientras charlan con Tate y Violet; la conversación entre los cuatro fluye con naturalidad.
Yo estoy aquí porque soy el director general y, en estos momentos, estoy impulsando con ganas nuestra agenda. Así que aquí estoy, con mi traje hecho a medida y la corbata negra perfectamente anudada, bebiendo whisky y contando los minutos que faltan para poder marcharme.
—Esta noche estás aún menos animado de lo habitual — interrumpe Tate mi introspección desde el otro lado de la mesa. Tiene el brazo apoyado en el respaldo de la silla de Violet y le acaricia distraídamente el hombro desnudo con la punta de los dedos.
Ese simple movimiento despierta un recuerdo de mis propios dedos sobre la piel de Chloe, de la sensación de esa suavidad aterciopelada. Eso, junto con todas las demás imágenes, sonidos y sabores de aquella noche —y del viaje a casa después—, se ha grabado de forma permanente en mi cerebro.
Carraspeo y aparto mi mente de ese recuerdo.
—Ser el alma de la fiesta es tu papel —le digo—. Yo soy el gruñón, ¿recuerdas?
Arquea una ceja.
—¿Y dónde dejas a Cole? —Me encuentro con la mirada divertida de nuestro hermano y sonrío con aire burlón.
—Obviamente —dice antes de que pueda comentar nada—, yo soy el encantador.
Tate echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Estoy seguro de que nadie te describiría así. Delilah, ¿vas a dar tu opinión sobre esto?
La esposa de Cole lo mira, con sus bonitos ojos verdes brillando.
—No creo que pueda dar mi opinión en una compañía tan educada.
Resoplo.
—¿Es así como llamas a la gente sentada en esta mesa?
Ella me dedica una sonrisa sincera.
—Me refería a Violet.
Tate levanta su copa y la señala con ella.
—Si crees que Violet es educada, deberías haber oído lo que me dijo anoche mientras yo estaba…
Su prometida le da un golpe en el pecho con el dorso de la mano.
—No tienen por qué saber eso.
Niego con la cabeza, aunque en el fondo me alegro de verlos a todos tan felices.
Aunque no sea gracias a mí.
Chloe dijo que mi lenguaje del amor son los actos de servicio, pero si eso fuera cierto, habría antepuesto la felicidad de mis hermanos a demostrar que era mejor hombre de negocios que mi padre.
Le doy un sorbo a mi copa y reprimo la necesidad de volver a mirar el reloj.
—¿Esa es Beverly? —dice Delilah. La sorpresa en su voz me hace volverme en mi silla.
Mi madre está junto a la barra, tan elegante como siempre, con un vestido azul hielo que resalta sus ojos y el pelo recogido.
Pero… Parpadeo. Está sonriendo mientras habla con un hombre que nos da la espalda.
Es de la misma estatura que ella con tacones y tiene el pelo oscuro que se le está aclarando ligeramente en la coronilla.
Mientras él habla, mi madre se toca el cuello y se ríe.
Desconcertado por lo que estoy viendo, me vuelvo hacia mis hermanos. Cole tiene las cejas arqueadas, mientras que Tate esboza una sonrisa divertida.
—¿Tu madre está coqueteando? —susurra Violet.
—No sabría decirlo —responde Tate—. Nunca lo había visto antes.
—Me parece genial —dice Delilah, enderezándose y sonriendo de oreja a oreja—. Se merece un nuevo comienzo.
Mientras mi madre habla con el desconocido, una gran cantidad de emociones contradictorias se agitan en mi interior. A pesar del esfuerzo que ha estado haciendo últimamente, es difícil olvidar los años en los que no estuvo ahí para nosotros.
—Cualquiera sería mejor que nuestro padre —murmura Cole.
Gruño. En eso todos estamos de acuerdo.
Cuando la conversación deja de girar en torno a ella, le doy otro sorbo a mi whisky.
El dulce ardor que me recorre la garganta me recuerda al instante cosas con las que no debería obsesionarme.
Después del viaje a Francia, esperaba sentirme revitalizado.
Esperaba trabajar hasta tarde todas las noches para perfeccionar la oferta por EcoTech.
Aunque Ellis parecía optimista sobre la adquisición durante la cena, el asunto está lejos de estar cerrado.
Y más ahora, que Roger está presionando con fuerza para demostrar que Haverscombe Industries es un competidor viable.
Pero he estado distraído, de una forma poco habitual.
En lugar de encontrar alivio a mi obsesión por Chloe, estoy tan enredado en ella como semanas antes.
Quizá incluso más. Porque ahora sé a qué sabe, cómo es tenerla debajo de mí y qué aspecto tiene cuando se corre.
Y en lugar de sacármela de la cabeza y seguir adelante para poder centrarme en lo que tengo que centrarme, lo único en lo que puedo pensar es en volver a experimentar todas esas cosas.
Una y otra vez.
Siempre que entra en mi despacho, me pican los dedos por tocarla.
Cuando se queda de pie cerca de mi escritorio, no puedo dejar de fantasear con echarla sobre él y cogerla del pelo, ver su pintalabios en mi pene o esa expresión de embriaguez de placer en su rostro que sigo recreando cada vez que cierro los ojos.
Pero no voy a hacer nada. He cruzado casi todas las líneas que juré que no iba a traspasar. No puedo cruzar esa última. No vamos a follar en mi despacho. Ni de coña voy a darle falsas esperanzas solo para poder tenerla cuando quiera.
Al menos puedo aferrarme a eso.
—Viene hacia aquí —sisea Tate.
Sorprendido por el veneno en su tono, levanto la vista, con el vaso a medio camino de mi boca. A seis metros de distancia, Katherine se acerca sigilosamente hacia mí con un vestido negro ceñido. Me echo hacia un lado, buscando a Roger detrás de ella, pero no lo veo.
—Roman. —Me lanza la misma sonrisa de cervatilla que solía dedicarme cuando trabajaba para mi padre. Esa que es una mentira descarada.
Me tomo mi tiempo para darle un sorbo a mi copa.
—¿A qué debemos este… placer? —El tono de Tate deja claro que es todo menos eso.
No es habitual que tenga que contener una sonrisa, pero en este momento es todo un reto. Aunque mis hermanos no saben por qué me divorcié de ella, es obvio que me respaldan.
Su apoyo es firme y reconfortante. No me lo merezco, pero lo agradezco de todos modos.
La sonrisa de Katherine se desvanece brevemente, pero cuando vuelve a centrar su atención en mí, se muestra radiante una vez más.
—Esperaba tener la oportunidad de hablar contigo en Niza.
—¿En serio? No te esforzaste mucho. A menos que confundieras a mi asistente conmigo, claro.
Sus hombros se tensan y su expresión se vuelve frágil.
—Ah, sí, tu encantadora asistente. Me recuerda a mí misma a su edad. Tan joven e inocente…
Sus ojos marrones me traspasan, pero no delato nada. Katherine nunca fue inocente, y Chloe no se le parece en nada.
—¿Qué pretendes, Kat? —El viejo apodo se me escapa sin querer. Reprimo una mueca. Es la impaciencia, no el cariño, lo que me ha hecho soltarlo.
Ella sonríe al oírlo, lo que me pone los pelos de punta, y recorre la mesa con la mirada.
—Esperaba que pudiéramos hablar en privado.
—¿Por qué iba a querer hacer tal cosa? —Apenas nos hemos dirigido la palabra en años.
Baja la voz.
—Porque tengo información que podría interesarte.
Muy a mi pesar, eso despierta mi curiosidad.
Su novio actual está interesado en EcoTech, y no me extrañaría que apuñalara por la espalda a Roger si pensara que ella tiene algo que ganar.
Aunque no alcanzo a imaginar qué podría ser.
Y lo último que quiero es estar a solas con mi exmujer.
No haría falta más que eso para avivar rumores que no me interesa que vuelvan.
Como si me leyera el pensamiento, Cole se endereza y se vuelve hacia Tate y hacia mí.
—Quizá deberíamos tomarnos una copa en el bar.
Asiento en señal de agradecimiento cuando mis hermanos y sus mujeres nos dejan solos a los dos.
Katherine se acomoda en la silla vacía a mi lado, de tal modo que su rodilla roza la mía.
Me aparto.
—¿Qué información crees que me puede interesar? —Me quita el vaso de la mano, le da un sorbo y deja una marca de su pintalabios. La tensión me oprime la nuca—. Espero que no me estés haciendo perder el tiempo.
Ella suspira y pone las manos sobre sus piernas cruzadas.
—Pensé que te gustaría saber que Roger planea adelantarse a tu adquisición. Tiene información privilegiada en EcoTech, y cree que, si va a por todas, puede ganarte la mano.
Me enderezo y extiendo una mano sobre la mesa.
—¿Quién es su contacto? —No creo que sea Ellis, pero si un miembro del consejo está manipulando las cosas entre bastidores, me gustaría saberlo.
Se encoge de hombros con indiferencia.