35
C hloe
Llamo a la puerta y, un instante después, se abre de par en par y me envuelve el cálido abrazo de mi mejor amiga.
—¡Me alegro tanto de verte!
Lola me acompaña al salón, donde Christopher está tumbado sobre una alfombra de juegos amarilla con un anillo de dentición con forma de jirafa entre sus manitas regordetas.
—Ha crecido un montón. —Incapaz de resistirme, lo cojo en brazos para darle un abrazo.
Suspirando, Lola se sienta en un sillón.
—Crece como la mala hierba. Y ya ha empezado con la comida sólida, así que su caca es…
—frunce la nariz— apestosa. Me siento en el sofá para hacer saltar al bebé en mis rodillas, riendo—.
Me muero de ganas de que me cuentes todo sobre Francia—.
ero primero, ¿cómo está tu padre? ¿Le está haciendo efecto la nueva medicación?
—Contenta de posponer mi confesión sobre mi noche —¡y mi aventura!
— con Roman, le doy más detalles de los que probablemente esperaba sobre la segunda infusión de mi padre y le cuento mis tímidas esperanzas y que ya estoy viendo pequeños signos de mejora.
Menciono lo útil que ha sido Carol, pero cuando empiezo a hablar de la próxima revisión con el reumatólogo, Lola me interrumpe, claramente ansiosa por pasar a otro tema—.
Me alegro mucho de que las cosas vayan mejorando para tu padre.
Y para ti. Pero ya he sido lo demasiado paciente.
Así que suéltalo. Quiero que me cuentes tu viaje. Sigo teniendo mucha envidia.
Se me hace un nudo en la garganta y me concentro en la sonrisa encantada de Christopher, obligándome a ignorar el picor en los ojos. Me negué a darle los detalles por teléfono, pero ahora que estamos cara a cara, me estoy replanteando esa decisión.
Cuando me dije a mí misma que afrontaría las consecuencias de mi tiempo con Roman, obviamente todavía estaba embriagada por el sexo. Porque aquí estoy, una semana después, y no lo he afrontado. O al menos no lo he hecho demasiado bien.
Fingir que una experiencia sexual tan increíble nunca ocurrió ha sido la peor de las torturas.
Roman, por su parte, no parece tener ningún problema con ello.
En cuanto aterrizó el avión, todo cambió. Toda la pasión, toda la ternura… Lo guardó todo bajo llave como si su control nunca se hubiera puesto a prueba.
Sí, yo accedí a eso, pero resulta que vivirlo es horrible.
Me abrió los ojos a cómo debería ser el sexo. Conociéndolo, sin embargo, probablemente para él no fue nada especial. Solo puedo imaginar que todas sus relaciones sexuales son así de intensas.
Llevo días luchando por asimilar nuestros encuentros, y es probable que él ya los haya archivado en su banco de recuerdos con la etiqueta «fue divertido pero olvidable» y que haya pasado página.
—¿Chloe? —pregunta Lola—. ¿Estás bien?
Trago saliva para deshacer el nudo en la garganta y asiento.
—Las cosas con Roman se han complicado un poco…
—¡Lo sabía! —grita, sobresaltando a Christopher, que enseguida rompe a llorar.
Me pongo de pie y lo levanto en volandas, fingiendo que es un avión, hasta que vuelve a retorcerse y a reírse.
Aunque detesto ver al pequeño triste, agradezco la excusa para retrasar el inevitable comentario de Lola.
Pero cuando me siento y me armo de valor para mirarla, veo que tiene las cejas muy arqueadas—. ¿Y qué pasó? ¿Os pusisteis a ello?
Suelto una risa ahogada.
—¿Ponernos a ello?
—Sí, ya sabes. A bailar el tango horizontal, a hacer la bestia de dos espaldas, a poneros con el delicioso, a darle al tema, a hacer flexiones en la cama…
Levanto una mano.
—Lo siento, ¿qué está pasando ahora mismo?
—Jamie y yo hemos estado intentando decidir cuál va a ser nuestro código para referirnos al sexo una vez que Christopher pueda hablar y entienda de verdad lo que decimos.
—Probablemente podríais decirlo con todas las letras durante los primeros años.
Ella sacude la mano en el aire.
—Volvamos a la pregunta. ¿Tú y tu jefe, que está para comérselo, practicasteis S-E-XO mientras estabais en Francia?
Aprieto los labios y agacho la cabeza.
—Sí. Y también en el avión de regreso a casa.
Se lleva una mano al pecho.
—No me puedo creer que no me lo dijeras en cuanto pasó.
—Tiene que ser un secreto. En realidad no debería contártelo, pero necesito a alguien con quien hablar de ello.
Frunce el ceño.
—¿Lo estás manteniendo en secreto? Eso no suena bien. ¿Significa eso que ahora estáis actuando a escondidas? ¿O fue algo de una sola vez?
Se me encoge el corazón.
—Fue algo puntual.
Entrecierra los ojos y se recuesta en el asiento.
—¿Y tú aceptaste eso?
No puedo evitar soltar un largo suspiro.
—En ese momento me pareció una buena idea. Él tiene buenas razones para no querer que sigamos. Y para mantenerlo en secreto. Es solo que… pensé que me parecería bien. Pero resulta que quizá no sea así.
Su expresión se suaviza con simpatía.
—¿Quieres más?
Me muerdo el labio para que no me tiemble.
—Es una tontería. Acepté . Pero es que no esperaba que mis sentimientos se involucraran tan rápido.
—Ay, Chloe . —Se sienta a mi lado y me envuelve en un abrazo—. Creo que tus sentimientos ya estaban involucrados, si no, no te habrías acostado con él.
Niego con la cabeza, reprimiendo la emoción que sigue pidiendo a gritos ser liberada.
—Solo era un crush …
—Cariño, no te he visto enamorarte de nadie desde que tenías trece años y te gustaba Bobby, de la clase de arte. Siempre has estado muy centrada, y los pocos chicos con los que has salido no eran precisamente del tipo serio. Daba la sensación de que solo seguías la corriente.
—Eso no es cierto. Quiero decir… —Suspiro, mirando los brillantes ojos azules de Christopher—. No lo sé. Quizás sí lo sea. En cualquier caso, ya pasó y volvemos a ser jefe y asistente.
Ella arquea una ceja.
—¿Y qué tal le va con eso?
—No parece que le suponga ningún problema.
Ella suelta una risita poco femenina.
—A los hombres nunca les pasa. Por otra parte, ¿te acuerdas de cuando Jamie y yo rompimos durante unas semanas en nuestro último año de instituto?
Parecía que no le afectaba en absoluto. Pero luego volvimos a estar juntos y me dijo que había estado destrozado por dentro todo ese tiempo, pero no quería que nadie lo supiera.
Se me encoge el corazón.
—¿Estás diciendo que eso es lo que está haciendo Roman?
Ella frunce el ceño y niega con la cabeza.
—No lo conozco, así que no podría decirlo con certeza. Podría tener sus razones, o podría ser un capullo sin más.
—No creo que sea un capullo. Ha hecho muchas cosas increíblemente detallistas por mí.
—Puede que sea atento en un aspecto de su vida, pero eso no significa que no pueda ser un gilipollas enorme e ignorante en otros. —Me agarra la mano—. Lo único que me importa es que tú estés bien . Si te está haciendo daño, entonces me voy a enfadar con él.
Suelto una risa triste, a punto de ponerme a llorar.
—¿Qué haría yo sin ti?
—Nunca lo sabremos, ¿verdad?
Christopher se retuerce y lo dejo en su alfombra de juegos; luego me siento de nuevo junto a Lola.
—¿Qué crees que debería hacer?
—Sigue haciendo tu trabajo. Cuídate a ti misma y a tu salud mental.
Y haz todo lo posible por seguir adelante emocionalmente.
Sean cuales sean sus razones, enredarte en un lío por un hombre que no está loco por ti como te mereces es una pérdida de tiempo.
Y si ese es el caso, te prometo que hay alguien más ahí fuera que es mucho mejor partido.
Asiento, sintiéndome un poco más aliviada.
—Tienes razón.
—Vale. —Su boca esboza una sonrisa pícara—. Ahora cuéntame todos los detalles picantes.
—¿Qué? Acabas de decir que debería olvidarme de él.
—Deberías. Inmediatamente después de contármelo todo.
¿Cómo es ese semental en la cama? Lo pregunto para una amiga.
Que soy yo, por supuesto. —Me guiña un ojo.
No puedo evitar reírme, y el sonido es más ligero de lo que esperaba.
Mi relación profesional con Roman puede estar en un punto extraño, pero siempre puedo contar con Lola para animarme.
Así que le cuento lo de Niza y París. Cuando menciono a Katherine, su expresión se vuelve más seria—. ¿Su exmujer?
—Sí, era impresionante.
—¿Y te advirtió sobre él?
Frunzo el ceño.
—De forma indirecta. Fue raro.
—Vaya. ¿Crees que todavía lo quiere?
Una punzada de celos injustificada me atraviesa las costillas.
—No la culparía si fuera así. Pero está saliendo con otra persona.
—Eso no significa nada —murmura—. O quizá intuye la conexión que hay entre vosotros dos y no le gusta. Hay gente que no puede pasar página, aunque hayan transcurrido años.
—Quizá. —Una semilla de esperanza intenta florecer dentro de mí, pero la aplasto antes de que pueda echar raíces—. Ya basta de mi drama autoimpuesto. Cuéntame cómo te van las cosas.
Una hora más tarde, me dirijo a casa y, esa noche, mientras estoy tumbada en la cama, mirando al techo, le doy vueltas a las palabras de Lola en mi mente. Dios, espero no convertirme nunca en la clase de persona que se aferra tanto a un sueño que pierde de vista la realidad.
Soñar puede ser peligroso. Te hace creer en posibilidades que quizá nunca existan.
Y cuando esos sueños no se hacen realidad, o peor aún, cuando se desmoronan, es mucho más difícil recuperarse.
Si no mantengo los pies firmemente plantados en el mundo real, si dejo que mis sueños me impidan ver lo que es auténtico, hay muchas posibilidades de que me salga el tiro por la culata.