El rey distante (Empty Kingdom 3) 28 #2
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Su sonrisa es como un rayo de sol; su calor me invade y me arde detrás de las costillas. Tengo que apretar los puños con fuerza para evitar tocarla. Para ver hasta dónde y a qué velocidad se extendería ese calor si tuviera su piel satinada bajo mis manos.

—No sabía que querías ser artista —digo para distraerme.

Se vuelve hacia mí, frunciendo el ceño.

—¿Por qué ibas a saberlo?

Tiene razón, soy su jefe, no su amigo. Aun así, me parece mal no haberlo sabido. Quiero saber —necesito saber— más sobre ella.

—¿Qué pasó?

Ladea la cabeza como si mi pregunta fuera extraña.

—La vida pasó.

¿Cuándo renunció a ese sueño? ¿Fue cuando su padre enfermó? ¿O fue antes de eso? Dar rienda suelta a mi curiosidad no ayuda, no cuando cada detalle que descubro solo hace que quiera saber más, pero se está convirtiendo en una obsesión.

Le pongo una mano en la espalda y la aparto del cuadro y para guiarla hacia las otras obras maestras que alberga la enorme sala; nos detenemos frente a ellas para contemplarlas; ella lee las placas y comparte conmigo datos curiosos e interesantes.

Ya conozco muchos de ellos, pero la escucho con atención de todos modos.

Es difícil no hacerlo cuando su entusiasmo es tan contagioso.

A medida que avanzamos por la exposición, intercalo comentarios sobre lo que estamos viendo con preguntas sobre ella.

Descubro que nunca asistió a una escuela de arte ni tomó clases de Arte en la universidad.

Que la mayor parte de lo que sabe sobre la teoría del arte lo aprendió de los libros que leía de niña y de su padre.

La tristeza que ensombrece su expresión cuando habla de él me parte el corazón.

Su voz se mantiene firme mientras cuenta lo duro que le ha resultado ser testigo del avance de la enfermedad de su padre, ver cómo su arte se desvanecía lenta pero inexorablemente; eso era para él casi tan doloroso como la inflamación de sus articulaciones.

Cuando vuelve a mencionar su esperanza de que pronto pinte tan bien como antes, una sonrisa ilumina su rostro.

Y mi corazón también se ilumina, lo cual es un puto problema, porque, aunque me he esforzado mucho por negarlo, lo que siento es más que simple atracción física. Si fuera solo eso, no tendría ningún problema en mantener el control cuando estoy con ella.

Mi atracción es mucho más profunda. ¿Cómo no iba a serlo? Puede que parezca delicada, pero es una de las personas más fuertes que he conocido jamás. Y dedica toda esa fuerza a cuidar de las personas que ama sin dudar ni quejarse.

Saber que es mucho más joven que yo debería marcar la diferencia, debería ser suficiente para mantenerme a raya, pero no lo es; ya no.

Esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad, la calidez, esa clase de madurez que va mucho más allá de su edad…

Es imposible verla como otra cosa que no sea una mujer en todos los sentidos de la palabra.

Y por mucho que luche contra ello, no puedo dejar de desearla.

Pero aun así todavía hay líneas que me niego a cruzar. Porque por mucho que la admire o por mucho que me atraiga, sigue siendo mi hermosa y joven empleada. Y eso significa que está fuera de mi alcance.

Aunque no pueda apartar los ojos de ella mientras la sigo por la sala.

Antes de darme cuenta, estamos frente a la vitrina que alberga la obra de arte más famosa del mundo.

Durante un largo rato, Chloe estudia la Mona Lisa . Al final, niega con la cabeza.

—Es curioso cómo algo tan pequeño puede dejar una huella tan grande en el mundo.

—Los misterios y los «y si…» siempre intrigarán a la gente. Es nuestra curiosidad lo que nos atrapa.

—Todos queremos saber qué hay detrás de su sonrisa.

—Puede que ella quiera saberlo, pero a mí me cuesta mucho más apartar la mirada de la suave y melancólica sonrisa del rostro de Chloe que de la enigmática sonrisa pintada en el cuadro—.

Nunca pensé que iba a verla en persona —murmura—.

Es casi como retroceder en el tiempo y sentir una conexión con alguien que vivió hace siglos. La historia cobra vida.

Parpadea y sus ojos se humedecen con una emoción que me provoca un nudo en la garganta. ¿Cuándo fue la última vez que me conmoví de verdad de esa manera? ¿Cuándo fue la última vez que disfruté de una oportunidad como esta en lugar de descartarla como una mera interrupción de mis objetivos?

Recuerdo la conversación que tuvimos durante su primera semana en King Group, cuando me dijo que ser rico no lo es todo, que no garantiza la felicidad. He oído esas frases tantas veces que me resbalan y no me causan ningún impacto. Normalmente porque se dicen con voces quebradas por la envidia.

Por primera vez, la realidad de esas palabras me golpea con tanta fuerza que me traspasa.

Su felicidad en este momento no tiene nada que ver con el jet privado en el que hemos volado ni con la suite de lujo que estoy pagando. Puede que mi dinero la haya traído hasta aquí, pero es este momento de conexión humana lo que le ha proporcionado verdadera alegría.

Y se refleja en la sonrisa que se dibuja en sus labios.

Siento una punzada detrás de las costillas y una oleada de desorientación que me hace cerrar los ojos con fuerza.