El rey distante (Empty Kingdom 3) 26
43%

26

R oman

Que Chloe viniera a cenar esta noche con nosotros no formaba parte del plan.

No creo que haya llevado nunca a una asistente a una cena de trabajo, pero como ha sido sugerencia de Ellis, he aceptado, aunque, en el mejor de los casos, su presencia me distraiga; y eso que necesito estar concentrado como esta noche.

A las siete y media, llamo a su puerta.

Cuando se abre, me quedo sin aliento.

Parece el pecado encarnado con el envoltorio más inocente.

Su cabello se desliza en suaves ondas sobre sus hombros, que están desnudos salvo por los finos tirantes de un vestido color crema.

El corpiño es recatado, pero es imposible no fijarse en el contorno de sus pechos bajo la fina tela.

El vestido se ciñe a su cintura y luego se ensancha en las caderas hasta llegar justo por encima de las rodillas.

Su maquillaje es un poco más intenso de lo habitual, lo que resalta el color de sus ojos. Y el sutil brillo rosado de sus labios me hace imaginar lo rápido que podría quitárselo a besos.

Sentarme a su lado así va a ser una tortura. ¿Cómo se supone que voy a concentrarme en las negociaciones de EcoTech, cuando estaré peleándome con mis instintos para no tocarla?

—Estás preciosa. —Es quedarse corto, pero hacerle ese sencillo cumplido es más seguro que decirle que está para comérsela. Y no lo digo en sentido figurado. Lo digo en el sentido de que quiero arrodillarme, bajarle las bragas y satisfacer por fin esta hambre que no deja de crecer dentro de mí.

Me dedica una sonrisa, con las mejillas sonrosadas.

—Gracias. Tú estás muy… eh…. —Me echa un vistazo de arriba abajo, deteniéndose un momento en el botón superior de la camisa, que llevo desabrochado—. Muy guapo.

Un escalofrío de calor recorre mi cuerpo. Incapaz de ignorarlo, agacho la cabeza.

—Gracias. —Una vez más, la tensión crepita en el aire entre nosotros; es una sensación que me recorre la piel y me oprime la base del pene. En lugar de ceder al impulso de deslizar mi mano entre su cabello y pegarla a mí, señalo los ascensores—. ¿Vamos?

El restaurante es uno de los mejor valorados de la zona y, como está situado en el propio hotel, no tengo que sufrir el trayecto en coche con Chloe, en el que tendríamos que sentarnos uno al lado del otro y me vería obligado a inhalar su aroma mientras le ruego a Dios que ponga a mi lado a cualquier otra persona que no sea mi puñetera asistente.

Una vez dentro del restaurante, le doy mi nombre al maître y él nos guía hasta la mesa donde Ellis y una elegante mujer pelirroja de su misma edad están sentados ya.

Se levanta cuando llegamos y me da la mano, con un apretón firme. Luego nos presenta a su esposa.

—Jasmine, estos son Roman y su asistente, Chloe.

Chloe sonríe cálidamente y Jasmine corresponde a su gesto.

—Es un placer conocerte. Convencí a Ellis para que me dejara acompañarlos porque me moría de ganas de probar este restaurante, pero hablar de negocios hace que la velada resulte muy aburrida.

La risa ligera y melodiosa de Chloe me ilumina por dentro. Me sorprendo a mí mismo observando su perfil cuando debería estar concentrado en los asuntos de esta noche, y por la forma en que se ha aguzado la expresión de Ellis, se ha dado cuenta.

Mantengo el gesto impasible, aunque me asalta una idea: ¿tiene algún motivo oculto para invitar a Chloe a cenar esta noche? La ética es una prioridad para él. No me extrañaría que estuviera tratando de discernir cuál es la naturaleza exacta de mi relación con ella.

Cuando nos acomodamos en nuestros asientos, aparece un camarero con las cartas de comida y de vinos. Dejo que Ellis elija una botella y, tras unos minutos revisando las opciones, pedimos.

La comida está exquisita, como era de esperar.

Y mientras Ellis y Jasmine mantienen una conversación ligera al principio, yo estoy impaciente por llevar el tema hacia asuntos de negocios.

Discretamente, Chloe me evalúa. Y juraría que esa maldita mujer puede leerme la mente, porque con un imperceptible movimiento de la barbilla, se vuelve hacia Jasmine y entabla una conversación con ella sobre los lugares de Francia que ha visitado, lo que me permite abordar por fin el tema que me ha llevado a esta cena.

Ellis debe de tener la misma idea porque le da un sorbo al vino y centra su atención en mí.

—Es un placer hablar contigo en un ambiente más informal. Estoy seguro de que convendrás en que puede resultar difícil calibrar a un hombre desde el otro extremo de una mesa de reuniones.

Asiento. Ellis es inteligente. No me cabe duda de que, a pesar de su actitud afable, está observando atentamente cualquier indicio de que el King Group no sea la elección adecuada para esta adquisición.

—Estoy de acuerdo. Y me alegro de que tengamos la oportunidad de hablar de lo que, con suerte, podría ser una nueva era para los dos.

Ellis da unos golpecitos con el pulgar en la mesa.

—Entrar en nuevas eras no siempre es fácil, ¿verdad? Especialmente cuando llevamos el legado de otros sobre nuestros hombros.

No soy de los que escapan de los temas desagradables, y está claro que se refiere a mi padre, así que le doy una respuesta relativamente directa.

—Las decisiones de mi padre han sido… difíciles de afrontar.

Me observa, con expresión pensativa.

—Escapar de su sombra no debe de haber sido fácil.

—No —admito. —Pero creo que mis hermanos y yo lo hemos conseguido. Nos centramos en construir nuestro propio futuro, en lugar de pensar solo en expandir el imperio que nuestro padre dejó atrás.

Asiente y le da otro sorbo al vino.

—Como puedes imaginar, mi prioridad es garantizar que EcoTech siga operando bajo los más altos estándares éticos. Para nosotros, la sostenibilidad no se limita a la tecnología, sino que también tiene que ver con la responsabilidad corporativa.

—Y esa es exactamente la postura de mis hermanos y la mía. La transparencia y la integridad son la base de todo lo que hacemos.

Sus labios esbozan una pequeña sonrisa.

—Esos son los valores que encajan con nuestra visión del futuro de EcoTech. Creo que existe un gran potencial para una colaboración significativa entre EcoTech y el Grupo King.

—Espero que podamos hacerla realidad.

El camarero se acerca para retirar los platos vacíos y, una vez que termina, Jasmine se vuelve hacia Chloe.

—Creo que voy al baño a retocarme un poco antes del postre. ¿Te apetece acompañarme?

Chloe me mira y luego se vuelve de nuevo hacia Jasmine.

—Por supuesto.

Cuando las dos se disculpan y se van, me cuesta más de lo que debería no mirar a Chloe. Lo consigo, pero cuando vuelvo a fijar la vista en Ellis, queda claro que el ambiente ha cambiado.

Vuelve a beber vino y me observa. Luego deja la copa sobre la mesa y carraspea.

—Si no te importa, Roman, me gustaría hablar con franqueza un momento.

—La tensión se enrosca en mi nuca y se intensifica— .

Chloe parece una joven encantadora, y estoy seguro de que es una asistente muy capaz y dedicada.

Pero, dada la historia de tu padre, sus prácticas empresariales no son lo que más me preocupa.

Sus… dinámicas interpersonales eran bien conocidas por muchos de nosotros.

Para ser sincero, es una de las razones por las que nos hemos mantenido al margen del King Group en el pasado.

Siento un peso de plomo en el estómago, pero asiento.

—Mi relación con Chloe es estrictamente profesional.

—Lo respeto, pero este tipo de relaciones entre un director ejecutivo y una asistente cercana a veces pueden malinterpretarse.

Contengo mi frustración y elijo mis palabras con cuidado.

—He aprendido de los errores de mi padre. No solo de sus fracasos empresariales, sino también de los personales. No tengo intención de seguir sus pasos.

La expresión de Ellis se suaviza un poco.

—Siento haber tenido que sacar a colación un tema tan incómodo.

Pero estoy seguro de que entiendes que los actos de un líder dentro de su propia empresa a menudo reflejan sus valores fuera de ella.

Tengo que tomar decisiones para el futuro de mi propia empresa basándome en lo que creo que es mejor para ella.

—Por supuesto. Los dos tenemos en mente el interés de nuestras empresas.

—Me alegro de que estemos de acuerdo.

Antes de que tenga oportunidad de responder, Chloe y Jasmine regresan. Una vez sentadas, Jasmine se vuelve hacia su marido.

—Chloe me estaba contando que su padre es pintor. ¿No es maravilloso?

Él le sonríe a mi asistente.

—Desde luego que sí. ¿Qué pinta?

—La mayor parte de su obra se centra en Nueva York. Le gusta capturar la belleza oculta de la ciudad.

Los ojos de Jasmine se iluminan.

—Qué forma tan bonita de expresarlo. ¿Y se expone su obra en alguna galería?

Chloe se mueve en su asiento. A pesar de lo delicado del tema, no pierde su agradable sonrisa. Soy yo quien se esfuerza por controlar sus emociones. Me invade un impulso ridículo de acariciarle la nuca, de pasar mi pulgar por su piel cálida, de tranquilizarla de alguna manera.

—No, solía tener un pequeño estudio y vendía allí sus obras. Luego pasó a vender principalmente por Internet. Pero se está tomando un descanso por un tiempo.

Reclinándose en su asiento, Ellis pasa el brazo por encima del respaldo de la silla de su mujer.

—¿Alguna vez te tentó seguir sus pasos?

Chloe le da un pequeño sorbo a su vino.

—Cuando era más joven, quería hacerlo. Pero…, bueno —me mira de soslayo, tan rápido que casi no me doy cuenta—, tuvimos algunos problemas y decidí que prefería tener un trabajo estable.

Se me encoge el corazón en el pecho al oír esa confesión.

No lo sabía y ni siquiera se me había ocurrido preguntárselo.

Que Chloe no haya podido cumplir los sueños de su infancia por culpa de la enfermedad de su padre no debería molestarme, pero la opresión en el pecho me dice que sí me molesta. Y mucho.