El rey distante (Empty Kingdom 3) 23 #3
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—No creo que ver a tu jefe masturbarse sea uno de los siete pecados capitales. Estás a salvo. Pero ¿qué ha pasado desde entonces? ¿Ha dicho algo al respecto?

—Hoy se ha disculpado y me ha dicho que no volverá a pasar. Dijo que entendería si quisiera buscar otro trabajo.

—Pero tú no quieres.

—No. ¿Es una tontería?

—Por supuesto que no. Me has contado lo genial que es tu trabajo.

Y supongo que, mientras no te sientas amenazada por él y puedas seguir trabajando a su lado, está bien.

Pero ¿de verdad crees que eso es todo lo que va a pasar?

Te atrae, y parece que él también se siente atraído por ti. ¿Y si él quiere más? ¿Y si tú también?

—Parecía bastante seguro cuando dijo que nunca volvería a pasar.

—¿Y puedes vivir con eso?

—Por supuesto. Obviamente, no puede haber nada entre nosotros.

Y tienes razón: este trabajo es perfecto para mí.

Puedo pagar el nuevo tratamiento de mi padre, y su enfermera a domicilio está con él ahora mismo.

No voy a arriesgar todo eso con la esperanza de que el flechazo que siento por mi jefe pueda convertirse en algo más.

—Niego con la cabeza, desbordada por la frustración conmigo misma—.

Ni siquiera sé decir qué es lo que me atrae tanto de él.

Es guapísimo, sí. Pero es muy distante y controlado. Debería resultar repulsivo.

—Ay, Chloe —dice ella, con un atisbo de tristeza en la voz—. Para serte sincera, no me sorprende en absoluto.

—¿Qué quieres decir?

—Eras solo una niña cuando tu madre se marchó, y desde entonces has tenido que cuidar de ti misma y de tu padre.

Renunciaste a tu sueño de ser artista para poder conseguir un trabajo estable y ayudar a mantener la casa.

Y cuando tu padre enfermó, volviste a centrarte por completo en cuidarlo.

—Se me revuelve el estómago. Claro que lo hice.

Cualquiera en mi lugar lo habría hecho—.

Tiene sentido. Te han dado más de un golpe bajo, y eso solo ha hecho que te dé más miedo arriesgarte.

Llevas años manteniéndote firme con todas tus fuerzas, intentando mantenerlo todo a flote.

No es de extrañar que te atraiga un hombre que tenga el control.

Alguien que pueda cuidar de ti. Mayor, pero no lo suficiente como para ser una figura paterna.

Al fin y al cabo, lo último que quieres es a un chico inmaduro que espere que tú también cuides de él.

—Eso me hace parecer horrible —protesto—. Como si estuviera buscando un sugar daddy.

—No es eso lo que quiero decir. No necesitas a alguien que te mime, te pague el alquiler y te trate como un juguete.

Necesitas a un hombre que te abrace, que te haga sentir segura, alguien que te ayude a aflojar un poco el control sobre tu vida.

Por supuesto que un hombre como Roman King, que irradia control, que puede afrontar cualquier reto sin pestañear, que puede sujetarte si tropiezas, te resultara atractivo.

¿Será cierto? No he tenido muchas relaciones, pero los hombres con los que he salido eran de mi edad, normalmente creativos, a menudo tipos luchadores.

Y está claro que nunca funcionó con ninguno de ellos.

Tampoco es que me importara mucho. Siempre me pareció que daban más trabajo del que valía la pena afrontar.

Quizá Lola tenga razón después de todo.

Dios, es demasiado en lo que pensar ahora mismo.

—¿Qué crees que pasará cuando estés en Francia? —pregunta.

Inspiro hondo.

—Nada. Dijo que no volvería a pasar, y le creo. Roman no es la clase de hombre que dice cosas que no siente.

—Bueno —dice, alargando la palabra—, pase lo que pase, o no pase, ten cuidado, Chloe. Entiendo lo magnético que debe de ser un hombre así. Pero tú eres la que más tiene que perder en esta situación.

Se me revuelve el estómago.

—Lo sé. Y créeme, no soy tan estúpida como para arriesgarlo todo por unos pocos momentos robados con un hombre que nunca querrá nada más que eso.

Ella inspira como si se estuviera preparando para responder, pero la interrumpe una voz más grave.

—Lo siento, tengo que irme. Jamie ha vuelto, así que voy a comer antes de que Christopher se despierte. Me sorprende que me haya dejado tanto tiempo para charlar. Llámame después de tu viaje y cuéntame todos los detalles. Por favor, dime que vas a viajar en primera clase.

Sonrío. Pase lo que pase, Lola siempre consigue que lo haga.

—En realidad, vamos a ir en su jet privado.

—¡Ahora solo intentas darme envidia!

Nos despedimos entre risas y luego regreso al salón para ver cómo les va a mi padre y a Carol.

Están sentados a la mesa y él está hojeando lentamente uno de nuestros viejos álbumes y contándole la historia que hay detrás de cada foto.

Lo observo durante unos minutos. Parece mucho más alegre que cuando Susan está aquí.

Mi corazón se llena de felicidad por él y de gratitud hacia Roman.

Pero en el momento en que ese segundo sentimiento surge, lo reprimo.

Le estoy agradecida a Roman como mi jefe, pero en esa relación no hay lugar para mis sentimientos.

Espero haber captado el mensaje por fin.