23 #2
—¿Te refieres a que no es una buena persona, o a que es inapropiado sentirte atraída por él?
—Inapropiado.
—¿Inapropiado como que sea tu jefe?
Se me escapa una risita.
—¿Tan obvio es?
Ella resopló.
—He visto las fotos, Chloe. Roman King es guapísimo. Tendrías que estar ciega para no encontrarlo atractivo.
—Pero hay una diferencia entre encontrar a alguien atractivo y sentirse atraída por él.
—Sí, supongo que la hay. Entonces, ¿me estás diciendo que te sientes atraída por él?
Suspiro y apoyo la cabeza en el cabecero.
—Sí, y no debería estarlo. Es mi jefe, y es totalmente inapropiado.
—Puede que te sientas atraída por él, pero eso no significa que tengas que actuar en consecuencia. Puedes limitarte a admirarlo desde la distancia, ¿no?
—La cuestión es que… Ayer nos quedamos atrapados en un ascensor. Y ya sabes cómo me siento en espacios pequeños y oscuros. Él me estaba consolando, y… —Trago saliva, luchando por sacar las palabras.
—¿Y? ¡Venga, no me dejes con la intriga!
—Creo que casi me besó.
Lola se queda en silencio tanto tiempo que me preocupa que se haya cortado la llamada. Justo cuando estoy a punto de apartarme el teléfono de la oreja para comprobarlo, inspira hondo de forma audible.
—¿Crees que casi te besó?
—Bueno, estaba oscuro, pero sí, fue un… un momento decisivo.
—Y si lo hubiera hecho, ¿habrías correspondido al beso?
—No lo sé. —Cierro los ojos y suspiro—. No, eso no es justo. Hace que parezca un depredador. Sí, yo estaba allí con él. Si me hubiera besado, habría sido de mutuo acuerdo.
—Chica, no sé si aplaudir o decirte que salgas de ahí mientras puedas.
Aunque me duele la garganta, no puedo evitar reírme.
—Normalmente es tan comedido que verlo perder el control así fue un poco embriagador. Pero entonces el ascensor volvió a funcionar y los dos nos apartamos inmediatamente.
—¿Y te alegraste por eso o te decepcionó?
Me muerdo el labio, sopesando bien mi respuesta antes de pronunciarla.
—Me decepcionó. Aunque no habría llevado a nada bueno. — Hasta ahora, no tenía claro si contarle a Lola lo que pasó después, pero ya que me he sincerado con ella, me parece imprescindible desahogarme y pedirle consejo—. Pero más tarde esa noche, lo pillé… ya sabes…
Ella suelta un sonido ininteligible.
—Vas a tener que explicármelo con más detalle, Chloe. ¿Qué estaba haciendo?
Bajo la voz hasta convertirla en un susurro, aunque estoy sola.
—Se estaba masturbando.
El silencio de sorpresa entre nosotras es ensordecedor, aunque el grito que ella suelta a continuación es mucho peor.
—¿Qué? —Rápidamente baja la voz, probablemente al recordar que hay un bebé durmiendo en su casa—. ¿Lo sorprendiste masturbándose? ¿En su despacho?
Siento que se me enrojecen las mejillas.
—Estaba en el baño, pero la puerta estaba entreabierta y…
—¿Lo hizo a propósito? ¿Sabía que ibas a entrar?
—No, no. Me había dicho que me fuera a casa, pero se me olvidó dejarle en la mesa un archivo que me había pedido. La puerta estaba cerrada, así que supuse que no estaba allí y entré. Fue culpa mía. Pero es que no esperaba que estuviera haciendo… eso.
—A ver, ¿cómo ibas a esperarlo? Bueno, ¿y qué hiciste?
Con el rostro crispado, me obligo a admitir la verdad.
—Me quedé mirando.
Se produce otro largo silencio.
—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amiga? —Su tono empieza siendo serio, pero luego se echa a reír—. Dios mío, Chloe. ¿Te quedaste mirando cómo se masturbaba tu jefe? ¿Y él te vio? ¿Qué pasó?
—Lo haces sonar tan sórdido… —Aunque no puedo evitar reírme también, porque tiene razón. ¿Quién demonios soy yo? Antes de ayer, nunca me habría imaginado haciendo algo ni remotamente parecido a eso—. Pero sí, me vio. A través del espejo.
—¿Qué dijo? ¿Se sintió avergonzado?
Una imagen de Roman, con la mirada fija en mi reflejo, aparece en mi mente, y el efecto que tiene en mí me hace apretar los muslos.
No había ni una pizca de vergüenza en su expresión.
Solo puro deseo, y después… Tiemblo al recordar la expresión de su rostro mientras se corría con los ojos clavados en mí.
Carraspeo.
—Me dijo que me quedara o me fuera. Y después me dijo que dejara el expediente en su escritorio.
—Me he quedado sin palabras —dice ella, sin quedarse sin palabras en absoluto—.
Chloe Callahan, ¿me estás diciendo que casi besaste a tu atractivo jefe multimillonario en un ascensor y luego lo viste masturbarse hasta el final?
—Enfatiza la última palabra—. ¿Mientras él sabía que estabas allí?
¿Y luego solo te dijo que dejaras el expediente en su escritorio?
Dejo caer la cabeza sobre mi mano libre, con el corazón latiéndome con fuerza contra el pecho.
—Sí.
—¿Y lo hiciste?
—¿Qué? —pregunto, con la palabra amortiguada por mi mano.
—¿Dejaste el expediente en el escritorio? Porque a estas alturas, no me sorprendería que me dijeras que te le echaste encima allí mismo, en su baño.
Suelto una risa ahogada.
—Dejé el expediente y salí corriendo. Me daba tanta vergüenza…
—¿Por haberlo visto, o porque te pilló mirándolo?
—Por que me pillara. Porque, y no puedo creer que esté admitiendo esto, verlo hacer… eso fue una de las cosas más excitantes que he vivido nunca. —Arrugo la nariz—. Voy a ir al infierno, ¿verdad?