22 #2
Lo miro a los ojos.
—¿Así llamas a lo que hiciste tú?
Apoya los antebrazos sobre la mesa.
—Veo esa mirada en tu rostro. Crees que eres mejor que yo.
Pero eres exactamente igual. Yo te hice así.
—Da un puñetazo en la mesa y su rostro se pone alarmantemente rojo antes de palidecer de nuevo—.
Toda esta mierda ecologista y absurda de los árboles está convirtiendo a mi empresa en el hazmerreír de todos.
El King Group construye inmuebles de lujo.
No nos dirigimos a los hippies . —Su pecho se agita como si la ira le estuviera robando el aire de los pulmones.
Con una profunda inspiración, hago todo lo posible por controlar mi propio temperamento.
—Estás desfasado si crees que los inmuebles de lujo no necesitan incorporar tecnología sostenible.
Puede que el King Group estuviera en la cima cuando te metieron aquí —extiendo los brazos—, pero el valor de las acciones ya estaba empezando a caer.
Cole, Tate y yo reforzamos la empresa. Reparamos el daño que ocasionaste.
Nosotros somos los que mantenemos al King Group donde debe estar.
—Me fulmina con la mirada y yo se la sostengo.
— Sois débiles . Todos vosotros —dice al fin—.
Dos malditos hijos y un bastardo, y ninguno de vosotros tiene las pelotas para ser los hombres que os enseñé a ser.
No creáis que no me he enterado de lo de vuestros hermanos y sus mujeres —escupe—.
El matrimonio debería ser una jugada estratégica.
¿Por qué atarse a una sola mujer si no hay ninguna ventaja empresarial en ello?
Si tus hermanos quisieran follar con quien les diera la gana a escondidas, podrían haberlo hecho.
¿Qué coño de beneficio hay en casarse con una arquitecta o con la dueña de una cafetería?
Aprieto los dientes, enfadado conmigo misma por haber creído alguna vez esa misma mierda. Por dejar que su veneno me influyera —y a mi relación con mis hermanos— incluso después de descubrir qué clase de hombre era.
—La empresa puede prosperar sin que Cole y Tate tengan que venderse a sí mismos ni su felicidad.
Él se ríe con desprecio.
—¿Crees que el amor da la felicidad? Tú sabes mejor que nadie que no es así. Tu pequeña rebelión matrimonial lo demostró, ¿no? —Se echa hacia delante, aferrado al borde de la mesa—. ¿O acaso has olvidado lo fácil que fue para Katherine manipularte?
—No lo he olvidado. Ni lo he perdonado.
No me refiero solo a Katherine, y él lo sabe.
Su risa es aguda y desagradable.
—Deberías darme las gracias. Necesitabas esa maldita lección.
—Se balancea hacia atrás en la silla, con esa sonrisa astuta y presumida que recuerdo tan bien dibujada en su rostro—.
Y funcionó, ¿no? Vi el anuncio del compromiso de Cole con la hija de Kenneth Berrington .
Tú tuviste algo que ver en eso, ¿verdad?
—No espera una respuesta, asiente para sí mismo antes de continuar—.
Me lo imaginaba. Es exactamente lo que yo habría hecho.
Eres mi hijo, te guste o no. Llevas en la sangre practicar el juego como se debe hacer: de forma dura y despiadada.
Mantener la expresión impasible me exige más fuerza de la que me gustaría admitir.
—Sabes que no siguió adelante con ello.
Su silla golpea el suelo al caer, y su rostro vuelve a enrojecerse.
—Porque, a la hora de la verdad, no tuviste las pelotas para forzar la situación.
Dejaste que siguiera a su polla en lugar de a su cabeza.
Te importaba más lo que él quería que lo que era mejor para la empresa.
Y eso —me señala con el dedo— es por lo que nunca serás el director ejecutivo que el King Group necesita.
—¿Y tú qué eres? Un hombre que casi echa a perder la reputación de la empresa porque era demasiado narcisista y codicioso como para anteponerla a todo lo demás. Un hombre que se acuesta con cualquiera que lleve falda.
—Estás dejando que se te note el rencor, hijo.
Todas las mujeres con las que me acosté querían lo que yo les daba.
Todas y cada una de ellas. —Aprieto los puños.
El odio me recorre las venas. ¿Cuánto de este hombre sigue viviendo dentro de mí?
¿Heredé de él esa parte de mí que perdió el control con Chloe?
¿Su debilidad es la misma que la mía? Abro los puños a la fuerza.
Ya tengo lo que buscaba al venir aquí. No hay necesidad de seguir sometiéndome a esto.
Empujo la silla hacia atrás y me levanto—.
¿Te vas tan pronto? —Sabe que sus palabras me han afectado, y eso le hace feliz al muy cabrón.
Lo que no se da cuenta es que he venido aquí precisamente por eso.
—Ha sido un placer, como siempre.
Él también se pone de pie y apoya las manos en la mesa para mantener el equilibrio.
—Saldré de aquí en unos años, y no me costará mucho convencer a la junta para que vuelva a ver las cosas a mi manera.
Así que no te acomodes demasiado en esa silla de director ejecutivo, hijo.
En el momento en el que bajes la guardia, en el momento en el que el mundo se dé cuenta de quién eres en realidad, verás lo rápido que se volverán contra ti.
Me tomo mi tiempo para abrocharme la chaqueta antes de mirarlo a los ojos.
—Eso no va a pasar. Al fin y al cabo, fuiste tú quien me enseñó a no bajar nunca la guardia. Es lo único que te agradezco.
Ahora tengo la mente despejada. Estoy concentrado. Les hago un gesto a los guardias para indicarles que hemos terminado y salgo, dejándolo atrás.