El rey distante (Empty Kingdom 3) 3 #2
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—No. Normalmente es muy cuidadoso. Esta es solo la segunda vez que se ha caído desde que me mudé.

—De acuerdo. —Baja la vista hacia las notas que tiene delante— .

Eres joven. Probablemente más joven de lo que normalmente consideraríamos para un puesto de asistente ejecutivo.

Pero tu expediente académico es impresionante, el departamento de Recursos Humanos de tu último trabajo te dio unas referencias excelentes y estás cuidando de tu padre.

Todo eso me dice que eres dedicada, trabajadora y, en mi opinión…

—me dedica una sonrisa irónica— tienes claras tus prioridades.

Lo cual es más de lo que puedo decir de algunas personas de este edificio.

—La mueca de sus labios me hace preguntarme si se refiere a su jefe.

Ladea la cabeza, escrutándome—. Me gustas para este puesto, Chloe.

Creo que podrías ser un soplo de aire fresco muy necesario en la oficina.

Pero si lo consigues, es posible que tengas que trabajar más horas de las que estás acostumbrada.

Con las responsabilidades que tienes, ¿te sentirías cómoda haciéndolo?

Mi mente da vueltas, trabajando a toda máquina para sopesar las complejidades de la situación.

Este trabajo puede que tenga un horario más largo, pero el sueldo es significativamente mejor que el que ganaba en Talon.

Si consigo el puesto, podré pagar la medicación y tal vez incluso algunos de los tratamientos más avanzados, que podrían ayudar a mejorar su independencia.

Eso tiene que compensar el pedirle a Susan que nos eche una mano un poco más a menudo, aunque a mi padre le resulte molesta.

Y sé que ella estará encantada de ganar ese dinero extra.

—Por supuesto. Tengo un acuerdo con una cuidadora que debería permitirme empezar temprano o quedarme hasta tarde cuando sea necesario.

Ella sonríe.

—De acuerdo. Tengo un par de entrevistas más esta tarde, así que te comunicaré mi decisión al final del día o mañana temprano.

—Por supuesto. Eso sería estupendo.

Me siento animada mientras bajo las escaleras hacia la salida de King Plaza unos minutos más tarde.

Esta podría ser la oportunidad que necesitábamos.

Pero al recordar la llamada de Susan acelero el paso.

Con las articulaciones tan rígidas y doloridas como las tiene, una caída puede pasarle factura a mi padre.

Por suerte, cuando llego a casa, su mal humor y la irritación general de Susan me indican que todo va bien. Mientras la acompaño a la puerta, saco a colación el tema de la posibilidad de trabajar más horas.

Ella refunfuña un poco, pero al final accede cuando le aseguro que recibirá una compensación adecuada.

De todos modos, está jubilada y se pasa en casa la mayor parte del día.

Cuando no está echándole un ojo a mi padre, suele estar sentada junto a la ventana, disfrutando de su papel de vigilante vecinal no oficial.

Al menos esto la mantiene ocupada y le ayuda a amenizar el día.

Una vez que se ha ido, me ocupo de mi padre y me aseguro de que esté cómodo.

Cuando noto que tiene la rodilla hinchada y caliente al tacto, cojo una bolsa de hielo recién sacada del congelador y se la coloco con cuidado sobre la articulación inflamada.

Preparo la comida y luego me siento en el extremo del sofá más cercano a su sillón y le cuento lo de la entrevista.

Cuando le menciono mi breve conversación con mi posible nuevo jefe, frunce el ceño.

—¿Estás segura de que te sentirías bien trabajando para alguien así?

—Por supuesto —lo tranquilizo—. Por muy ambicioso que sea y por muy centrado que esté, estoy segura de que no será poco razonable. Lena lleva varios años trabajando para él y parece encantadora.

No parece convencido, pero asiente de todos modos.

—Vale, cariño, crucemos los dedos para que consigas el trabajo, entonces.

Me paso el resto de la tarde intentando distraerme. Incluso me limito a mirar el móvil solo dos veces para asegurarme de que está completamente cargado y no en silencio, como debería haber estado durante la entrevista.

Cuando suena justo antes de la cena, me abalanzo sobre él.

—¿Hola? —Mi voz apenas se entrecorta.

—Hola, Chloe. Soy Lena. —Suena alegre, pero contengo la respiración de todos modos, sin querer hacerme ilusiones prematuras—. Me agrada mucho decirte que has conseguido el trabajo.

El alivio me invade, intenso y dulce.

—Muchísimas gracias.

—Como ahora mismo no estás trabajando, ¿podrías empezar el lunes a primera hora?

Se me acelera el pulso, pero no vacilo ni un segundo.

—Sí, por supuesto.

—Genial. Yo no estaré allí para enseñarte el lugar y ayudarte a adaptarte, pero Sophie, otra de las asistentes ejecutivas, te pondrá al corriente de todo.

—Claro, me parece bien.

Ella vacila.

—Mira, creo que serás una gran asistente para Roman. Pero, como ya has podido comprobar, puede ser un poco… brusco. No dejes que te intimide. Pronto descubrirá que puedes hacer el trabajo, pero hasta entonces, quizá tengas que demostrarle de qué pasta estás hecha.

Los nervios me invaden cuando la imagen de esos ojos gris acero aparece en mi mente, pero asiento con firmeza aunque ella no pueda verlo.

—Creo que puedo hacerlo.

Ella se ríe entre dientes.

—Te va a ir muy bien.

Mientras me explica lo que me espera el lunes, solo puedo esperar que tenga razón.