El rey distante (Empty Kingdom 3) 1 #2
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—Voy a ir directo al grano. Excelsior está reestructurando la empresa.

—Se me seca la garganta, pero me niego a perder la esperanza de conservar mi trabajo, pero las siguientes palabras de Geoff hacen que se abra el suelo bajo mis pies—.

Tienen su propio equipo administrativo, así que, lamentablemente, tu puesto ha quedado suprimido, con efecto inmediato.

Esto no tiene nada que ver con tu rendimiento, por supuesto. Es una decisión puramente empresarial.

Mi mente se queda clavada en una sola frase.

—¿Con efecto inmediato? Yo… yo pensaba que me darían algo de tiempo para… para…

La sonrisa de Geoff está llena de falsa compasión.

—Habrá una indemnización, por supuesto, debido a la naturaleza abrupta de tu despido. Recibirás el salario de una semana por cada año que hayas estado con nosotros, más una compensación por los días de vacaciones no disfrutados.

Se me revuelve el estómago. ¿Solo tres semanas de indemnización? Encontrar otro trabajo, sobre todo uno que iguale mi sueldo actual, en menos de un mes, sería un milagro. Aunque me pican los ojos, contengo las lágrimas. Me niego a dejar que vea cómo pierdo la compostura.

Me duele en el orgullo preguntarlo, pero lo hago de todos modos.

—¿Hay alguna posibilidad de otro puesto dentro de la empresa? ¿Quizás en el equipo administrativo? Mi padre depende de mis ingresos, sobre todo para sus gastos médicos.

Se recuesta en la silla, cruzando las manos sobre su barriga.

—El equipo está completo. Sin embargo, si se lo pides, estoy seguro de que Recursos Humanos mantendrá tu currículum en la lista. Y, por supuesto, te darán buenas referencias. Asegúrate de pasar por aquí para rellenar los papeles de tu indemnización antes de irte.

Me levanto de un salto, aferrada al bloc de notas y el bolígrafo con manos sudorosas. La ira, mezclada con una repugnante sensación de vulnerabilidad, me recorre el cuerpo. Quiero gritarle, exigirle que sea mejor persona. Un hombre mejor. Pero sigo necesitando esas referencias.

Aun así, no soy capaz de mostrarme tan profesional y amable como lo he sido durante los seis últimos meses, así que, sin decir palabra, me doy media vuelta, me voy y cierro la puerta tras de mí.

Mis movimientos son rígidos mientras regreso a mi escritorio y recojo mis escasas pertenencias. Solo me lleva unos minutos borrar cualquier rastro de que alguna vez he estado aquí. Nunca me había dado cuenta de lo pocos objetos propios que tengo aquí o de lo impersonal que parece mi escritorio.

Cuando he llenado una bolsa, echo un último vistazo a la zona y luego cojo el ascensor hasta el departamento de Recursos Humanos, donde Gwen, una encantadora mujer mayor con la que he compartido alguna taza de café de vez en cuando, me dedica una sonrisa triste.

—Lo siento mucho, Chloe —dice; está claro que sabe muy bien qué puestos han sido eliminados—. Es un gran error dejarte ir. Eres una de las personas más trabajadoras de este lugar.

Mi sonrisa vacila un poco.

—Gracias. Te lo agradezco mucho.

Me pasa el acuerdo de indemnización por el mostrador, seguido de un recibo de mi último sueldo.

Mientras yo me quedo mirando fijamente los formularios, ella me aprieta la mano.

—Estoy segura de que no tardarás en encontrar otro trabajo. Yo misma te escribiré la carta de referencias.

Le devuelvo el apretón y esbozo lo que espero que sea una sonrisa más convincente.

Luego cojo el bolígrafo del mostrador y firmo los formularios que significan el fin de mi empleo.

Ella los fotocopia y me entrega las copias, aún calientes.

Después de guardarlas en mi bolso, me despido de ella por última vez y me voy.

En el trayecto en autobús a casa, mi mente va a mil por hora, calculando cuánto durará mi indemnización una vez que la sume a los modestos ahorros que tenemos mi padre y yo.

Para mantener las manos ocupadas, saco el móvil y hago una lista de los pasos que tengo que dar, incluyendo actualizar mi currículum e informarme sobre cómo solicitar el subsidio de desempleo.

Para cuando el autobús llega a mi parada, necesito distraerme de darle vueltas a todo. Mientras empiezo el corto paseo hasta casa, llamo a mi amiga Lola.

Cuando contesta, me recibe el llanto desgarrador de su hijo.

—¿Es un mal momento? —Maldita sea, espero no haberlos despertado a ninguno de los dos de la siesta.

Ella suelta una risa cansada —Nunca es mal momento para saber de ti. Espera un segundo. —Le habla con dulzura y el llanto se detiene—. Vale. Está mamando, así que ya puedo hablar.

—¿Cómo te va siendo mamá, por cierto?

Christopher tiene dos meses y solo lo he visto un par de veces, ya que ya no viven lo bastante cerca como para hacer visitas rápidas.

Lola parece haberse adaptado a su nuevo papel con naturalidad.

Puede que solo tenga veinticuatro años, la misma edad que yo, pero ella y su novio del instituto, Jamie, se casaron jóvenes, y formar una familia era una de sus prioridades.

—Es agotador, pero me encanta. El bebé es una dulzura, y está empezando a dormir más por la noche. Así que eso es una ventaja. —Deja escapar un suspiro de satisfacción—. ¿Qué tal te va a ti? ¿Ya sabes algo de tu trabajo?

Mis hombros se tensan de nuevo por la preocupación.

—Desde hoy mismo estoy en paro.

Ella da un grito ahogado.

—Me estás tomando el pelo. ¡Geoff! ¿Ese asqueroso no ha peleado por conservar tu trabajo?

Me trago el asco y la rabia que me provoca oír su nombre.

—Soy una idiota por pensar que lo haría. Lo único que hice mal fue dejarle claro que no iba a acostarme con él.

—Para algunos hombres, eso es todo lo que hace falta.

—Tengo que encontrar otro trabajo rápidamente. —Me muerdo el labio inferior—. Mi indemnización por despido es un mal chiste.

Lola se queda callada tanto tiempo que me preocupa que se haya cortado la llamada. Estoy a punto de apartarme el teléfono de la oreja para comprobarlo cuando vuelve a hablar.

—¿Por qué no te tomas esto como una señal para volver a pintar? Ganaste ese concurso, y apuesto a que podrías cobrar bastante si lo intentaras. Hoy en día ni siquiera necesitas una galería: ¡solo tienes que vender tus cosas por internet!

Mi risa suena un poco histérica.

—Lola, ese concurso fue en el instituto. Y ya no tengo tiempo para pintar. Por no hablar de que no hay garantía de que pudiera vender lo suficiente para cubrir nuestras facturas. A mi padre solo le queda un mes de medicación. Luego tendré que volver a comprarla.

Lola suspira.

—Lo sé, lo sé. No es realista. Pero es una pena desperdiciar tu talento y tu pasión. Quizá si volvieras a pintar como hobby … Así podrías montar una tienda online mientras tienes un trabajo fuera. Una vez que empieces a ganar dinero, podrás dejar el trabajo y dedicarte a pintar a tiempo completo.

—Quizá algún día.

Agradezco su fe en mí, por muy equivocada que sea. Me encantaba pintar de niña. Puede que incluso se me diera bien —al fin y al cabo, soy hija de mi padre—, pero sé lo difícil que es ganarse la vida de forma estable como artista.

Incluso mi padre tuvo dificultades. Y ahora, con él dependiendo de mí, no puedo arriesgarme.

Porque no sé qué pasaría si todo lo que he construido se derrumbara a mi alrededor.

Eso es mucho menos probable con un buen trabajo y un sueldo fijo.

Salvo que se produzca otro incidente como el de hoy, claro está.

Lola tararea, un sonido que denota demasiado escepticismo.

—Entonces, quizá tenga otra solución. La cuñada de Jamie trabaja para una agencia de selección de personal. Tienen puestos administrativos en empresas de alto perfil. Si envías tu currículum, les hablaré bien de ti.

—¿En serio? —La esperanza se enciende en mi pecho. Una empresa de alto perfil podría significar un sueldo más alto, lo que haría que el tratamiento y la medicación fueran más asequibles.

—Por supuesto. En cuanto termine de darle de comer a Christopher te enviaré los detalles.

Hablamos un rato más y no nos despedimos hasta que llego a la puerta principal del edificio de apartamentos.

Después de dos años, debería ser más fácil recordarlo.

Hago una pausa antes de entrar, cierro los ojos y me recompongo.

Las cosas ya son bastante difíciles para mi padre sin el estrés añadido de mis preocupaciones laborales.

Inspiro hondo, esbozo una sonrisa radiante y giro el pomo.