El rey de los lobos 1 Capítulo 59
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Capítulo 59

H e recuperado el calor. Estoy cómoda. Tengo algo suave debajo. Capto un olor a libros y humo de leña.

Unas voces masculinas penetran en mi consciencia, pero mantengo cerrados los ojos para así deleitarme en la seguridad que me arropa.

—De todas formas, ¿cómo conseguiste librarte de mi hermano? —Callum mantiene baja la voz, como si no quisiera despertarme.

—Llevo años ingiriendo pequeñas dosis de acónito —contesta Blake, como si nada—. Si un lobo me muerde, termina peor para él que para mí.

Callum suelta una risilla.

—Menudo cabrón diabólico estás hecho.

Siento un arrebato de diversión, aunque no tengo claro de dónde procede. Supongo que es raro oírles hablar casi como si fueran amigos.

—Eso dicen —comenta Blake.

—Pero no lo mataste.

—No. Solo lo debilité lo bastante como para dejarlo fuera de juego.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —No hay respuesta, por lo que doy por hecho que Blake se ha encogido de hombros, ya que Callum continúa—: ¿Cómo te hiciste esas cicatrices de la espalda?

—De la misma forma que tu mascota, imagino.

Algo cambia en el ambiente.

—¿Cómo sabes…?

—Cálmate. La vi dándose un baño la vez aquella, ¿recuerdas? —Oigo el crepitar de las llamas en el hogar, la insistencia del viento contra la ventana—. Es una vieja tradición de las Tierras del Sur. Si sospechan que tienes genes de lobo, arremeten contra el lobo hasta la sumisión.

Algo que Blake ha dicho antes me viene a la mente, pero estoy tan aturdida por el sueño que no consigo desgranarlo.

—¿Intentaban suprimir su loba? —la voz de Callum rezuma horror.

—Eso parece.

Una calma tenebrosa se adueña de la estancia. Sea lo que sea de lo que estén hablando, aún no estoy preparada para enfrentarme a ello.

—¿Qué hay de tus cicatrices delanteras? La que tienes cerca de tu cadera… es… bastante fea.

—¿Sabes? Preguntarle a un hombre acerca de su cuerpo no es precisamente el culmen de la cortesía —dice Blake—. ¿Qué será lo siguiente? ¿Medirnos las pollas?

—No es el tamaño de tu polla lo que me preocupa. —El tono de Callum es cortante, como una daga recién afilada.

—Tranquilo. No tengo ningún interés en tu mascota.

—Pues no es lo que parecía. Se estaba muriendo, Blake. ¿Eso es lo que te pone a tono? Dicen que tienes unos gustos un tanto oscuros…

Siento una oleada de exasperación, de irritación, y me esfuerzo por contenerla. No sé por qué me siento así. Estoy caliente, a salvo y cómoda.

—Ah, claro, ya lo has deducido todo. La razón por la que hago lo que hago y por la que me convertí en sanador. La gente enferma me excita. —La voz de Blake es todo sarcasmo—. No sé por qué dicen eso de mí. Si deseara a Aurora, ya lo sabrías.

—Ajá. ¿Puedo hacerte una pregunta más?

Blake exhala.

—¿Qué?

—Mi padre te incluyó en su círculo cercano porque lo curaste.

—Sí.

—Fuiste tú el que le hizo enfermar, ¿no? Lo he pensado mucho los últimos dos años. No se me ocurre de qué otra forma podría haber sucedido.

—Así que crees que envenenar a un rey para poder curarlo y ganarme así su favor es algo que yo haría.

Impera un silencio denso, pero entonces Callum lo rompe con una carcajada.

—Correcto, eso me pareció. Eres increíble, Blake.

—Gracias. —Oigo la sonrisa en su voz. La siento .

—No era un elogio —replica Callum, y sin embargo a mí me parece que sí lo es.

—Tu mascota está despierta, por cierto —dice Blake.

Las pisadas retumban por la habitación. Abro los ojos al tiempo que Callum se arrodilla junto al lecho.

—¡Rory! Diosa, ¿estás bien?

Sus ojos rebosan de asombro, preocupación y alivio. Nadie me había mirado así nunca. Sonrío.

Aunque no estoy segura de qué responderle. ¿Estoy bien? Me capturaron. Maté a un hombre. Casi muero. Debería haber muerto.

Sin embargo me siento viva .

Me duele un poco el costado, pero aparte de eso me encuentro bien .

Le toco la mejilla.

—Estoy bien. —Mi voz suena ronca, así que carraspeo—. ¿Y tú?

Una amplia sonrisa se conjura en su rostro.

—Sí, estoy bien.

Entre gruñidos, me incorporo para sentarme y apoyar la cabeza en el cabecero de madera. Coloca una mano sobre mi regazo. Me acaricia la cadera con el pulgar con suavidad.

—Diosa, qué preocupado estaba por ti.

Intento recomponer lo sucedido, pero mis recuerdos están revueltos.

—¿Dónde estamos?

Es un dormitorio modesto. El fuego crepita en el hogar.

La repisa de la chimenea cruje bajo el peso de los libros, algunas baratijas y una licorera de whisky.

La cama en la que me encuentro es pequeña, pero cómoda.

La noche se cuela por la ventana a mi espalda.

No tengo claro si he dormido solo unas horas o el día entero.

Blake toma asiento en uno de los sillones que hay junto a la puerta, con las piernas estiradas y cruzadas a la altura de los tobillos.

Los dos hombres están vestidos, aunque Callum lleva una camisa blanca que le viene estrecha y le aprieta en la zona de los hombros.

Es evidente que Blake se ha bañado, pues ya no tiene la cara manchada de sangre y su pelo está mojado.

Callum, por su parte, sigue teniendo la mejilla llena de tierra y huele a sudor.

—Estamos en el castillo de Blake —informa Callum—. A salvo, por ahora.

—¿Cuánto llevo dormida?

—Solo unas horas.

—Te capturaron —digo.

—Sí. —Una sombra de vergüenza cruza su rostro—. Me capturaron, pero uno de los hombres de Blake me liberó. Acudí lo más rápido que pude. —Aprieta la mandíbula—. Lamento no haber llegado a tiempo de ahorrarte todo esto. ¿Lo recuerdas? ¿Podrías decirme lo que ha pasado?

Inspiro profundamente mientras intento ordenar mis pensamientos, y después suelto todo lo que ha sucedido desde que me separaron de Callum.

Cuando le cuento el dilema que me planteó James, él ahoga un gruñido y su lobo resplandece tras sus pupilas.

Retuerce las sábanas con fuerza junto a mis muslos.

—¿James te pidió que te casaras con él?

—Sí. Blake le persuadió de que me ofreciera esa posibilidad.

Callum gira la cabeza y Blake alza las manos, aunque tiene una sonrisa en los labios.

—Chivata. —Me asalta una extraña sensación de divertimento, aunque su contestación está lejos de gustarme—. Intentaba salvarte la vida. No es culpa mía que seas demasiado obtusa como para darte cuenta.

La mentira se desliza de su boca como si nada, y sé que es una mentira. ¿Por qué me dan ganas de reírme? No tiene ninguna gracia.

En cuanto Callum gira la cabeza hacia mí, Blake me guiña un ojo.

Yo le ignoro y prosigo con mi relato. Cuando llego a la parte del Corazón de la Luna y a cómo todos los lobos se transformaron, vuelvo a sentir la atención de Blake sobre mí. Callum gira la cabeza de nuevo.

—¿De verdad Sebastian ha entregado el Corazón de la Luna?

—Eso parece —responde Blake—. Quizá no sabe lo que es.

No se lo cree ni él. Y yo tampoco. Pero ¿qué otra explicación hay? La idea de que la Diosa Luna respondiera a mis plegarias es demasiado ridícula como para verbalizarla.

—¿Qué pasó luego? —inquiere Callum.

Le hablo del trayecto en carruaje y se me hiela la sangre. Narro el momento en el que le corté la garganta a Sebastian con la daga, sin saber qué pensará de mí ahora que soy una asesina.

Aunque temo que me juzgue o que se horrorice, lo que obtengo es una amplia sonrisa de orgullo. También yo siento una oscura satisfacción, pero es una emoción que parece pertenecer a otra persona. Tiene el sabor de la intemperie por la noche.

Cuando llego a la parte en la que James me atacó, Callum se queda inmóvil.

—Es hombre muerto. —Sus ojos centellean—.

Hombre muerto. Le permití ser rey. Lo he apoyado todos estos años, ¿y así me lo paga?

Intentando arrebatarme lo que más me importa.

Intentando hacerte suya . Te hiere . No.

Haré que desee no haberte puesto ni un dedo encima.

Yo no tenía aspiraciones al trono, no quería gobernar…

Pero se acabó. Si quiere guerra, la tendrá.

Reu­ni­ré a los clanes aledaños. Acabaré con él. Y ocuparé el trono yo mismo.

Siento un arranque de triunfo tan fuerte que ahogo una exclamación. Una oscuridad extraña y ligera se agolpa en mi pecho, non grata pero conocida. Se me escapa una risa que no sé muy bien a qué obedece.

Callum frunce el ceño.

—¿Princesa? ¿Qué pasa?

—No… —Arrugo el entrecejo—. No lo sé. Perdona. Es… ¿Qué estabas…?

Blake me observa. Y lo… Lo siento . Siento su diversión tanto como mi propia confusión.

Recuerdo el momento en el que estaba muriendo, cuando él me ofreció algo y yo lo acepté. También entonces lo sentí. Oscuro, ligero, con aroma a bosque. Me llenó, se metió dentro de mí. Me dio luz y vi cosas. Sentí cosas. Retazos de recuerdos que no eran míos.

El miedo me atenaza las entrañas.

—¿Qué has hecho? —Mis palabras suenan contenidas, pero están repletas de horror.

Callum frunce más el ceño y mira a Blake.

—Ah, sí, respecto a eso… —Blake se endereza y se alisa la camisa negra—. Compartí mi fuerza vital contigo para salvarte, pero por lo visto hay un pequeño… efecto secundario…

—¿Qué efecto? —siseo.

Blake se pasa una mano por el pelo.

—Parece que se ha formado… una especie de… vínculo entre nosotros.

Se encoge de hombros como si sus palabras no implicaran nada relevante, pero caen sobre mí con tanta fuerza que doy un respingo.

—¿Qué quieres decir?

—Puedo sentir lo que sientes, y tú sientes lo que siento. No es para tanto.

—¿Que no es para tanto ?

Se me hiela la sangre al tiempo que la rigidez se adueña del cuerpo de Callum. Antes de que me dé tiempo a hacerlo a mí, él cruza la estancia y coge a Blake del cuello para estamparlo contra la puerta cerrada.

—Maldito pedazo de…

El dolor que me asalta me arranca un grito.

Blake alza una ceja.

—¿No has oído lo que acabo de decir? —pregunta—.

Si me hieres a mí, la hieres a ella. Si me matas, ella muere.

Y si tu hermano me captura… Entonces cualquier tortura que me inflija a mí la sufrirá también Aurora.

Así que yo que tú enfocaría mi agresividad en él, porque me he jugado el cuello por vosotros dos y no dudéis que James querrá hacérmelo pagar.