El rey de los lobos 1 Capítulo 49 #2
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Capítulo 49 #2

—No. —Niega con la cabeza con aspecto cansado de repente—. No. No estoy enfadado contigo, princesa.

No lo creo. Me pregunto si es porque he bailado con Blake o si está sucediendo algo peor. Me incorporo.

—¿Qué quería Fiona?

—Te lo contaré pronto. —Se pasa una mano por la boca—. Tengo que ir a comprobar algo. Tú quédate aquí.

Antes de que pueda responder, sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Oigo a Ryan refunfuñando al otro lado.

—Oye, esa mujer de ahí te salvó la vida. Dos veces —gruñe Callum—. Después podrás volver a besuquearte con tu novia, pero ahora quiero que dejes de comportarte como un cachorro insolente y hagas lo que digo.

—Lo siento —murmura Ryan.

—Sí, lo sé. Ten en cuenta que no puede entrar nadie y la princesa no puede salir. ¿Entendido?

—No podré detenerla si…

—Encontrarás el modo de hacerlo. —Callum usó un tono extrañamente brusco—. Confío en ti, ¿vale? No me decepciones.

—No. —De repente oigo un deje de orgullo en la voz de Ryan—. No lo haré.

Me despierto sobresaltada.

Hay una mano sobre mi boca. Me retuerzo bajo las sábanas con las piernas enredadas en las faldas. Cuando consigo enfocar un rostro en la oscuridad, se me calman los latidos.

Callum está agachado junto a mi cama.

Se lleva un dedo a los labios y luego aparta la mano.

—Vístete —susurra y señala una pila de ropa que ha dejado a mis pies—. Y ponte botas.

Se me acelera la respiración al captar la urgencia en su voz. No puedo evitar pensar en la primera vez que me sacó de mis aposentos. Aquella vez también me dijo que me vistiera y me negué a hacerle caso.

Esta vez obedezco. Salgo corriendo de la cama con la mente embotada por culpa del whisky. Se me aceleran los latidos cuando veo que ha elegido para que me ponga unos pantalones marrones y una camisa blanca.

Nunca he llevado pantalones. No sería apropiado. Siempre he llevado vestidos bonitos.

Trago saliva. A continuación me giro y permito que Callum me desate el vestido y el corsé. Me clava la mirada en la espalda y se tensa. Supongo que, con su visión lobuna, es capaz de ver mis cicatrices en la oscuridad.

Me pongo rápidamente la ropa y las botas. Cuando me giro, tiene la mandíbula apretada. Me ata la capa alrededor del cuello.

—¿Qué pasa? —susurro.

—James —responde con aire sombrío—. Te lo explicaré cuando estemos a salvo. Ven. —Me tiende la mano—. Nos vamos.

Me guardo las preguntas. La arruga de preocupación de su ceño y su respiración agitada son las únicas respuestas que necesito ahora mismo. Lo que sea que le haya contado Fiona, lo que haya ido a comprobar, debe de ser realmente preocupante.

Acepto su mano y noto el confort de su calor cuando cierra los dedos alrededor de los míos.

Me saca de mis aposentos y corremos por el oscuro laberinto del castillo. Tomamos los pasillos del servicio para evitar el Gran Salón, donde los lobos siguen bebiendo y bailando a pesar de las horas intempestivas.

Llegamos al salón de entrada y me da un vuelco el corazón.

Las puertas ya están abiertas al otro extremo y la noche se derrama sobre el suelo de piedra. Noto el sabor del brezo y las montañas en la lengua.

Noto el sabor de la libertad.

Hasta que Blake irrumpe en la sala y sus pasos resuenan por todo el espacio. Se detiene justo delante de la puerta y nos bloquea la salida.

Callum se pone rígido y me coloca tras él.

—¿Vais a alguna parte?

Su cabello oscuro se agita con la brisa proveniente del exterior.

—No me obligues a hacerte daño —advierte Callum en voz baja. Es casi un gruñido.

—No me harás daño —repone Blake—. Porque, si nos enfrentamos, armaremos escándalo. Y, si armamos escándalo, tu hermano se asomará a ver qué pasa. No creo que le haga mucha gracia que te lleves su moneda de cambio para obtener el Corazón de la Luna, ¿verdad?

Callum traga saliva. Nunca lo había visto tan tenso. Parece sopesar sus opciones y plantearse si será capaz de vencerlo antes de que llegue su hermano con refuerzos.

No me gusta nuestra situación. Oigo la música y el baile desde aquí.

Salgo de detrás de Callum.

—Por favor, Blake —digo en voz baja.

El cuerpo de Blake permanece totalmente quieto un instante. No soy capaz de leerlo. No entiendo lo que se le pasa por la mente en este momento.

A continuación ladea la cabeza y da un paso al lado.

Callum deja escapar un suspiro y me coge la mano de nuevo.

—Corre rápido, pequeña liebre —dice Blake cuando pasamos junto a él—. Ahora los lobos te persiguen.

—Gracias —susurro mientras salimos al patio.

—No me las des. —Sonríe—. El juego no ha hecho más que empezar.

Me atraviesa un escalofrío, pero Callum tira de mí por el camino empedrado. Corremos hasta los establos, donde está Fiona esperando junto a la yegua gris que nos trajo hasta aquí. Hay dos bolsas voluminosas preparadas y atadas a la silla.

—Te has tomado tu tiempo —comenta con las manos en las caderas.

Le da un abrazo a Callum y él la estrecha con fuerza.

—Gracias —susurra.

—Sí, bueno, no hace falta ponerse emotivo. —Se gira hacia mí—. Buena suerte, Rory. Nos vemos pronto. Espero.

Le devuelvo la sonrisa, a pesar de la preocupación que me encoge el estómago.

—Yo también lo espero.

Callum me ayuda a subir al caballo antes de montar detrás de mí.

Un instante después nos estamos alejando de las puertas del castillo atravesando un terreno agreste.

—¿Adónde me llevas? —pregunto. Mi voz queda prácticamente amortiguada por el sonido de los cascos contra el barro y el estruendoso latido de mi corazón.

—James ha enviado a un mensajero para que busque a Sebastian. Todo lo que ha dicho mi hermano… era mentira. Tiene intención de devolverte y cambiarte por el Corazón de la Luna. Sebastian viene de camino.

Se me cae el alma a los pies y Callum me rodea la cintura con el brazo.

—No te atrapará. —Habla con brusquedad, más enfadado de lo que lo he oído nunca—. Te llevo lejos de todo esto. Te llevo a Highfell. —Me acerca a él y el calor de su cuerpo me envuelve—. Te llevo a casa.