El rey de los lobos 1 Capítulo 47
75%

Capítulo 47

M e has dicho que fuera valiente —siseo.

—Sí, que lo miraras a los ojos, respondieras a sus preguntas y no te acobardaras ante él. ¡No que cuestionaras su derecho al trono! —Blake ríe y esta vez es una carcajada auténtica, no forzada como de costumbre—. Ha sido excelente. No para ti, evidentemente. Pero para mí ha sido muy entretenido.

—Cállate, Blake.

El Gran Salón se llena de voces agitadas. Alguien grita:

—¡Muerte al rey de las Tierras del Sur!

Me muerdo el labio inferior.

—¿Callum es hermano del rey?

Me encuentro al borde de una tormenta que podría estallar en cualquier momento. Solo haría falta que un lobo cargara hacia el estrado o que un alfa desenvainara la espada. Robert parece querer hacerlo mientras le murmura con aire sombrío al grandullón pelirrojo que tiene al lado.

Observo la puerta tras el otro. Si sucede lo peor, correré hacia ahí. Preferiría probar suerte contra el rey de los lobos con Callum a mi lado que contra esta masa rebelde con Blake como única compañía.

Blake parece muy a gusto a mi lado, con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones como si estuviera contemplando uno de los lagos del norte en una mañana tranquila.

Arquea una ceja.

—¿No te lo ha dicho?

La arrogancia de su voz me irrita. Sabe demasiado bien que Callum no me lo ha dicho y es evidente que intenta provocarme.

Un horrible sentimiento de traición se mezcla con la ansiedad creciente en mi estómago. ¿Por qué Callum me ocultaría algo tan importante?

Quiero expresar mis inquietudes, pero no quiero que Blake vea mis debilidades. Trago saliva y me fijo en uno de los tapices que muestran al Lobo Primigenio aullándole a la luna para no tener que ver esa marea de expresiones hostiles.

—Tienen una… relación complicada. —Blake baja la voz hasta un susurro y responde de todos modos a mi pregunta no formulada.

Intento no morder el anzuelo, pero me puede la curiosidad.

—¿En qué sentido?

Blake curva los labios en una sonrisa, como si estuviera encantado de que haya accedido a jugar a este juego con él.

—Su padre inició todo esto. —Inclina la cabeza hacia la multitud de lobos del salón—.

Lo de unir a los clanes. Él fue el primer rey de los lobos.

Cuando… murió… —Blake pone un extraño énfasis en esa palabra y sus ojos brillan con la luz de la mañana que se cuela por las estrechas ventanas—.

El cargo quedó libre. Se asumía que uno de sus hijos tomaría el título, aunque aquí las cosas no funcionan como en las Tierras del Sur.

Nadie tiene un cargo garantizado por la sangre que corre por sus venas.

Más bien, se basa en la sangre que derraman. Cualquier lobo puede subir al trono.

—¿Desafiando al actual rey?

Blake ladea la cabeza.

—Sin embargo, es un asunto más político de lo que les gustaría admitir. Sin el apoyo de la mitad de los clanes como mínimo, el título no significa nada.

—Supongo que las guerras civiles serán continuas.

Una media sonrisa se abre paso en los labios de Blake.

—En efecto.

—¿Qué tiene que ver eso con Callum y James?

—James tenía más apoyo de los clanes aquí. Es más… parecido a su padre. Pero Callum contaba con el apoyo de los clanes de la periferia. —Baja la voz y tengo que esforzarme para oírlo por encima del barullo—. Eso inclinó la balanza a su favor.

—Entonces ¿no tendría que haber ganado?

Blake se encoge de hombros.

—Si hubiera vencido a James.

—¿Perdió el desafío?

—Renunció.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

—Esa es la cuestión, ¿verdad? —dice Blake con los ojos brillantes de intriga—. Una pregunta que todavía se están planteando muchos lobos. Y que se la planteen…

—Debilita el derecho de James al trono. —Bajo la voz porque no quiero que nadie me oiga. Seguro que se considera traición decir algo así—. No se sabe quién habría ganado si hubieran luchado de verdad. Al retirarse, Callum hizo que su hermano pareciera débil.

—Algo que a James no le hace nada de gracia.

Se me encoge el estómago ante esta información.

La extraña calma de Callum al entrar en este nido de lobos y su confianza en que sería capaz de convencer al rey para que me dejara quedarme claramente se apoyaban en su vínculo familiar.

Aun así, parece que tienen una relación complicada… puede que más de lo que él piensa.

La misma amabilidad y sentido de la lealtad que me atrajeron a él podrían suponer mi caída. ¿Se ha pasado de generoso al confiar en su hermano?

Intento relajar mis violentos latidos y me pregunto de qué estarán hablando detrás de esa puerta cerrada.

—Estás impresionante, por cierto —dice Blake con la voz suave como la miel. Me giro hacia él, pero está mirando un punto en la pared sobre las puertas del roble al otro lado del salón—. Nunca deberías fingir que eres menos de lo que eres en realidad.

Se me tensa la mandíbula. Qué irónico viniendo de él. Blake es un hombre cuya personalidad parece completamente fingida. Lleva puesta una máscara de desinterés constante para ocultar sus verdaderas intenciones, sean las que sean.

—¿Y tú no finges?

La puerta detrás del trono se abre y ambos miramos por encima del hombro.

Callum está en el marco de la puerta con el semblante tenso. Me indica que me acerque a él con una sonrisa forzada. Su mirada se posa en Blake y se endurece. Dice algo que no llego a escuchar y Blake inclina la cabeza.

—Como ordene el rey —responde.

Noto el corazón en la garganta mientras bajo los escalones junto al trono hacia Callum. Ha llegado. El momento en el que mi destino quedará sellado.

Blake me sigue de cerca con aspecto aburrido.

—Tranquilízate —susurra con voz sombría—. A los lobos les gusta cazar conejos. Tienes el pulso tan acelerado que hasta a mí me tienta cazarte.

—Cállate —espeto—. ¿Cómo se supone que me vas a ayudar diciendo algo tan repugnante?

—¿Quién dice que intento ayudar?

Cuando llegamos a la puerta, Callum me guía a la habitación. Noto su mano firme y reconfortante en la parte baja de la espalda.

—Todo irá bien —dice en voz baja—. Solo quiere conocerte.

Blake nos sigue y cierra la puerta al entrar, separándonos así del ruido del Gran Salón.

Me siento como si hubiera salido del huracán y me hubiera metido en el ojo de la tormenta.

Nos encontramos en una habitación pequeña y sin ventanas. Es claustrofóbica. No hay escapatoria.

El fuego crepita en la chimenea y llena el aire con el denso aroma a humo de leña. Sobre la repisa hay un gran rectángulo en la pared de piedra más claro que el resto, como si alguna vez hubiera habido ahí un cuadro o un tapiz y lo hubieran retirado después.

No hay muebles más allá de un par de sillones de cuero de respaldo alto. El rey de los lobos está sentado en uno y tamborilea con los dedos sobre el reposabrazos.

Ahora que sé que son hermanos, veo algunas similitudes entre ellos, a pesar del color de cabello distinto y de los tatuajes que cubren los brazos de James.

Altos, de hombros anchos y buena constitución, los imagino a ambos como una imagen temible en un campo de batalla. Su terquedad también es similar y se ve reflejada en su mandíbula y en sus ojos almendrados, aunque los de James son de color avellana.

Nos miramos mutuamente y un silencio incómodo se apodera de la sala. Me obligo a calmar los latidos y a mantener una postura erguida mientras reprimo mis emociones.

«Sé valiente».

Finalmente, James se inclina hacia delante.

—Así que esta es la princesa de las Tierras del Sur.

—Es… —Callum me empieza a hablar, pero James lo interrumpe con la mirada.

—Ya has tenido tu oportunidad de hablar, hermano —dice con un tono áspero y brusco.

Oigo la risita burlona de Blake, apoyado junto a la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho.

Miro a James a los ojos.

—Sí.

—Muchos de mis hombres murieron por vuestra culpa —añade—. Buenos hombres.

Callum aprieta los dientes y un destello de dolor se refleja en sus rasgos como si él mismo cargara con el peso de esas vidas perdidas.

—Y muchos de mis hombres murieron por la vuestra —replico en voz baja.

El rey aprieta la mandíbula igual que hace Callum cuando está disgustado. Se pasa una mano por la barba incipiente.

—Nuestras fuentes nos dicen que tu prometido tiene el Corazón de la Luna. ¿Es eso cierto?

—No tengo ni idea. Solo lo he visto dos veces.

Se gira hacia Blake.

—¿Estamos seguros de que lo tiene?

—Todo lo seguros que podemos estar.

James se levanta y me pongo rígida ante el poder que irradia. Callum se mueve y coloca el brazo delante del mío.

Lucho contra el impulso de retroceder.

—¿Mi hermano te ha deshonrado? —pregunta James en una voz peligrosamente baja.

La indignación crece en mi interior y se me encienden las mejillas.

—Yo nunca… —gruñe Callum.

—¡Puedo olerte en ella, hermano! —James le lanza una mirada fulminante a Callum—.

¿En qué estabas pensando? ¡Has secuestrado a la princesa del enemigo sin consultármelo primero y has desatado la ira del ejército del rey y del de Sebastian!

Es un plan que me habría gustado si mis hombres hubieran estado preparados para ello y si no te hubieras colgado de la muchacha.

¿Sabías que tiene lobos trabajando para él?

Prisioneros convertidos. Si yo puedo olerte en ella, seguro que ellos también.

¿Cómo cojones vamos a poder intercambiarla si Sebastian sabe que tú la has tomado primero?

Se me acelera la respiración y se me encoge el estómago. Siento que mis entrañas se vuelven de acero.

—No vamos a intercambiarla. —Callum tiene el cuerpo completamente inmóvil.

—Olvidas cuál es tu lugar, hermano. No me obligues a meterte en las mazmorras.

Callum ríe, pero no es su risa fácil de siempre, sino que ahora suena oscura y desconocida.

—Me gustaría verte intentarlo.

El aire se espesa en la sala y la tensión es palpable. Es como una goma estirada hasta el límite. Callum tiene la respiración agitada y las mangas de la camisa de James se estiran sobre su bíceps.

Tengo que hacer algo, lo que sea, para evitar que esto suceda.

Si se pelean y James gana, estoy condenada.

Callum será encerrado y dejará mi destino en manos del rey, quien es evidente que no me quiere aquí.

Si Callum gana, lo más probable es que estalle una guerra civil entre los lobos y tendré igualmente a una muchedumbre en mi contra.

—Puedo seros más útil aquí —digo en voz baja, pero clara.

Los dos se giran con brusquedad hacia mí.

—Ni siquiera estáis seguros de que Sebastian tenga en sus manos la reliquia que buscáis.

—Me esfuerzo porque mi voz suene más fuerte y autoritaria—.

Crecí en el palacio de las Tierras del Sur.

Y conozco la Ciudad del Rey. Conozco sus defensas.

Es más, sé cómo funciona la mente de mi padre.

A mi padre y a Sebastian no les importa mi seguridad, no soy más que un peón para ellos, pero les molesta que me hayáis secuestrado.

Los hace parecer débiles. No se detendrán ante nada para recuperarme y eso los volverá descuidados.

Me obligo a mirar al rey de los lobos a los ojos.

—Si queréis ganar esta guerra, no necesitáis una piedra antigua que puede o no tener poderes mágicos. Lo que necesitáis es una estrategia. Me necesitáis a mí.

Un leve atisbo de sonrisa se dibuja en los labios de James cuando me mira.

—¿Y por qué deberíamos confiar en ti, hija del enemigo?

—Eligió venir voluntariamente, ¿sabes? —interviene Blake mirándose las uñas—. Es raro que un conejo se adentre por voluntad propia en una guarida de lobos.

—¿Es eso cierto? —preguntó James.

—Pues sí. —Callum parecía casi orgulloso—. Es cierto.

James suelta un bufido y se ríe.

—Joder. Pues nos la quedamos. Que se jodan esos idiotas sureños. Sin ánimo de ofender, Blake.

Le da un manotazo en el brazo a Callum y pasa junto a nosotros para dirigirse a la puerta.

Cuando me mira por encima del hombro, veo algo indescifrable en su rostro. Me tenso, a pesar de que Callum está relajado a mi lado. Hay algo duro en su mirada. Algo calculador.

No me da buena espina. Se ha dejado convencer demasiado fácil. Demasiados de los suyos han muerto por mí.

Blake también lo observa con cautela.

James sonríe y casi podría llegar a pensar que me lo he imaginado.

—Venga. Dejemos esto atrás. Esta noche lo celebramos. No hay que olvidar que los ejércitos de las Tierras del Sur están en camino. Mañana hablaremos más a fondo sobre cómo puede sernos útil la princesa.