Capítulo 42
P resiono la frente contra la de Callum y dejo que su calor me envuelva.
Me arden los ojos. No soporto pensar en que me lo arrebaten.
—Creía que iba a perderte —susurro con voz espesa.
Me pone una mano en la mejilla con una palma firme y rugosa.
—Estoy bien.
—No te despertabas. Creía… creía que…
—Estoy aquí. —Habla con dulzura. También capto un deje de diversión.
—¿Qué te hace tanta gracia? —Mi aliento se mezcla con el suyo.
—Si hubiera sabido que acabar herido iba a hacer que fueras tan amable conmigo, lo habría hecho antes.
Me aparto y frunzo el ceño levemente.
—No digas esas cosas.
Tiene la piel pálida y está cubierto por una capa de sudor y mugre.
Soy capaz de oler la batalla en él: sangre, tierra y acero.
Pero el aroma de las montañas se abre paso y me envuelve en su familiaridad.
Todavía tiene venas negras extendiéndose desde la herida del hombro.
Son más débiles que antes, pero seguro que aún le duele.
El lobo ha desaparecido de sus ojos y ahora es el hombre el que me mira.
—Pensé en ti cada hora que pasé despierto —dice—. Solo podía pensar en volver a tu lado. No tendría que haberte abandonado. No volveré a hacerlo.
Se me forma un nudo en la garganta. Intento endurecer mi corazón, congelar el calor que se me expande por las venas. Porque no es cierto.
Me intercambiará por el Corazón de la Luna para salvar a su gente y pronto todo habrá terminado.
—Sí que lo harás —susurro.
Tensa la mandíbula.
—No —espeta con la voz ronca—. No, no lo haré.
Le toco la cara y le acaricio la barba incipiente con las yemas de los dedos.
—Callum, me trajiste aquí por un motivo y ahora que el rey de los lobos ha regresado…
—Encontraré otro modo.
—Callum…
Me desliza una mano por la nuca y acerca mi frente a la suya.
—Encontraré otro modo.
Noto su aliento cálido en la piel y se me calienta la sangre.
Nuestros labios casi se rozan. Anhelo hundirme en su calidez, encontrar confort en ella.
A pesar de que sería una tontería. A pesar de que destrozaría la frágil barrera que nos separa y me dejaría expuesta a todo el dolor que todavía está por venir.
Me acaricia la nuca suavemente y se me cierran los párpados.
Hace que me sienta calentita y a salvo. Que sienta que alguien se preocupa por mí.
Me pregunto si volveré a sentirme así alguna vez cuando me envíen de vuelta a casa. Si volveré a sentir algo en algún momento.
Sin pensarlo, lo beso.
Emite un leve gemido y separa los labios. Me entran ganas de subirme encima de él. Quiero estar cerca de Callum en todos los sentidos posibles.
Pero está herido y sé lo mucho que le dolería si sucumbiera por completo a estos sentimientos.
Me aparto.
—No vas a volver con él. —Lo dice con un tono tan firme y fuerte que estoy a punto de creerlo.
Tira de mí de nuevo y apoyo la cabeza en su hombro sano. Suspira y tanto su respiración como sus latidos se calman y se van volviendo más estables con el paso de los minutos.
—Princesa, ¿me harías un favor?
—Sí —respondo y me sorprendo a mí misma por la velocidad de la contestación.
—¿Podrías quitarte el collar de Blake ahora mismo?
Me incorporo de golpe y él me observa con sus ojos somnolientos.
—¡Diosa! Había olvidado que lo llevaba puesto. —Me lo quito y lo arrojo al otro lado de la habitación. Cae al pie del sillón junto a la ventana.
Me invade la vergüenza cuando recuerdo la discusión que estaba teniendo con Callum justo antes de saber que estaba herido. Quería provocarlo. Me siento aún peor cuando pienso en las cosas que Blake ha dicho de mí, en lo que me ha hecho . Me ha besado .
—No lo elegí por encima de ti, Callum. Nunca haría algo así. Isla…
Me giro, pero veo que tiene los párpados cerrados. Veo una leve sonrisa de satisfacción en su rostro y su pecho desnudo sube y baja de manera constante.
—¿Mm?
—Ya te lo contaré. —Me coloco su brazo por encima de los hombros—. Venga, vamos a meterte en la cama.
Intento levantarlo, pero creo que me resultaría más fácil elevar una de las montañas del exterior. Así que me acurruco junto a él en el suelo y dejo que me envuelva su calor.
Su brazo se estrecha alrededor de mis hombros, me acerca a él y suspira de nuevo.
Pronto, su suave ronquido llena sus aposentos.
Ya es tarde cuando Callum y yo nos sentamos en su cama, apoyados contra el cabecero, para devorar el pan y el queso que nos ha traído el personal de servicio. También me han ayudado a cambiar las sábanas mientras dormía, así que ya no tiene la manta manchada de sangre.
El cambio en él es evidente, incluso bajo la luz titilante de las velas. Se ha pasado el día durmiendo. El color ha regresado a sus mejillas y ahora le brillan los ojos. Ya no huele a campo de batalla ahora que lo he ayudado a lavarse la suciedad que le cubría la piel y tiene la herida casi curada.
Se ha quitado el kilt que llevaba en la batalla y se ha puesto unos pantalones anchos de algodón. Apoya las manos en las rodillas. Me ha dado una camisa a mí también porque tenía el vestido cubierto de sangre y no quería dejarlo para cambiarme en mis aposentos.
Me siento con las rodillas pegadas al pecho y la tela de la camisa por encima de las piernas. Llevar su ropa me resulta revelador e íntimo. También huele a él y apenas puedo concentrarme mientras le cuento lo que sucedió durante su ausencia.
Sin embargo, él me escucha atentamente y se le oscurece la mirada cuando le digo que sospecho que Isla me robó su collar.
—¿Estás segura de que fue ella? —pregunta.
Giro la cabeza hacia él.
—Sí.
—No digo que no te crea, princesa. Supongo que solo estoy sorprendido. Sabía que la muchacha sentía cierta debilidad por mí, pero desafiar a su alfa de ese modo… —Frunce el ceño—. Pero ¿te dio la nota?
—¿Qué nota?
—La nota que… —Adquiere una expresión de entendimiento. Deja caer el pedazo de pan en el plato y se frota la cara con ambas manos—. Joder. No me extraña que estuvieras tan enfadada conmigo.
—¿Me escribiste una nota antes de marcharte?
—Jamás me habría ido sin decirte nada. —Se le tensa la mandíbula—. Hablaré con Isla al respecto. Te lo prometo, princesa. No volverá a importunarte.
Pongo los ojos en blanco.
—Puedo con Isla.
Sonríe.
—¿Puedes?
—Sí. Y no estás entendiendo el punto clave. ¿Por qué no viniste simplemente y me dijiste que te marchabas? —Cuando abre la boca para responder, le dirijo una mirada afilada—. Y no me digas que no tuviste tiempo.
Se pasa una mano por la nuca y fija la mirada a los pies de la cama.
—Tendría que haber vuelto a tus aposentos para despedirme, lo sé. Pero antes de eso, cuando te besé, te saboreé, te tuve debajo de mí en aquella cama… —Se me encienden las mejillas, pero él no parece avergonzado en absoluto—. Perdí el control. Sentí al lobo…
—No te tengo miedo. Ya te lo dije. El lobo no me da miedo.
—Pero yo sí que tenía miedo. La única vez que siento que pierdo el control de ese modo es cuando hay luna llena. Nadie me ha hecho sentir así nunca. Estaba asustado .
—¿Te asusta perder el control conmigo?
—Por supuesto.
La tristeza florece en mi pecho y se me forma un nudo en la garganta. Aparto la mirada con la mandíbula rígida.
—Ah. Claro.
—¿Eso te molesta? —Capto un deje de confusión en su voz.
Me encojo de hombros y me obligo a darle un mordisco al pan.
—No, lo entiendo. —Noto el pan seco al bajarme por la garganta—. Tienes que intercambiarme por el Corazón de la Luna. Dijiste que no me tocarías. No le serviría de nada a Sebastian si… si pierdes el control conmigo.
Callum no responde. Solo oigo las llamas crepitando en la chimenea, el viento aullando en el exterior y mis latidos enfadados. Con cautela, coloca mi plato sobre el suyo y deja ambos en la mesita de noche.
Me coloca una mano en la mandíbula con suavidad y me gira la cabeza para que lo mire.
Está más serio que nunca. Puede que también algo… triste.
—¿De verdad lo piensas? —Frunce el ceño—.
¿Crees que me importa una mierda lo que piense Sebastian?
¿Que le daría la más mínima consideración cuando se trata de ti y de mí?
Princesa, prometí no tocarte porque es lo correcto.
Y es una promesa que me cuesta más mantener cada día, cada hora y cada segundo que paso contigo.
Pero debo hacerlo. Porque te traje aquí.
—Niega con la cabeza y su voz se vuelve más espesa—.
Te separé de tu casa, de tu cama y de tu gente.
Te convertí en mi prisionera, Aurora. —Le brillan los ojos y fija la atención en los postes del extremo de la cama—.
Crees que siempre hay elección, pero no es así.
No sin libertad. No puedes elegirme cuando no eres libre de verdad.
Sus palabras me toman por sorpresa. Las emociones me azotan el pecho con la misma fuerza que el viento que sacude las ventanas.
—Callum, no me tomaste prisionera.
No estoy segura de si me siento aliviada, confundida, divertida o desconsolada. Es abrumador. Y, sin embargo, por una vez, no quiero enterrar mis emociones. Quiero abrazarlas. Quiero sentir .
Me recoloco en la cama y le giro la cara hacia mí.
—Yo decidí venir. Y me alegro de haberlo hecho. Nunca me he sentido tan libre como me siento contigo. Y… bueno… —Respiro hondo—. Hay otra cosa.
—¿El qué?
Me muerdo el labio inferior.
—Tenía planeado pasarle información sobre los lobos a mi padre cuando me llevaras de vuelta. Iba a usarlo para escaquearme de mi matrimonio con Sebastian.
Callum se queda inmóvil. En algún momento durante el tiempo que hemos pasado juntos, me he permitido olvidar que es un guerrero feroz, a pesar de que resulta evidente por el modo en el que aprieta la mandíbula y por la tensión que emana de él. ¿He sido una estúpida por admitir esto ante él?
Una vez me confesó que moriría por salvar a los suyos.
—¿Todavía piensas hacerlo? —pregunta.
—No quiero casarme con él, Callum.
—Ya, lo sé. Pero… —Me pone una mano en la mejilla—. No puedes decirle a nadie más lo que acabas de contarme. Si el rey se entera… Por favor, dime que lo entiendes.
—No soy estúpida.
Algo parecido al alivio florece en su mirada.
—No, no lo eres. —Una dulce sonrisa tira de sus labios y niega con la cabeza—. Mi pequeña espía.
Ese posesivo despierta algo en mi interior.
—¿No estás preocupado? —pregunto.
—Para mí no supone ninguna diferencia. —Se encoge de hombros—. No vas a volver con él.
—Así que, como ves, nunca he sido una prisionera.
Deja caer la mano y suspira.
—Puede que tú pienses eso, princesa, pero no estoy de acuerdo.
—¡Por el amor de la Diosa, Callum! ¿Quieres dejar de comportarte como un maldito… caballero?
Arquea las cejas y se queda inmóvil.
Baja la mirada a mi cuerpo y la camisa que llevo puesta, y algo inescrutable se dibuja en su expresión.
—Así que espía en lugar de prisionera, ¿no? —Cuando me mira a los ojos de nuevo, la picardía se entrelaza con la oscuridad—. Nunca pensé que me pedirías que no me comportara como un caballero, princesa.
Se pasa los dientes por el labio inferior como si estuviera considerando algo. A continuación sonríe. En un movimiento repentino, me coloca boca arriba y se pone encima de mí, dejándome atrapada entre sus brazos. Acerca la boca a mi oreja y me estremezco cuando su aliento me roza la piel.
—Pero será un placer obedecer —susurra.