El rey de los lobos 1 Capítulo 41
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Capítulo 41

I rrumpo en la habitación de Blake.

Está recostado en un sillón junto a la ventana y no levanta la mirada de su libro, el tomo azul con estrellas en el lomo que cogió de mis aposentos.

—Pasa, por favor, pequeña liebre. —Pasa la página—. No tienes por qué llamar.

—Está herido. Tienes que venir. Ya .

—¿Qué le pasa?

—Acónito.

Me devuelve una expresión inescrutable, pero se levanta.

Deja el libro sobre el escritorio, que ha ordenado después de la otra noche. De hecho, la estancia está impecable: la cama hecha, los libros colocados en las estanterías de la pared y ya no hay fragmentos de cristal roto sobre la alfombra junto a la chimenea.

Saca una caja de cuero negro de uno de los cajones de su armario y se dirige a la puerta. Lo sigo de cerca.

Cuando entramos en los aposentos de Callum, se me cae el alma a los pies.

Se ha movido hasta la cama y su edredón de plumas está totalmente manchado de sangre. Respira de manera entrecortada y apenas se mueve.

—¿Callum? —Atravieso la habitación a toda prisa y le cojo la mano.

Sus dedos no se curvan alrededor de los míos como suelen hacer y tiene la piel fría.

Veo puntos luminosos ante los ojos mientras Blake se arrodilla a mi lado.

Agarra a Callum por el hombro e inspecciona la herida.

—¿Por qué no has vuelto antes, idiota cabezota?

Callum tiene la mirada vidriosa, no estoy segura de que pueda oír lo que le dice Blake.

La habitación se inclina bajo mis pies. Reconozco la expresión de su rostro. Se parece a la que mostraba mi madre poco antes de morir.

—Sujétalo por los hombros. —La orden de Blake me trae de vuelta a mi cuerpo.

Me inclino sobre la cama mientras él saca un pequeño frasco traslúcido de su maletín.

—Prepárate —dice Blake—. Esto no le va a gustar.

Me obligo a respirar, a pesar de que el aire está cargado con el olor de la sangre y el veneno. Se mezcla con el denso humo que sale de la chimenea.

Asiento al recordar la resistencia que opuso Ryan al antídoto cuando se le administró. Y Callum lo duplica en fuerza y tamaño.

Blake le quita el corcho al frasco y vierte alrededor de la mitad sobre la herida. El líquido sisea y me tenso, preparada para luchar.

Callum no reacciona.

Me invaden las náuseas.

—Vamos, Callum, por favor .

Blake me aparta a un lado y lo agarra del pelo. Le vierte el resto del líquido en la boca y le tapa los labios con la mano. Cuando se aparta, el líquido gotea por la barbilla de Callum.

Blake suspira y el pánico se arremolina en mi pecho.

—¿Por qué no funciona? —pregunto.

Blake mira fijamente a Callum.

—Si es así como quieres irte, no te lo impediré. —Apoya los antebrazos en el colchón y se inclina hacia delante—. No te preocupes, yo cuidaré de tu mascotita cuando no estés.

—Blake —lo advierto.

Callum abre los ojos un breve instante.

—¿Sabes? Todavía no he decidido cómo me la follaré primero —continúa Blake con voz grave y seductora—. Si con los dedos o con la lengua.

Callum gira la cabeza a un lado y gruñe.

Blake eleva la comisura de los labios.

—¿Tú qué crees que debería hacer? Hay muchas posibilidades. Puede que le diga que se siente en mi cara.

Callum ruge, pero el sonido muere en su garganta cuando arquea la espalda sobre el colchón.

—¡Para! —espeto.

Blake se inclina hacia delante y baja la voz a un susurro.

—Puede que la ponga de rodillas ante mí mientras me siento en el trono de James, que la agarre del pelo al tiempo que sus labios se mueven de arriba abajo por mi polla mientras le follo la boca.

Callum abre los ojos de golpe. Están repletos de rabia y no los aparta de los de Blake. Se agarra a las sábanas de la cama.

—Me pregunto… —prosigue Blake.

—¡Ya es suficiente! —Me lanzo hacia él.

Me rodea la cintura con el brazo, me sube en su regazo y estampa la boca contra la mía.

Me tenso. Se me ponen todos los músculos rígidos y se me hiela la sangre. Por un momento siento que el tiempo se mueve demasiado rápido y demasiado lento a la vez.

Vuelve todo a mí: la boca de Blake aplastada contra la mía, su brazo sujetándome con fuerza contra él, la sensación de sus muslos en tensión debajo de mi cuerpo. Apenas respira. Creo que yo tampoco lo hago. Me aparto y levanto la mano para abofetearlo.

No obstante, antes de que impacte contra su rostro, algo me arrebata el aire de los pulmones.

Noto calor y músculos en la espalda y el pecho mientras caemos los tres al suelo. Los tablones crujen. O puede que haya sido la cabeza de Blake al golpearse contra la superficie de madera. El rugido de Callum vibra contra mi oreja. Un olor a sudor masculino me invade las fosas nasales.

Me aparto de ellos con el pelo en la cara y la respiración agitada.

Blake toma la delantera por un momento y casi tropiezo contra la bañera de cobre cuando ruedan por el suelo. Los esquivo y me agarro al cabecero de la cama de caoba mientras Callum inmoviliza a Blake y le rodea el cuello con las manos.

—Aquí está —dice Blake con la voz entrecortada.

Callum tiene un brillo salvaje en los ojos. Se le marcan todos los músculos de los brazos y emana furia en oleadas. Me parece casi inconcebible que apenas un minuto antes estuviera en la cama al borde de la muerte.

Blake inclina la cabeza para mirarme. Le gotea sangre de la nariz.

—Necesito un poquito de ayuda —dice entre jadeos.

Noto el corazón contra las costillas. Mi mente no es capaz de procesar lo que está pasando. Es como si hubiera salido flotando de mi cuerpo y lo estuviera contemplando todo desde la distancia. Callum se estaba muriendo, Blake me ha besado y ahora se están peleando.

—¿Por qué demonios debería ayudarte?

Me fijo en el rostro de Callum y en la mirada fulminante del lobo en sus ojos, un lobo que está luchando contra Blake y contra el acónito al mismo tiempo.

— Aurora —jadea Blake.

Regreso a mi cuerpo.

—Callum —digo.

A pesar de la ira que domina todos los músculos de su cuerpo, me mira. Esa distracción es suficiente para que Blake lo empuje sobre su espalda. Callum gime, apoya la cabeza en el suelo y las ganas de pelea abandonan su cuerpo.

—Joder —gime.

—Lo sé, lo sé —lo tranquiliza Blake. Le sale sangre de la nariz y brilla bajo la luz de la mañana.

—Blake, un día de estos… —murmura Callum.

—Sí, sí. Estoy seguro de que intentarás matarme.

Blake se arrodilla y Callum lo agarra por la muñeca antes de que pueda levantarse por completo.

—¿Por qué?

Una sonrisa pícara se abre paso en el rostro de Blake.

—Porque te necesito con vida.

Le da un par de palmaditas en la mejilla, se levanta y se dirige a la puerta.

—No vuelvas a tocarla jamás —espeta Callum.

Blake me mira por encima del hombro. Muestra una expresión gélida que estoy convencida de que es un reflejo de la mía. Se gira rápidamente y desaparece por el pasillo.

—¿Princesa? ¿Estás bien?

Miro a Callum y arqueo las cejas con mil preguntas.

—¿ Tú me lo preguntas a mí ?

Me dedica una leve sonrisa y me dejo caer de rodillas a su lado.