Capítulo 35
A hora mismo, Callum no es el hombre que he llegado a conocer. No es tierno, amable y protector. Es el lobo que persiguió a Blake en el bosque: salvaje, indómito y hambriento.
Tiene los músculos tensos y parece que sus bíceps estén a punto de desgarrar las mangas arremangadas. Sus antebrazos son fibrosos y duros como el acero.
Y su aroma… Diosa, su aroma. Es al mismo tiempo oscuro, primitivo y poderoso.
Le brillan los ojos en la oscuridad y los tiene clavados en los míos.
Tengo todo el cuerpo caliente. Dolorido. Inquieto.
¿Qué le pasa? ¿Qué me pasa?
No consigo decidir si huir o correr hacia él.
Estoy atrapada. No puedo moverme, aunque el viento de las Tierras del Norte parece rugir en mi interior.
El aire palpita cuando se acerca irradiando calor.
—¡Callum! —Una aguda voz femenina atraviesa la oscuridad.
Él se gira y gruñe. Su poder retumba en el rellano cuando aparece Fiona, jadeando. Se detiene en seco en lo alto de la escalera de caracol y separa las piernas como si se estuviera preparando para pelear, a pesar de que solo lleve un fino camisón y el largo cabello castaño suelto.
—¡Callum! —exclama con tono autoritario, a pesar de la cautela que se refleja en su rostro—. Vete y cálmate.
Él gruñe con un sonido profundo y amenazante. Se acerca sigilosamente hacia ella.
Ella echa la cabeza atrás y aprieta los dientes. El lobo se refleja en los ojos de Fiona. Callum tiene los puños apretados a los lados.
—Cálmate. De. Una. Puta. Vez. —Fiona le golpea el pecho con cada palabra—. Ya .
Él gruñe y no puedo evitar maravillarme con el coraje de Fiona. Ni siquiera se estremece.
Aunque temo por ella. Callum no está en sus cabales.
Intento llegar a él con el pensamiento como si mi voluntad bastara para impedir que le hiciera daño.
«¡Cálmate! ¡Cálmate!».
Los anchos hombros de Callum se relajan. Algo cambia en el aire.
La aparta de un empujón y baja las escaleras a grandes zancadas.
El cuerpo de Fiona se desinfla y el lobo desaparece de su mirada. Exhalo y me dejo caer contra el marco de la puerta, a pesar de la tensión que se acumula en mi interior.
—Bueno, eso ha sido… interesante —dice Blake.
Casi había olvidado que estaba aquí.
Se apoya contra la pared de piedra y la luz de las antorchas baña los rasgos de su rostro. Tiene los botones superiores de la camisa desabrochados por donde lo ha cogido Callum. Mira a Fiona con una ceja arqueada.
—Una palabra de esto a cualquiera y acabaré contigo —declara señalándolo con el dedo—. Y ahora, lárgate.
Blake baja la cabeza con deferencia. Casi parece que le esté haciendo una reverencia. Fiona se estremece, aunque no estoy segura de por qué.
Se aparta de la pared y pasa junto a ella a ritmo tranquilo para bajar las escaleras.
—Lo he dicho en serio —sisea Fiona—. Ni una palabra.
La oscuridad no responde.
Parece preocupada. Cuando se da cuenta de que la estoy mirando, se recompone y me ofrece una sonrisa.
—¿Estás bien? —le pregunto.
Se ríe, y la oscuridad que la estuviera atormentando se esfuma.
—¿Me preguntas tú a mí? Sí. Estoy bien. ¿Tú estás bien?
—Sí. —Me muerdo el labio inferior—. ¿Qué… qué le pasa? ¿Está bien?
—Callum. Ah, sí. Ese patán está bien. Aunque luego seguro que se siente avergonzado. Es… una cosa de lobos.
Sonríe cuando ve que me cruzo de brazos.
—Puede que sea mejor mantener esta conversación en un lugar privado. —Señala por encima de mi hombro.
Doy un paso a un lado y entra en mi habitación.
Se sienta sobre mi cama, se apoya contra la pared y estira los pies descalzos por un lado del colchón mientras cierro la puerta.
—¿Por qué se ha puesto así? —pregunto.
Me siento a su lado, aunque dejo una distancia prudencial entre ambas. No estoy acostumbrada a que la gente esté cómoda a mi lado.
—Se ha vuelto… muy cercano a ti desde que te trajo. Y es la noche posterior a la luna llena. El lobo todavía no se ha calmado. —Se muerde el labio inferior—. Esto puede resultarte un poco… incómodo…, pero ¿estabas liberando algo de tensión antes?
Emana un aura de diversión maliciosa.
Frunzo el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes… ¿satisfaciendo una necesidad? ¿Liberando frustraciones? —Como la miro sin comprender, susurra—: Bueno… ¿tocándote?
Se me encienden las mejillas.
—¿Qué? ¡No!
Arquea las cejas.
—¿No? Bueno. ¿Estabas algo… inquieta?
Tengo la cara ardiendo. Miro la estantería que hay al otro lado de la habitación y recuerdo el sueño que he tenido con Callum.
—¡No!
Fiona ríe en voz baja.
—No tienes nada de lo que avergonzarte. Tu aroma… cambia dependiendo de tus emociones. Miedo. Ira. Excitación . Como lobos, a menudo podemos percibir esos cambios. Sobre todo cuando estamos muy unidos a alguien.
El corazón me late con fuerza contra las costillas y los fríos dedos de la vergüenza me envuelven el corazón.
—¿Ha olido mi sueño?
—Ah, ¿así que ha sido un sueño? —Sonríe—. No estoy del todo segura de lo que ha pasado. Supongo que ha notado el cambio en ti y ha venido a hacer guardia por si algún otro lobo lo notaba también. Como Blake.
—¿Blake? —Se me hiela la sangre y la repulsión me recorre el cuerpo.
—Seguro que eso es lo que ha enfurecido a Callum. Cuando ha dejado que el lobo tomara el control…, bueno… Su atención se ha centrado en ti. —Niega con la cabeza—. Nunca lo había visto tan alterado.
Traga saliva y el color desaparece de su rostro.
—Entonces… Callum y yo… —Se pellizca el puente de la nariz—. Delante de Blake… mierda.
—¿Qué?
Se frota las manos.
—He desafiado a Callum, mi alfa. Y él se ha echado atrás.
—¿Y eso es malo?
—Correcto. Es malo. Es…
—¿Una cosa de lobos? —pregunto con la ceja arqueada.
—Correcto. —Suspira y el aliento se condensa delante de su rostro—. Eso me da el derecho a desafiarlo abiertamente por el puesto de alfa de Highfell.
Me siento algo preocupada por Callum, pero mi curiosidad se ha disparado.
—¿Una mujer puede ser alfa?
—Pues sí. Aunque es raro. Las tradiciones arcaicas hacen que sea más difícil que lleguemos a ese estatus.
—¿Vas a desafiarlo?
Deja escapar una carcajada sombría.
—No. Claro que no. No tengo ninguna intención de ocupar el cargo.
—Entonces ¿qué te preocupa?
—Pues que si Blake se lo cuenta a alguien y se vuelve algo de conocimiento general, Callum y yo tendremos que luchar. Físicamente. En público. —Tiene una mirada oscura e inexpresiva—. Ley de lobos.
Intenta parecer impasible, pero no deja de mover los dedos.
—Blake no se lo dirá a nadie —le aseguro.
—Más le vale.
—Todavía no le ha hablado a nadie de mí.
Me mira con una expresión casi lastimera, como si fuera una ingenua.
—No lo hace por la bondad de su corazón, Rory. Está jugando a algo.
Me contengo para no poner los ojos en blanco. No soy tonta.
—Lo sé. Nos tiene a todos donde quiere. Que tú desafiaras a Callum por el puesto de alfa desbarataría sus planes. No lo dirá.
Fiona me mira con desconcierto. Me analiza.
—Pareces entender a esa serpiente mejor que cualquiera de nosotros —comenta.
—Crecí en el palacio, un nido de víboras. Habría sido una estupidez no aprender su idioma.
—Espero que tengas razón. —Se levanta de la cama y se dirige a la puerta—. ¿Puedo preguntarte algo, Rory?
Tiene una mirada tan penetrante que tengo que obligarme a sostenérsela.
No quiero que mire demasiado dentro de mí.
Me da miedo que vea que yo también soy una víbora.
¿Acaso no permití que me trajeran hasta aquí para recopilar información sobre los lobos y así usarla más adelante para negociar mi libertad?
—¿Quieres volver a casa? —pregunta—. A las Tierras del Sur. Con tu padre. Y con Sebastian.
Se me tensan todos los músculos del cuerpo y se me ponen los huesos rígidos.
«No», grita mi alma. Pero vuelvo a ser la estatua de mis sueños y no consigo pronunciar las palabras. «No. No. No».
No estoy preparada para responder a esa pregunta. No estoy preparada para admitir que quiero renunciar a mi deber, a mi reino, a mi papel como princesa.
No estoy preparada para pronunciar la verdad en voz alta.
Soy una traidora para las Tierras del Sur.
—¿Por qué me preguntas eso? —Tengo que esforzarme para mantener la calma en la voz.
—Porque tienes razón. Sí que hablas su idioma. —Se encoge de hombros—. Creo que podrías resultarnos más útil que siendo un mero rehén que intercambiar por el Corazón de la Luna, ¿no te parece?
No respondo. Puede que no quiera volver a casa. Pero eso no implica que quiera cometer traición.
Cierra la puerta tras ella y me deja a solas con mis pensamientos y la oscuridad.
Me siento inquieta al volver a la cama. Mi mente da vueltas con todo lo que ha dicho Fiona. Mis pensamientos son como dagas. Estoy destinada a traicionar a mi reino o a traicionar a Callum si le cuento a mi padre todo lo que he aprendido de los lobos desde que llegué.
Entre toda la culpa, no dejo de pensar en Callum acechándome con una mirada oscura y llena de intenciones.
¿Qué habría sucedido si no hubiera llegado Fiona?
¿Habría apartado a Blake y me habría besado? ¿Me habría llevado a la cama? ¿Habría aliviado este dolor que me consume?
Un calor intenso me atraviesa el cuerpo y palpita entre mis piernas.
Ardo al imaginar su boca sobre la mía, sus manos agarrándome las caderas. Deslizo la mano muslo arriba imaginando que es la suya. Me duele. Necesito que pare. Necesito…
Alguien llama a mi puerta y doy un respingo. Sin necesidad de abrir, sé que se trata de Callum.
Con las mejillas encendidas, salgo de la cama y atravieso la habitación. Abro levemente la puerta con el corazón desbocado.
Los ojos de Callum vuelven a ser humanos. Muestra una expresión amable. Arrepentida, incluso. Está empapado, con la camisa y los pantalones pegados al cuerpo. Como de costumbre, desprende calor.
—¿Puedo pasar? —pregunta.