El rey de los lobos 1 Capítulo 26
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Capítulo 26

A cónito». El aire parece huir de la enfermería cuando lo digo. Callum se pone tenso y un sollozo escapa de entre los labios de Becky.

En el libro que leí no parecía que hubiera una cura.

—¿Puedes curarlo? —El timbre de súplica en la voz de Callum rompe algo dentro de mí.

—Tal vez.

Blake se dirige a la mesa de trabajo y selecciona una pipeta. Toma una muestra de sangre de Ryan y la sostiene contra la luz titilante de la antorcha que hay en la pared.

—¿Qué haces? —pregunto.

—Identificando el tipo de acónito.

Callum me busca con la mirada. Me doy cuenta de que está perdido, a la deriva, en busca de algo a lo que aferrarse. Y, aunque apenas nos conocemos, quiere que ese algo sea yo.

Conozco la sensación. Sentí que me ahogaba mientras mi madre moría, y yo también quise aferrarme a alguien, a quien fuera —mi padre, mi hermano, mis damas de compañía—, para mantenerme a flote. El problema era que, en mi casa, todos estuvieron fuera de mi alcance.

Yo no voy a hacerle eso a Callum.

Redirijo la mirada hacia Blake.

—¿Se le puede curar?

—Solo hay una persona en las Tierras del Norte que sepa de un antídoto —responde Blake.

—¿Tú?

Sus labios se curvan en una sonrisa. Regresa a su mesa de trabajo y empieza a mezclar elementos en una cubeta.

—Mantén la presión en la herida —le dice a Callum.

Cuando vuelve a acercarse, Blake echa la cabeza de Ryan hacia atrás y le vierte el líquido en la boca. El chico tose.

Yo me acerco un poco más y contemplo la escena por encima de la cabeza de Becky.

—¿Ese es el antídoto?

—Sí.

—¿De qué está hecho?

—Si te lo dijera, tendría que matarte. —Lo dice como si nada, pero tengo el firme presentimiento de que no es una amenaza vacua—. Sujétalo bien.

—Lo estoy sujetando —masculla Callum—. Cúralo.

—¿Cómo funciona? —pregunto.

Ryan abre los ojos de golpe. Arquea la espalda hasta el punto de que los hombros parecen doblársele de forma antinatural y grita.

Blake le tapa la boca con la mano para obligarle a ingerir el líquido que le ha suministrado y que el chico está intentando escupir.

—¿Es necesario? —le espeta Callum.

—¡Déjalo! —brama Becky—. Le estás haciendo daño. ¡Para!

Observo el corte en el costado de Ryan, fascinada. La hemorragia está disminuyendo. Sí, le está haciendo daño, pero también le está curando .

Sin embargo, Becky no lo ve y se lanza contra Blake. Él la agarra del brazo con la mano que le queda libre.

—Sacadla de aquí —ordena.

Callum me mira y yo distingo la petición en sus ojos. El ruego.

—Vamos, Becky. —Le toco el hombro con amabilidad—. Vamos a…

—No. La pequeña liebre se queda. —Blake mira a Callum—. La sacas tú .

Callum se pone rígido.

—Si por un momento has pensado que voy a dejarla sola contigo…

—¿Quieres que lo cure o no?

Callum traga saliva.

—Sí, pero…

Se estremece ante el espeluznante grito que brota de Ryan.

—Entonces llévate a la chica y deja aquí a tu mascota —dice Blake—. Me resulta más útil que tú.

A pesar de que me molesta que me llame mascota, tiene razón.

Puedo serle de ayuda, mientras que Callum está demasiado afectado.

Salta a la vista que, sea cual sea la lucha que habrá de librar Ryan, resultará dolorosa…

Su alfa tiene pinta de querer ahorrarle toda clase de dolor, y la forma más sencilla de hacerlo sería deshacerse de Blake.

No obstante, parece que este sabe muy bien lo que hace.

Está curando a Ryan como nadie supo curar a mi madre.

—No pasa nada, Callum —digo con delicadeza—. Deberías llevarte a Becky afuera.

Sé que a Callum no le entusiasma nada separarse de mí o de Ryan, así que busco el modo de hacerle creer que está en control de la situación.

—Alguien tiene que averiguar qué ha pasado —señalo—. Hay más gente que podría estar en peligro. Deberías irte con Becky y hablar con Fergus.

Callum deja escapar un suspiro profundo, trémulo.

—¿Seguro?

—Sí.

Blake pone la mano sobre la herida de Ryan en cuanto Callum se levanta. Los ojos de este último se entornan en dirección al sanador.

—Si la tocas, aunque solo sea un pelo…

—Sí, sí, me matarás de la manera menos original posible. No te preocupes. No daño aquello que me resulta útil.

El calor de Callum me inunda nada más sentir el leve apretón que me da en el hombro.

—Estaré bien.

Callum agarra del brazo a una llorosa Becky y la conduce fuera de la enfermería.

—Si me necesitas, te oiré.

—Lo sé.

Salen de la habitación y cierran la puerta tras de sí.

—¿«Más gente en peligro»? —repite Blake, y pone los ojos en blanco—. Eres una pequeña manipuladora, ¿eh?

Lo fulmino con la mirada. No me gusta que se me tache de manipuladora, porque no lo he sido: solo intentaba ayudar.

—He conseguido que se vaya, ¿no?

Blake sonríe.

—En mi mesa de trabajo hay aguja e hilo, ve a por ellos. Y coge también el recipiente con el ungüento.

Me apresuro a hacer lo que me dice. El recipiente se encuentra entre un montón de frascos de cristal, morteros y hierbas secas. Lo cojo y después abro su maletín, en el que encuentro bisturíes metálicos y fríos, así como los instrumentos que me ha pedido.

Una vez me he hecho con ellos, me arrodillo a su lado.

—Pon el ungüento en la herida.

—¿Qué es?

Levanto la tapa. Desprende un fuerte aroma, como a alcohol. Al aplicarlo al corte que Ryan tiene en el costado, este aúlla de dolor. Blake lo sujeta por los hombros para que no se mueva.

—Es para eliminar bacterias. Los lobos sanamos deprisa, pero eso no significa que nuestras heridas no se infecten. Ahora cóselo.

—¿Que lo cosa?

—Sí. Imagínate que es un vestido.

Me lo quedo mirando. ¿Acaso ha oído la conversación que he mantenido con Callum?

Señala la herida con un movimiento de cabeza.

—Venga.

Cojo la aguja y el hilo. Detengo la mano, un tanto temblorosa, sobre la herida abierta. No soy remilgada en absoluto cuando se trata de sangre y heridas, pero esto es algo que nunca he hecho.

Blake se inclina hacia mí, lo que me permite captar su fragancia a bosque nocturno. Pellizca la herida por ambos lados para juntar la carne. Me arrebata la aguja.

—Así —dice. Agujerea la piel con la aguja y Ryan vuelve a gritar mientras el hilo lo atraviesa—. Después haces un nudo. Así.

Me devuelve la aguja.

Imito los movimientos de Blake y atravieso la piel de Ryan con ella.

—El acónito es un veneno interesante —comenta él—. Ataca al lobo que llevamos dentro. Impide que nos curemos, hace que nuestra temperatura corporal descienda, merma nuestras fuerzas.

Con cada tirón del hilo, la herida se vuelve más y más pequeña y yo me siento más satisfecha. Para cuando termino, la mano me ha dejado de temblar.

—¿Cómo funciona el antídoto?

—Obliga al lobo a presentar batalla. —Señala el hilo—. Ahora tira de aquí, aprieta… Eso. Bien. Corta el hilo.

Me pasa unas tijeras y obedezco.

—¿Cómo lo descubriste? —indago.

Se acerca a su mesa de trabajo y se limpia la mano con un trapo.

—No quieres saberlo.

Me centro en Ryan. Ya no está tan pálido, y su respiración empieza a acompasarse.

—¿Se pondrá bien?

—Eso depende.

—¿De qué?

—De la fuerza de su lobo.

Cuando Ryan se enfrentó a Callum en el recinto de lucha, mostró valor. Encaró su destino con entereza y dignidad.

—Es fuerte.

—No especialmente. —Blake suelta el trapo ahora ensangrentado y sonríe al ver que le estoy mirando fijamente—. Pero era una variante muy débil de acónito. Se pondrá bien.

Dejo escapar el aliento despacio. Es como si me hubieran quitado un peso de encima. No reprimo la sonrisa que lucha por manifestarse en mi rostro.

Blake me mira con curiosidad. Después dirige la mirada con aparente pereza hacia la puerta.

—Da la impresión de que tú también estás sufriendo un poco, pequeña liebre —dice—. Dolor muscular, supongo que debido a tu viaje hasta aquí. Si me visitas en mis aposentos esta noche, te daré algo que te ayudará.

Callum irrumpe de nuevo en la enfermería.

—Está recuperándose —informa Blake antes de que el alfa pueda mediar palabra—. Puedes llevártelo a su habitación, si has…

Blake entorna la mirada en dirección a Ryan. Rebusca en su bolsillo y extrae algo de él.

—¿Qué es eso? —Callum extiende la mano.

Blake lo gira, mostrando así un sobre teñido de sangre. En vez de dárselo a Callum, me lo entrega a mí.

Frunzo el ceño.

En la parte delantera, escrito con elegante caligrafía, pone «Aurora».

Le doy la vuelta con el corazón desbocado. El sello lacrado presenta una estrella en el centro: el emblema de las Tierras Fronterizas.

Se me enfría la piel mientras rasgo el sobre para leer el contenido.

Un obsequio para ti, mi amada.

Considera al muchacho tu regalo de compromiso. Sé que te inspira simpatía desde que lo vimos en la pelea de perros.

Nos vemos muy pronto.

Tuyo,

S EBASTIAN