Capítulo 20
S e me seca la boca.
La mirada de Blake me paraliza mientras Callum me sujeta contra su pecho.
No estoy acostumbrada a estar tan cerca de un hombre.
En el palacio tenía que bailar, sonreír y mantener charlas insulsas con nobles durante los eventos sociales, pero si cualquiera de ellos me hubiera tocado de esta manera, los habrían ejecutado.
No es apropiado, y, desde luego, no es la manera en la que habría querido reunirme con el que es, según Callum, el lobo más peligroso de las Tierras del Norte.
No obstante, es el extraño ardor que palpita bajo mi piel lo que hace que intente zafarme del agarre de Callum.
—Compórtate —masculla él, y yo me pongo rígida.
Nunca antes ha usado ese tono de voz conmigo, por lo que me asalta el pánico. ¿Le habré juzgado mal?
Entonces recuerdo que pretende convencer a Blake de que soy su prisionera. Lo cierto es que no sé cómo podría ayudarnos eso, puesto que si Blake conoce mi identidad, entonces esta estrategia solo servirá para mostrarme débil.
Antes de que me dé tiempo a reaccionar, Blake me toma de la mano y deposita un beso en mis nudillos. Yo me quedo petrificada.
—Un placer conocerte, pequeña liebre —dice.
Un gruñido grave reverbera en Callum, y Blake eleva un poco la comisura de los labios antes de soltarme.
—Me recuerdas a alguien con quien me he cruzado en el palacio de las Tierras del Sur —señala Blake—. ¿Sabías que la hija del rey es pelirroja, igual que tú?
—Suficiente, Blake —masculla Callum—. Sé que sabes quién es.
Blake suspira, se reclina en su sillón y coge la copa de vino que hay en la mesita redonda a su lado.
—Muy bien. Si no te apetece jugar, entonces ve directo al grano.
—¿Dónde está James? —inquiere Callum.
—Hubo un problema cerca de la frontera. Fue a ocuparse de él. —Blake bebe del vino—. Imagino que pretendes intercambiarla por el Corazón de la Luna, ¿no?
—Correcto.
—Si los lobos descubren su verdadera identidad, la harán pedazos.
Frunzo el ceño. ¿De verdad es necesario que hablen de mí como si no estuviera presente?
Blake cruza la mirada con la mía, y veo que la intriga crepita en sus ojos.
—¿Por qué has decidido venir aquí, pequeña liebre?
—No ha decidido nada. Me la he traído yo —replica Callum—. Y acabo de decirte por qué.
—Muy bien. Como me interesa ver cómo acaba todo esto, os guardaré el secreto.
—Si Magnus vuelve antes que James, podría darme problemas —dice Callum.
—¿Me estás pidiendo ayuda, Callum?
—Correcto —asiente este entre dientes.
—Pídemelo por favor.
Callum se tensa a mi espalda y noto la contención en su pecho. Si se lanza sobre Blake como me parece que quiere hacer, nos meteremos en un buen lío.
—Por favor —digo yo, mirándolo con dureza.
La sonrisa de Blake crece y, una vez más, reparo en los hoyuelos de sus mejillas.
—Parece que tu mascota tiene mejores modales que tú, Callum. Muy bien: me ocuparé de Magnus. —Devuelve la atención a Callum—. Será mejor que escondas a tu pequeña liebre en una buena madriguera para mantenerla a salvo. Los aposentos de la torre oeste están vacíos…
—Se queda conmigo —corta Callum.
Blake deja la copa en la mesa. Con un movimiento súbito, alza la mano hacia mí.
Callum lo agarra de la muñeca, frenándolo en seco, y con el movimiento me impulsa hacia delante.
—Mírate —dice Blake—. Eres como un perro protegiendo su juguete favorito. Me pregunto qué pasará cuando decidas que quieres jugar con él.
—Es mi prisionera —responde Callum.
Blake ríe.
—Por favor, Callum, tú no eres ningún secuestrador.
Eres un salvador. Quizá te hayas convencido a ti mismo de que la has traído para conseguir el Corazón de la Luna, pero ambos sabemos la verdad: viste a una mujer que necesitaba un rescate y quisiste ser el que la ayudara.
Se quedará en los aposentos de la torre, donde ambos podamos vigilarla.
—No —replica Callum.
—¿De verdad pretendes que me crea que la tienes cautiva? —Blake arquea una ceja—. Muy bien, demuéstramelo. Oblígala a hacer algo. —Sus labios se curvan en una sonrisa—. Dile que venga a sentarse conmigo.
—Eso no… —murmuro.
—El día que necesite demostrar algo ante ti, será el día en que renuncie a mi título de alfa de Highfell —tercia Callum.
Blake se las ingenia para parecer aburrido incluso con Callum sujetándole con fuerza la muñeca.
—Si quieres mi ayuda, tendrás que enviarla a la torre.
—No.
—Vale. Que se quede en tu cuarto. Que duerma en tu cama.
—El pánico, mezclado con algo más, se apodera de mí—.
Por curiosidad, ¿has tratado mucho con los nobles del sur?
—prosigue Blake en tono casual—. Yo sí. Son bastante primitivos.
¿Sabías que exigen que sus novias estén intactas antes de tomarlas?
¿Sabías que, a veces, comprueban que así sea?
La sangre me huye del rostro; los bíceps de Callum se endurecen.
—¿Y eso qué tiene que ver con nada?
—Solo siento curiosidad, Callum. ¿Cómo pretendes que su prometido acceda a un intercambio cuando es solo cuestión de tiempo que la chica acabe con tu polla dentro?
Se me incendian las mejillas.
—No voy…
—Suficiente, Blake —gruñe Callum—. Se quedará donde pueda vigilarla.
—Los aposentos de la torre están tan cerca de mi dormitorio como del tuyo. ¿Crees que habrá alguien lo bastante idiota como para intentar algo teniéndonos tan cerca? Estará perfectamente a salvo.
—Es demasiado valiosa como para ponerla en riesgo.
—¿Y qué hay del Corazón de la Luna? —pregunta Blake—. ¿Cómo de valioso es? ¿Cómo vas a intercambiarla si…?
Me impulso hacia delante y me alejo de ambos hombres, no sin antes tropezar con las baldosas del suelo. Los dos se vuelven hacia mí. Callum desprende tensión, mientras que Blake, solo curiosidad.
Ya he oído suficiente. Blake sabe quién soy y parece que también le tiene tomada la medida a Callum.
—¿Mi opinión cuenta para algo? —pregunto—. ¿O vais a seguir hablando de mí como si no estuviera aquí?
Los ojos de Blake centellean. Callum parece un poco avergonzado. Suelta al otro hombre y este se recuesta en su sillón, apoyando el codo en el reposabrazos como si nada.
—¿Y qué es lo que quieres tú, princesa? —pregunta Callum, consciente al parecer de que la pantomima ha llegado a su fin.
Libertad. Eso es lo que quiero: liberarme de Sebastian y que mi destino deje de estar sujeto a la voluntad de hombres poderosos.
Pero para que eso suceda, necesito estar sola y poder planificar mi próximo movimiento.
No puedo conspirar contra los enemigos de mi padre y averiguar más información sobre el Corazón de la Luna y el rey de los lobos si permanezco en la habitación de Callum o en su cama.
—Quiero mis propios aposentos —digo—. Si Sebastian se enterara de que he compartido dormitorio con otro hombre, perderé mi valor. Ya oíste lo que dijo en el castillo.
Callum aprieta la mandíbula, pero luego suspira e inclina la cabeza.
—Muy bien —responde—, aunque tengo una condición. Y no creo que te guste.