El rey de los lobos 1 Capítulo 16
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Capítulo 16

E stoy hecha un manojo de nervios.

Me he metido en una guarida de lobos y me están mirando como si fueran a devorarme incluso antes de descubrir la verdad: que soy la hija del rey enemigo.

Solo el moreno recostado en la silla del fondo parece poco interesado en mi destino.

—No vais a hacer nada con ella —declara Callum con una tranquilidad mortífera en la voz—. Era prisionera de Sebastian y ahora está conmigo. Quería hablar con James, pero si no está aquí, nos vamos.

Me coge la mano.

—No —repone Robert en voz baja.

Callum se pone rígido y una tensión espesa se apodera de la estancia, mezclada con el embriagador aroma del humo de leña. Me suelta.

—¿No? —repite con el mismo tono de voz.

Robert me señala con la cabeza.

—¿Quién es?

Levanto la barbilla. Mis ojos vuelan momentáneamente hasta la estrecha ventana y las montañas que hay al otro lado: la libertad que anhelo.

—Soy…

—Se llama Rory —interviene Callum—. Es una criada de las cocinas, aunque no es que sea asunto tuyo.

Una punzada de irritación se abre paso a través del miedo. ¿Es esto lo que siempre me va a tocar vivir? ¿Hombres discutiendo sobre mi futuro como si yo no tuviera nada que decir?

Un crujido me distrae durante un instante cuando el hombre del fondo le da un mordisco a su manzana. Ahora me mira fijamente. Le brillan los ojos.

Callum se interpone en su línea de visión, aunque el hombre que se hace pasar por el rey representa claramente una amenaza mayor.

—¿Por qué la has traído aquí? —pregunta Robert.

—Eso no te incumbe —contesta Callum.

Robert ríe sombrío.

—No consentiré que una humana ande suelta por mi castillo. Aunque quizá pueda quedarse conmigo y calentarme la cama.

Un rugido grave resuena en el pecho de Callum y el buen humor desaparece del rostro de Robert. A su lado, Duncan levanta la mano y la posa sobre la espada que lleva en el cinturón.

He sido una tonta al venir aquí, al pensar que esto podría acabar de otro modo.

Estos hombres van a luchar por mí y, si Callum pierde, ¿me matarán? ¿O acaso me espera un destino aún peor? Me he dejado atrapar por un sueño infantil de libertad y un lobo de ojos amables, y ahora corro aún más peligro que antes.

Callum cierra el puño.

—Anda, deja que se quede con su mascota —dice finalmente el hombre del extremo de la mesa.

Tiene una voz suave como la seda y, para mi sorpresa, habla con el acento de las Tierras del Sur—.

¿Os he contado lo de la vez que mi madre me dejó tener una liebre?

—Mira a Robert antes de volver a la manzana—. Cuando me la quitó, lloré.

Nadie dice nada por un instante. El silencio cae sobre nosotros como un pesado manto. Robert se hunde en su asiento y se pasa una mano por la barba incipiente. Deja escapar una risita.

—Muy bien. Puedes quedarte con tu mascota, Callum. Pero debe ganarse el sustento.

—Puedo buscarle un buen uso —dice el hombre de acento sureño.

—No —dice Callum.

El hombre de cabello oscuro se inclina hacia delante y apoya la barbilla en la mano.

—¿Sabes qué, pequeña liebre? Estuve en el ejército de tu rey. Puede que ya nos hayamos conocido.

Hay un tono mordaz en sus palabras y me tensa todo el cuerpo. ¿Sabe quién soy?

Callum me coge la mano, pero su calor no basta para derretir el hielo que se me extiende por las venas.

—Está bajo mi protección —declara con voz ronca.

Irradia tensión mientras me saca de la estancia hacia el pasillo. Estoy a punto de tropezar. Guarda silencio mientras me guía a través del laberinto de nuevo.

No tendría que haber venido. Tendría que haberme quedado con mi gente y haber cumplido mi deber. Fui una ilusa al creerme lo bastante inteligente para sobrevivir a esto.

Callum me estrecha la mano como si notara la dirección que están tomando mis pensamientos y se me calma levemente el pulso.

Entonces me libero de su agarre.

Me dirige una mirada desconcertada.

—Es inapropiado —explico en voz baja mientras subimos la escalera.

Se ríe, sorprendido.

—¿Eso es lo que más te preocupa ahora mismo?

—Bueno…, no, Callum. Me preocupa más estar en un castillo lleno de lobos, que mi vida corra peligro y que tu plan haya fracasado.

Se detiene en la puerta de una habitación.

—Te mantendré a salvo, princesa. Tienes mi palabra.

—¿Y qué? ¿Acaso vas a enfrentarte tú solo a todos los lobos de este castillo?

—Si es necesario, sí.

Se inclina sobre mi hombro para abrir la puerta y revela un dormitorio; supongo que es el suyo. Una enorme cama con dosel domina el espacio y se me calienta la sangre al verla.

Nunca he estado en los aposentos de ningún hombre.

—Adelante —dice.

Entra, me empuja para que pase y cierra la puerta detrás de nosotros. Acto seguido se deja caer en un sillón de cuero junto a una ventana que da al lago.

Hay un armario enorme en una pared y un arcón a los pies de la cama.

El suelo de madera oscura está cubierto por una alfombra de tartán del mismo color que su kilt.

Sobre el cabecero cuelga una pintura al óleo de un paisaje escarpado.

Delante de la chimenea hay una bañera de cobre llena de agua caliente y la observo con deseo.

—Lamento haberte puesto en esta situación, princesa —dice Callum.

Me remuevo.

—¿Qué hacemos ahora?

Suelta un resoplido.

—Sinceramente, no estoy seguro. No creo que haya nadie lo bastante tonto para intentar hacerte algo mientras estés bajo mi protección, pero aun así no me gusta. Y si descubrieran quién eres… —Niega con la cabeza—. Sea como sea, me parece que vas a quedarte un tiempo más con nosotros.

—Ese hombre…, el moreno que estaba sentado en un extremo de la mesa. Sabe quién soy.

Callum se pasa una mano por los labios carnosos y se recuesta en el sillón.

—Sí, yo también lo creo.

—¿Quién es?

Su expresión se oscurece.

—Se llama Blake. Es el hombre más peligroso del Reino de los lobos y tiene el poder de ayudarnos o destruirnos. Esta noche hay un banquete. Aprovecharé para hablar con él. Y necesito que vengas conmigo.