El Rey de los Diablos (Las Reliquias del Nawal 3) CAPÍTULO 88
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CAPÍTULO 88

Lorick y Creta en solo cuestión de unos días ofrecieron varios espectáculos más de los que, evidentemente, salieron airosos.

Y no solo eso: a su habilidad para el combate se sumaba la popularidad que en muy poco tiempo se habían granjeado.

La coordinación que había entre ambos era impecable.

En el campo de batalla resultaban infalibles.

Y a eso se sumaba el beso apasionado que ya tenían por costumbre darse al final de cada asalto, un beso que agitaba a las masas, que provocaba ovaciones y avalanchas de aplausos.

El populacho hablaba de los Amantes de Plata con auténtica devoción y todo el mundo los quería en los circos. Las féminas se insinuaban sin pudores cuando veían pasar a Lorick cerca, y a Creta, después de los combates, le regalaban joyas de oro rojo… que siempre se quedaba Ixión.

─ Con lo que valen esas joyas ya podríamos pagar nuestra libertad ─ protestaba Creta cuando regresaban en carro del último combate ─ , ¿por qué tienes que quedártelas tú?

Ixión le respondía con indiferencia.

─Tranquila, que ya sé que son tuyas. Solo te las voy a guardar hasta que dejes de ser mi esclava. Un contrato es un contrato. Y el vuestro todavía sigue en vigor.

─ Que yo sepa, no hemos firmado nada. Solo nos capturaste.

Ixión y Ticio se miraron con ligero desconcierto, quizás por no saber cómo responder a su pregunta. Y es que esa humana era más insidiosa que veinte diablos juntos…

─ Querida, te recuerdo que me matasteis a un gladiador ─ le contestó Ixión con aires de suficiencia mientras Ticio continuaba conduciendo ─ . Así, sin ton ni son. Me lo debéis.

─ Tu gladiador metió sus asquerosas manos donde no debía ─ le respondió Lorick, tajante, recordándole que aquel desgraciado había intentado propasarse con Creta ─ . Y mataré a cualquier otro que se atreva a hacer lo mismo.

Ixión aprovechó que Lorick no le veía la cara para imitarlo con fastidio mientras hablaba. Ese nórdico le sacaba de quicio, posiblemente más que Creta. Pero los dos juntos se habían convertido en una maravillosa fuente de ingresos.

─En el Tártaro el sistema de pagos y deudas es un poco diferente que en vuestro mundo ─respondió deseando que los Amantes de Plata dejaran de quejarse.

Luego se giró y miró a Tauro, que dormía apaciblemente entre la paja del carro─.

Fijaos en esa bestia. No me da ningún problema.

A cambio, come en mi mesa y va sin grilletes.

¿Por qué no podéis aprender de él? Os ahorraríais muchos problemas.

Lorick y Creta le asestaron una mirada de indignación.

Necesitaban escapar, buscar a Nilo y a Attaegina y, por último, deicidir qué hacer respecto a Halcón.

O mejor dicho, respecto a esa bestia inmunda que se hacía llamar Keriel y que había descuartizado en público al rey Azufre.

Por otro lado, estaba el Espejo de Obsidiana.

¿Habría averiguado algo Attaegina? ¿Tal vez Nilo? Creta decidió mencionarlo:

─Ixión, ¿qué se sabe por aquí del Espejo de Obsidiana?

Ixión y Ticio se miraron conteniendo la risa, como si hubiera dicho una sandez más grande que las que decía Tauro. Eso teniendo en cuenta que aquella mala bestia con cuernos apenas vocalizaba.

─¿El Espejo de Obsidiana? ─respondió Ticio─. Pero si eso no existe. Todo el Tártaro sabe que eso es un cuento.

─No me irás a decir que vinisteis aquí solo para buscarlo, querida...

Creta y Lorick se quedaron callados. Decepcionados.

─Por vuestro silencio, deduzco que sí ─se respondió Ixión a sí mismo. Ticio siguió riéndose─. Eso es una patraña, una historieta de esas que les cuentan a los niños para que dejen de incordiar. ¿Quién os habló de él?

─Es un rumor muy extendido ─le respondió Creta acordándose de Raira y Elkerael. ¡No podía ser mentira!

─Bueno, ya casi hemos llegado. Mañana tenéis un combate duro, parejita. Y hablando de rumores, se rumorea que Keriel o su padre estarán por allí para cazar nuevos talentos. Así que cenad bien y dormid mejor. Tendréis que impresionarles si queréis que os admitan en los juegos del Circo Máximo.

Cuando Creta y Lorick fueron encerrados una vez más en el sótano con los grilletes y un penoso cuenco con comida, aprovecharon que Tauro aún no estaba para poner en común lo que pensaban.

─¿Y si todos los diablos tienen acordado decir que el espejo no existe?

─propuso Creta─. A lo mejor es un pacto entre ellos para proteger su patrimonio.

¿Quién sabe? Attaegina nos dijo que entre ellos se lo cuentan todo, que no sucede nada sin que todos se enteren. Es una especie de lealtad al clan.

─La otra opción es que haya sido destruido ─le respondió Lorick dando un trago─. Pero, en resumidas cuentas, ninguna de las dos nos sirve.

─Ay, Lorick… El día de la coronación de Keriel está muy cerca. Estoy segura de que Atti se presentará allí. Pero, sin el espejo, ¿qué va a hacer? Todo el mundo espera que Keriel la sacrifique en público. Ixión lo comentaba esta mañana con otra alimaña.

─Attaegina en el Tártaro es un ángel. Tiene más fuerza de la que crees. Confía en ella.

Creta observaba a Lorick mientras comía.

Lo hacía con voracidad. No entendía lo rápido que se había acostumbrado a la comida sin alma de aquel lugar.

Además, en cada combate se mostraba más fiero y sanguinario.

Miró su brazo izquierdo. Apenas hacía una semana lo había mordido una criatura.

Ahora era él quien podría morderlas a ellas.

─Te preocupa que me convierta en uno de ellos, ¿verdad?

─le preguntó. Creta no se lo esperaba. En ocasiones Lorick era muy intuitivo─.

Sé que ese miedo lleva días rondándote. Y también noto que algo ha cambiado en mí.

No sé: quizás cuando me mordió esa bestia su saliva transfirió a mi sangre algo que aquí, en este mundo de horror, me está transformando.

Creta se llevó la mano a las mejillas, ambas golpeadas por Agámena.

─Supongo que en mi caso el proceso es más lento porque la madre guardiana no rozó mi sangre.

Lorick dejó de comer de inmediato. Apartó a un lado su plato y su cáliz de agua y abrazó a Creta como si fuera la última vez mientras le susurraba al oído.

─Te prometo que saldremos de aquí muy pronto.