El Rey de los Diablos (Las Reliquias del Nawal 3) CAPÍTULO 65
56%

CAPÍTULO 65

Después de un incómodo viaje de varias horas escuchando a los dos hermanos discutir y maldecirse, Creta y Lorick fueron encerrados con un mendrugo de pan duro para cada uno en un sótano apenas ventilado que olía a ciénaga y a excrementos de rata.

También a Tauro lo metieron allí cuando terminó de cenar con sus amos.

Al parecer a la bestia le cocinaban especialidades.

« Él es la clave de nuestro éxito, tiene que estar bien alimentado » , explicó Ixión ante una indignadísima Creta.

« Vosotros procurad sobrevivir mañana y, si lo hacéis, la comida irá mejorando » .

El pan del Tártaro era de color gris y sabía a humo, pero era todo cuanto podían comer por esa noche. Mientras tanto, Tauro dormía a pierna suelta a solo unos metros de ellos, sin dejar de roncar. Su aliento era hediondo.

─ Tranquila, no nos hará daño ─ dijo Lorick a Creta, que no le quitaba el ojo de encima a esa monstruosidad ─ . Si lo hace, Ixión lo castigará. Ahora somos su mercancía.

─¿Dónde estarán Atti y Nilo? ¿Y si se han muerto? ¿Y si Atti no cruzó y sigue en Pira? Ese Kairós no sé qué le habrá hecho...

Lorick se cruzó de brazos, pensativo. Al menos les habían quitado los grilletes de las manos.

─Creo que Kairós sí que intentaba ayudar a Attaegina de veras. De hecho, tenía razón sobre el Espejo de Obsidiana. Aquello que vimos no era más que un portal que nos trajo hasta aquí.

─¿Y ahora qué vamos a hacer? ─Creta perdió la calma y, cubriéndose el rostro con las dos manos rompió en un llanto silencioso─. ¿Qué vamos a hacer, Lorick? ¿Y si mañana nos matan en el circo? ¡Tengo muchísimo miedo!

Creta se refugió en sus brazos, lo abrazó con desesperación y lloró sobre él hasta que se quedó exhausta. No había escapatoria. No había salida. No había futuro.

─No llores, mi amor ─le susurró él. Lorick expresaba poco con palabras, por eso a Creta le encantaba cuando la llamaba así─. Somos calizos, nada podrá con nosotros. Confía en mí.

Ella sonrió con tristeza mientras deslizaba un dedo por encima de la trenza negra que él seguía portando con orgullo alrededor del cuello. Su trenza de prometida.

─Además, ¿no te has dado cuenta de una cosa?

Creta no sabía de qué le hablaba cuando Lorick le mostró su brazo. El brazo que las alimañas le habían herido en Pira, su mano con dos dedos rotos… todo estaba sanado.

─Déjame ver, ¿cómo es posible? Si no hace ni dos días que la tenías en carne viva. ¿Serán las curas de Atti?

Lorick, moviendo los dedos supuestamente rotos sin dolor ni dificultad, negó con la cabeza.

─Atti es muy buena curando, pero se trata de algo más. Tiene que ver con este lugar. ¿No escuchaste a los diablos cuando dudaron de si éramos humanos?

Sí, era cierto: al principio cuando los encontraron Ticio, el flacucho, dijo que no olían como humanos.

─¿Significa que nos estamos convirtiendo en algo como ellos? ─se horrorizó Creta. Lorick le tomó la cara con las manos, con suavidad, y le analizó la piel del rostro aprovechando la escasa luz que entraba en aquel sitio.

─¿Es en esta parte donde te golpeó Agámena?

Creta, sin saber a dónde quería llegar, asintió. Y Lorick ató cabos.

─Por algún motivo que desconozco, las heridas que nos hacen las alimañas en nuestro mundo se transforman si cruzamos al Tártaro. Nos transforman también a nosotros: mira mi brazo, lo noto más fuerte que nunca. La herida ha cicatrizado y ni siquiera está infectada.

─Pues yo no siento nada distinto en la cara ─se exasperaba Creta─. No quiero convertirme en ningún diablo.

─Escúchame, no sé qué efectos vamos a notar a lo largo del tiempo pero, por de pronto, el hecho de que los diablos no nos perciban como humanos puros nos ha salvado de convertirnos en la cena de esta noche de Ixión y su familia.

Creta se encogió de hombros. Puede que tuviera sentido después de todo.

─Si es así y el veneno de esa raza, por lo que sea, ya está dentro de nosotros, que al menos nos libre de morir mañana en el circo.

─Ni tú ni yo vamos a morir en el Tártaro, Creta. Te lo prometo.

Lorick la besó aunque, dadas las circunstancias, no era momento ni lugar para grandes pasiones.

Luego los dos se hicieron un hueco para acostarse en el suelo, en medio de la paja sucia.

Y se abrazaron mientras se quedaban dormidos a la espera de que Ixión o su tonto hermano los reclamaran para la lucha.