CAPÍTULO 49
Creta permanecía tumbada boca abajo intentando descansar en el suelo de los calabozos.
Todavía tenía la piel de la espalda inflamada por los latigazos de Agámena.
Allí abajo no entraba la luz del sol. No tenía noción del tiempo que había transcurrido desde que fue castigada, pero había escuchado a los soldados correr de acá para allá porque las alimañas estaban invadiendo Pira. Y ella no sabía nada de Lorick.
De pronto escuchó una voz alzándose por encima de las demás y descubrió para su fortuna que no era la de la madre guardiana, sino la de Attaegina, que había bajado a los calabozos hecha una furia en cuanto Nilo le contó dónde se encontraba su hermana.
─Pero, señora ─trataban de contenerla los soldados con una curiosa mansedumbre que sorprendió a Creta─. Nosotros no estamos autorizados.
─¡Soy la futura reina de Pira! ¡Y yo os ordeno que saquéis a mi hermana de ahí ahora mismo o pagaréis por ello!
Creta no daba crédito a sus oídos. Por un instante pensó que era un delirio fruto de la fiebre que esos latigazos le habían provocado.
Sin embargo, Attaegina estaba allí en carne y hueso, al otro lado de los barrotes de su prisión.
Y no pensaba moverse de allí hasta que no dejaran a su hermana menor en libertad.
─¿Attaegina? ─dudó Creta como si todavía no se creyera que era ella. Además, ¿qué era eso de la futura reina? Y cómo iba vestida… No entendía nada. Cuando los soldados abrieron la puerta del calabozo y la sacaron, se dejó caer literalmente en los brazos de Atti, que le palpó la espalda con cuidado.
─Déjame ver qué te ha hecho esa salvaje ─dijo muy enfadada. Luego, a una orden suya, los soldados se retiraron de allí y dejaron a ambas en la intimidad─. Quítate la ropa, necesito verte las heridas.
Creta obedeció, todavía confusa y desconcertada. Todo le daba vueltas mientras Atti la examinaba en silencio.
─¿Te duele mucho?
─Bueno… Me dolía más ayer.
─Te pondré algo para que te baje la inflamación.
─¿Y Lorick? ─preguntó desesperada─. ¿Está vivo?
─Sí, sí. Tranquila. Lo han herido, pero no es grave. Está vivo, Creta. ¿Cómo no iba a estarlo? Lorick te ama demasiado como para morir.
Creta sonrió. En su cara todavía notaba el escozor por las bofetadas de la madre guardiana. Y Attaegina se sintió culpable.
─Perdóname, Creta.
─¿Que te perdone? ¿Por qué?
─Porque era a mí a quien tendrían que haberme dado todos esos palos. Yo soy la hermana mayor. Tendría que haber cuidado mejor de ti.
─No digas tonterías, Atti. Además, formaba parte del plan. Dime que Nilo consiguió averiguar algo.
Attaegina miró a todas partes antes de responder. Era un alivio que la madre guardiana aquel día no estuviera merodeando a su alrededor. Pero, ¿dónde habría ido? Daba igual.
─Nilo cree que ha encontrado el espejo ─susurró. Creta puso cara de sospresa. Se alegraba tanto…
─¿Y entonces? ─respondió esperando instrucciones.
Atti dudó. En realidad no sabía cómo usar el Espejo de Obsidiana.
─Cuando caiga el sol, antes del sacramento fúnebre, iré a ver ese espejo.
Confío en que, cuando me acerque a él con la gema, sucederá algo.
Estoy segura. Quizás me dé alguna respuesta, alguna solución para saber cómo recuperar a Halcón y terminar con Keriel y con el régimen del Patriarca.
Y luego, Nilo, Lorick y tú me esperáis en las bodegas.
Tenemos que salir de Pira antes de media noche o Agámena se dará cuenta.
─¿Dónde está la vieja, por cierto? Me extraña que no la lleves pegada a la nuca.
─No lo sé, pero tenemos hasta la media noche. Me lo ha dicho Kairós.
─¿El rey? Espera, ¿qué te traes con él? ¿Te ha pedido matrimonio?
Attaegina resopló. Kairós era otro quebradero de cabeza, pero no tenía más remedio que confiar en él…
─Ya le he dicho que no. Pero eso ahora no tiene importancia. Lo bueno es que nos va a ayudar a salir de Pira sin ser vistos.
─Vaya… ─se quedó Creta pensativa─. ¿Y confías tanto en él? ¿No será una trampa?
Attaegina, por un instante, no supo qué responder.
Kairós ocultaba muchos secretos. Hacía menos de una hora le había dicho que el Espejo de Obsidiana no se encontraba en Pira, y hacía menos de cinco minutos Nilo no solo le confirmaba que sí, sino que sabía exactamente en qué parte del palacio lo escondían.
─Sé que es raro decirlo, pero tengo la sensación de que no miente cuando dice que nos ayudará a salir de aquí. Y, ¿qué quieres que te diga? ¿Tenemos una opción mejor?
Creta se encogió de hombros. Atti llevaba razón: dadas las circunstancias, lo único que podían hacer era confiar…
─Y ahora ve a la cocina, Creta. Pide que te den bien de comer. Y esta tarde recoged vuestro equipaje. Nilo intentará burlar a la guardia para recuperar vuestras armas y mi bastón. Recuerda, nos encontraremos esta noche.