CAPÍTULO 28
El día que fueron recibidos en el consejo del rey Kairós, Creta y Nilo no podían ni imaginarse que solo unas horas después iban a ser tratados como esclavos, durmiendo en el suelo de las bodegas y trabajando de sol a sol.
Ni siquiera habían tenido tiempo para reunirse o para buscar alguna pista sobre el paradero del Espejo de Obsidiana.
En la mañana del tercer día Creta terminó de acarrear agua del pozo, como se le había pedido.
La luz de los amaneceres de invierno era tibia y lechosa, y el olor de la leña ardiendo en los hornos le abrió el apetito.
Cuando dejó el último balde en las cocinas Nilo se escaqueó de sus quehaceres para ir a verla y, bajo manga, le entregó un pedazo de pan de aceite recién horneado. Ella le dio las gracias.
─ Nilo, ¿desde cuándo eres igual de alto que yo? ─ observó sorprendida al tenerlo tan cerca.
─ No sé... Hemos pasado tantos días sentados en las jorobas de los dromedarios que ni yo me he dado cuenta de que he crecido.
Efectivamente, ya no parecía el niño ladronzuelo que se escabullía por los callejones de Teff.
─ ¿Te lo dije o no te lo dije? ─ le preguntó él guiñándole un ojo con picardía ─ .
En Virim, ¿te acuerdas? Lorick te había dado calabazas y yo te prometí que, si no te importaba esperarme dos años, para entonces sería más alto que tú.
Y mírame: si sigo creciendo a este ritmo igual no te hace falta esperar tanto…
Creta se rio de su ocurrencia. ¡Lo necesitaba! Pero Nilo sabía que no había ido allí para hacer chistes.
─Quiero irme de aquí, Nilo ─se desahogó con él─. Tengo la espalda molida, no puedo más. Si te soy sincera, prefería las marchas por el desierto.
─Ya, yo también. Pero bueno… ¿Sabemos algo de Atti? No la he visto desde ayer por la mañana.
Creta negó con la cabeza, preocupada.
─Yo tampoco. La madre guardiana no me permite ir a verla, dice que está demasiado ocupada curando enfermos y que no se le puede molestar. Y Lorick… ¡Ay, Nilo! ¡No sé nada de él!
Nilo se cruzó de brazos, pensativo.
─Creo que lo han enviado con los soldados.
─¿No te parece todo muy sospechoso? No somos sus huéspedes. Es más como un secuestro: nos desarman, nos separan. Y luego está la vieja esa, Agámena. No quiere que hablemos entre nosotros. Está todo el día vigilándome. En serio, Nilo, a mí todo esto me da muy mala espina. Creo que es una bruja.
─Ya, pero no podemos marcharnos aún. Tenemos que aguantar los siete días que Atti prometió o vete tú a saber qué más nos harán.
─Pero, ¿y qué pasa con el espejo? ¿Nos vamos con las manos vacías?
Un relámpago silencioso refulgió en los ojos felinos de Nilo y, al descubrirlo, Creta supuso que el chico había investigado por su cuenta.
Entonces aquel miró a su alrededor y, comprobando que nadie los vigilaba, le mostró discretamente un arcano que llevaba guardado en el bolsillo: la Suma Sacerdotisa.
─¿Te han devuelto el oráculo? ─le preguntó Creta.
─No. Esos canallas se lo han quedado junto a nuestras armas. Pero en el suelo de los calabozos olvidaron uno de los arcanos y lo recogí. Por si no lo sabes, este representa a...
─¡Nilo! ─exclamó Creta de pronto, como si un rayo de lucidez hubiera cruzado su intuición─. ¡Es más que significativo! ¿No lo ves?
─Pues… no sé. Es la Suma Sacerdotisa.
─¡Como Pantera!
Nilo se quedó sin habla. Por un momento, mientras volvía a revisar el arcano como si fuera la primera vez que lo veía en su vida, se le humedecieron los ojos y se le hizo un nudo en la garganta. Y Creta, al darse cuenta de que se había conmovido, lo abrazó mientras susurraba:
─Tu hermana sigue cuidando de ti a través de los mundos. Y ese arcano, estoy segura, te lo envía ella. Así puede seguir acompañándote.
Él asintió sin poder responder. En realidad percibía a Pantera muy cerca, como si nunca se hubiera marchado. Luego se enjugó las lágrimas y, cuando recuperó la entereza, habló a Creta de sus nuevos hallazgos:
─He observado a la madre guardiana. Ella oculta todos los secretos de este lugar. Es más: sospecho que utiliza alguna técnica adivinatoria. Pero es hermética y sabia. Por lo que se cuenta en las cocinas, ella lo controla todo en Pira.
─Las cocinas, ¿eh?
─Todo se cuece entre fogones, Creta. A los esclavos se les afloja la lengua mientras trabajan. Gracias a las pistas que me han dado estoy recorriendo el palacio por las noches.
─¿En serio? ─se sorprendió ella─. Pero, ¡si está todo lleno de centinelas! Lleva cuidado.
─Bueno, yo me escurro como un gato y soy igual de silencioso.
Todavía no me han pillado. Además, Pantera me contó que determinados arcanos, al ser llevados como amuletos, confieren a su portador algunas de sus características.
La Suma Sacerdotisa es el conocimiento no revelado, lo que no puede verse todavía, lo que aún se está gestando.
Por eso me vuelve casi invisible. Y gracias a eso, he descubierto que existe una zona de palacio que se vigila con más celo incluso que la propia cámara del rey.
─¿Cuál? ¿La habitación de Agámena?
Nilo negó con la cabeza.
─El pasillo del primer piso.
Creta ató cabos de inmediato.
─¡Claro! Por eso siempre se enfada tanto cuando las esclavas merodean por ese lugar. ¿Crees que el espejo anda por ahí?
─Puede ser. Y también creo que la vieja en realidad no tiene poderes adivinatorios, sino que utiliza el espejo como oráculo, ¿no crees?
─Si es así, sabrán que estamos ocultando la verdadera identidad de Atti ─añadió Creta─. Sabrán quién es y que Nabor la busca. Y me temo, pues esto ya pasó con los del Clan del Salmón, que van a utilizar a mi hermana como moneda de cambio o algo parecido.
Por fin parecía que habían avanzando algo en su búsqueda.
Si los hallazgos de Nilo eran ciertos, casi seguro el Espejo de Obsidiana estaba muy cerca de ellos, solo un piso por encima de las cocinas.
Pero la verdadera dificultad consistía en acercarse a él, pues Agámena no parecía dispuesta a permitírselo a nadie sin atraparlo primero en su telaraña para devorarlo.
Creta fue a proponer un plan, pero la mirada de Nilo le advirtió rápidamente de que no abriera la boca mientras se guardaba con disimulo el arcano otra vez en el bolsillo. La madre guardiana se aproximaba cruzando uno de los patios, con los ojos fijos en ambos, afilados como navajas.
─¿No tienes trabajo en las cocinas, niño? ─reprendió a Nilo─. Procura no holgazanear o te asignaré un puesto mucho peor.
Nilo, tras un breve asentimiento, dio media vuelta y se marchó.
─En cuanto a ti, muchacha, estoy harta de tus escaqueos. No sé de dónde diablos te han sacado, pero en Pira se trabaja. Todos lo hacemos.
─Solo quiero ver a mis parientes.
─¡A trabajar he dicho!
Agámena le tiró del brazo de muy malas maneras y Creta, estallando de rabia, se resistió a seguirla.
─¡Deja de tratarme como a una esclava! ─replicó─. ¡Yo soy una mujer li…!
La mano de la madre guardiana fue la más dura que había conocido hasta la fecha.
Jamás nadie, ni su padre ni su madre, le habían cruzado la cara de ese modo tan violento.
Creta, acongojada, con un nudo en la garganta y reprimiendo lágrimas de ira y de vergüenza, se frotó la mejilla respirando hondo para no romper a llorar.
Entre tanto, Agámena la observaba sin ningún atisbo de compasión ni de remordimiento.
─En esta casa nadie, ni el rey ni la reina, cuestionan mi autoridad. Y tú, niñata, solo eres una maldita inmigrante.