EL Rey amenazado: Los peones se mueven en la sombra 50
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Para hacer blanco a una distancia de mil metros hace falta reunir una serie de requisitos que no son fáciles de conseguir.

La primera condición tiene que ver con la pericia, o, lo que viene a ser lo mismo, contar con la habilidad de ser un tirador de precisión; y en este aspecto él hace años que obtuvo su insignia cuando formaba parte de la brigada «Guzmán el Bueno», y se formó durante años en el centro de adiestramiento que el Ejército de Tierra posee en Cerro Muriano, Córdoba.

Tampoco hay que olvidar efectos externos como son la curvatura de la tierra, el viento lateral y la densidad del aire, factores que, de no tenerlos en cuenta, pueden suponer que el primer y único disparo de que dispone se desvíe varios metros del objetivo.

Por tal motivo, un medidor de viento y una calculadora balística son también útiles imprescindibles.

Por último, y no por ello menos importante, un visor de largo alcance resulta vital para apreciar con total precisión el lugar exacto en el que quieres alojar la bala.

Y en este apartado, tampoco ha escatimado en calidad.

Un visor Schmidt  y su razonamiento ha sido un éxito, porque a más de un kilómetro de distancia de donde el avión espera a los ilustres pasajeros, solo una patrulla de policía, aparte del helicóptero que sobrevuela la base, vigila las inmediaciones.

Sortearlos y acceder al edificio en el que se encuentra con una identidad falsa de personal de limpieza ha resultado pan comido para un agente con su cualificación.

A su vez, el carro que llevaba con un espacio oculto recubierto de plomo le ha servido para sortear el escáner de la entrada.

Luego, encontrar una habitación vacía con vistas a la torre de control a esa hora de la tarde tampoco ha resultado complicado.

Minutos después de acceder al lugar más idóneo para el disparo, se encuentra en disposición de dejar al país sin uno de sus herederos al trono.

Solo falta que la cabeza que observa a través del visor se detenga unos segundos para apretar el gatillo que ahora acaricia.

Y la oportunidad que espera no tarda mucho en llegar.

La hermana del rey, que también forma parte del séquito que camina hacia el avión, se para junto a las escaleras de acceso a la aeronave para despedir a su hijo.

Es entonces cuando la cabeza del objetivo también se detiene.

El momento más crítico de la operación se aproxima.

Es ahora o nunca. Entonces, inspira hasta llenar los pulmones, retiene el aire y cuenta hasta tres.

En este intervalo de tiempo piensa si la sangre que a continuación verá esparcirse a más de mil metros de distancia será de color azul o tan roja como la de cualquier otro mortal.