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—Señor, tiene que ver esto.
El coronel al mando del CNI se acerca hasta el agente que ha demandado su atención.
Después de regresar de la Zarzuela, se ha recluido durante más de una hora en un búnker situado a varios metros bajo tierra situado a las afueras de Madrid.
Luego, y solo después de planificar cómo será la salida hacia Arabia Saudí de los miembros de la Casa Real, ha salido para interesarse sobre las novedades acerca del paradero del hombre más buscado en el país.
El mismo al que unas semanas antes habría confiado la misión más delicada que existiera.
—Señor, ha vuelto a dejar un rastro.
—Sabe que lo estamos siguiendo, y creo que es lo que pretende.
—Una nueva señal desde las mismas coordenadas. No tiene sentido. ¿Por qué lo hace?
—Está marcando un lugar. Hasta ahora las coordenadas que recibíamos indicaban movimiento porque nos mostraba el camino que estaba siguiendo. Ahora no varían porque se ha detenido en un lugar. Acote la dirección.
El agente mueve sus dedos con rapidez por el teclado apenas recibe la orden. El programa, que costó millones de euros con cargo a los fondos reservados del Estado, responde en un par de segundos.
—Calle Pensamiento, señor. Barrio de Tetuán.
—¿Tenemos agentes por allí?
—Hay dos patrullas que no están muy lejos. Están siguiendo las anteriores señales como ordenó.
—Que se dirijan inmediatamente a las coordenadas indicadas. Contacte también con la comisaría más cercana para que envíen refuerzos. Necesitamos que acordonen la zona.
—Requiero órdenes para cuando sea efectivo el contacto, señor.
La solicitud hace dudar al coronel. Por un lado, es consciente de que ese hombre ha servido muy bien al país, anteponiendo su propia vida al interés nacional, y consiguiendo objetivos que ningún ciudadano de a pie conocerá jamás, pero que fueron vitales para la estabilidad y la seguridad del Estado.
Un verdadero patriota; leal e íntegro, todo lo contrario de lo que sucede con esos políticos a los que se les llenan las bocas hablando de España, y luego se corrompen, defraudan o maniobran contra los intereses de la nación cuando la oportunidad se les pone a tiro.
Pero a pesar de todo lo anterior, tal y como se están desarrollando los acontecimientos, y las informaciones que van conociendo sobre el estado de los jóvenes que compartieron reservado con el sobrino del rey y la chica asesinada, en estos momentos ese agente es un arma incontrolable capaz de todo para calmar su sed de venganza, y en un Estado democrático no vale todo para hacer justicia.
Y eso que, seguramente, aún no ha tenido acceso a la fotografía tomada al cadáver de su hija, ya que, de lo contrario, el hijo de la infanta ya no estaría con vida.
—Si no es posible detenerlo, tampoco puede quedar con vida. De lo contrario, estoy seguro de que lo lamentaremos —sentencia el jefe del CNI.
La orden cuesta ser digerida durante unos segundos en los que el silencio se apodera de la sala, roto solo por el zumbido de los potentes ordenadores.
—Entendido, señor —responde el agente justo antes de pulsar la tecla cuyo fin es establecer una comunicación a través de un canal protegido.
—Bravo, Tango, Alfa y Foxtrot, Delta, Lima, aquí Charlie, November, India, ¿me reciben?
El sonido de la señal de radio, similar al que se produce cuando alguien estruja un folio de papel, es la única respuesta que obtiene al otro lado.
—Bravo, Tango, Alfa, y Foxtrot, Delta, Lima, ¿me reciben?
—Aquí Foxtrot, Delta, Lima, le recibo.
—Bravo, Tango, Alfa, recibimos.
—Objetivo en coordenadas 40 grados, 27 minutos y 32.3 segundos latitud norte, y 3 grados, 41 minutos y 46,9 segundos longitud oeste. Repito: objetivo en coordenadas 40 grados, 27 minutos y 32.3 segundos latitud norte, y 3 grados, 41 minutos y 46,9 segundos longitud oeste.
—Bravo, Tango, Alfa, recibido.
—Aquí Foxtrot, Delta, Lima, recibido.
—Instrucciones: detengan al objetivo. Repito: detengan al objetivo. Se autoriza la eliminación si no es posible la detención. Repito: se autoriza la eliminación si no es posible la detención.
—Bravo, Tango, Alfa, recibido.
—Aquí Foxtrot, Delta, Lima, recibido.
En ese instante, una agente entra en la sala y se dirige al coronel con unos documentos en la mano.
—Señor, el informe previo a falta de las autopsias de los dos cadáveres encontrados en el piso de Carabanchel.
El jefe del CNI agradece a la joven con un movimiento de cabeza; la tensión le impide expresar más palabras de las estrictamente necesarias. A continuación, se dirige de nuevo hacia su despacho, no sin antes ordenar que le avisen tan pronto se produzca cualquier novedad.
Después de una rápida lectura al informe, se ratifica en la decisión que acaba de tomar.
E incluso preferiría que los dos equipos de agentes con los que acaban de contactar no tuvieran más opción que eliminar al objetivo que ahora mismo ocupa gran parte de sus recursos.
Las pruebas que se van acumulando a lo largo de la mañana no hacen sino confirmar la hipótesis de que ese hombre ha perdido completamente la cabeza.
Con los cinco asesinatos que ha cometido esta misma mañana, ya no hay posibilidad alguna de salvación; de lo contrario él mismo habría peleado por concederle una segunda oportunidad; pero ya no existe posibilidad de marcha atrás porque la línea roja rebasada es de no retorno.
Una verdadera lástima para el servicio secreto del país, y para el interés nacional.
Aunque desafortunadamente, hasta la fruta más suculenta acaba por pudrirse.
Inquieto, se derrumba sobre el sillón de piel de su despacho. Todavía no es capaz de entender por qué carajo les ha guiado hasta el lugar donde ahora se encuentra.
¿Qué demonios estará pasando allí?, se pregunta al tiempo que vuelve a ponerse en pie, incapaz de permanecer sentado.