EL Rey amenazado: Los peones se mueven en la sombra 44
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En el nordeste de la ciudad de Madrid, en el distrito Moncloa–Aravaca, el Gabinete de Crisis que ha formado el Gobierno de España en funciones se mantiene reunido en un despacho del Palacio de la Moncloa.

A él asisten el presidente del Gobierno y varios de sus ministros, todos en funciones, así como altos cargos de la defensa y la seguridad nacional.

El rey no acude debido a que el asunto monográfico a tratar está relacionado con el chantaje al que este se encuentra sometido, así como la situación de extrema gravedad a la que se enfrenta la democracia española.

De hecho, durante las últimas semanas, el monarca solo mantiene reuniones con sus asesores más allegados de Casa Real quienes lo mantienen informado de los acontecimientos.

Uno de ellos, por cierto, sí que está presente en el Gabinete de Crisis, una vez que, entre otras cuestiones, se va a acordar la salida hacia Emiratos Árabes Unidos del sobrino del rey acompañando a su abuelo.

Este último asunto es complejo. El joven con tratamiento de Excelentísimo señor aún no se encuentra eximido de toda responsabilidad por lo sucedido con la joven hallada muerta semanas antes, y la justicia podría requerir su presencia en cualquier momento.

Por dicha razón, las condiciones de salida y de regreso, si fuera requerido judicialmente, deben quedar muy bien atadas.

A dicha reunión asiste también el coronel al mando del Centro Nacional de Inteligencia.

Él es quien ha sugerido con mayor ímpetu la salida del país del sobrino del rey, al menos durante un tiempo.

Para defender su postura se ha basado en que, según sus informaciones, existe un testigo de origen francés cuya declaración puede llevar al juez que investiga el caso a tomar medidas cautelares contra los cinco jóvenes que estuvieron con la joven en el reservado la noche de su desaparición.

Y de entre esas medidas, una sería la prohibición de salir del país y la retirada del pasaporte.

Entonces la situación judicial de los cinco jóvenes se complicaría mucho hasta tanto no se esclareciese la vinculación de cada uno de ellos con el suceso.

Pero, aunque ha sido este el argumento que ha usado en el Gabinete de Crisis para sugerir la salida urgente del país del sobrino del rey, el coronel sabe que existe un peligro mayor que el judicial para el hijo de la infanta.

Porque tiene claro que, cuando el mejor agente secreto del país tenga acceso a la fotografía en la que su hija aparece desnuda junto al sobrino real, la vida del cuarto en la línea de sucesión al trono español tendrá menos valor que un periódico del día anterior.

Esta, y no otra, es la verdadera razón que preocupa al responsable al mando del CNI, aunque por ahora no puede revelar nada al respecto.

El paso del tiempo también es un problema, porque, visto cómo se están desarrollando los acontecimientos a lo largo de la mañana, es probable que antes del mediodía ninguno de los cuatro jóvenes permanezca con vida.

El coronel apostaría todas las condecoraciones que cuelgan del lado izquierdo de su pecho a que esto último va a ser así.

En un momento de la reunión, estando con la palabra el ministro del Interior en funciones, el teléfono del coronel comienza a vibrar dentro de uno de sus bolsillos.

Al ver la llamada entrante, no duda en excusarse y abandonar el despacho.

Nadie le afea el gesto, pues todos son conscientes de los difíciles momentos por los que atraviesa la seguridad del país, y entienden que la llamada requiere que sea atendida con rapidez.

—Señor. Lo hemos localizado.

—¿Cómo?

—Ha usado Pegaso para acceder al teléfono móvil de uno de los jóvenes. La primera vez desde la universidad, y la segunda desde un piso situado en Carabanchel.

—¿De quién era el terminal intervenido?

El coronel pregunta en pasado porque sabe que solo un milagro ha podido salvar la vida del desgraciado que ha sido localizado mediante el programa espía.

—El terminal controlado es propiedad de uno de los cuatro jóvenes. De Cayetano.

La conversación se detiene durante unos segundos. Los suficientes para que el máximo responsable del CNI piense una pregunta de la que no sabe si realmente quiere conocer la respuesta.

—¿Ha dado con él?

—Sí, señor. Al llegar a la segunda ubicación hemos encontrado dos cadáveres. Uno de ellos es el del sujeto indicado.

—¿Suicido o accidente?

—Sobredosis.

—¿Sobredosis?

—El joven tiene una jeringa clavada en su brazo izquierdo.

Seguramente heroína, aunque también hay una bolsita con metanfetaminas sobre la cama junto al cuerpo.

El forense podría deducir que la causa de la muerte se ha debido a una mezcla peligrosa de estas sustancias, aunque cuando llegue a la cocina y vea que el segundo cuerpo tiene una bala en la cabeza seguramente cambie de opinión.

—Maldita sea. Había ordenado protección.

—Señor, permítame decir que para poder proteger a alguien antes tenemos que encontrarlo.

—Pues haga lo que sea para encontrar al que queda vivo.

—Estamos llamando a su teléfono móvil pero no contesta. Tampoco ha pasado por su casa.

El coronel vuelve a reflexionar y pausa la conversación mientras piensa.

Hay algo que no le cuadra. El programa espía que usa el Centro Nacional de Inteligencia deja rastro del agente que lo ha utilizado, lo contrario sería un auténtico peligro para la Seguridad Nacional, y al ser usado también desvela la ubicación del usuario.

¿Por qué sabiendo que esto es así, el agente al que tanto teme ahora, ha usado el programa una segunda vez cuando con la primera conexión ya había intervenido el teléfono de Cayetano?

—¿El uso desde la segunda ubicación también ha sido sobre el teléfono de Cayetano?

—Sí, señor.

—No tiene sentido. Ha usado Pegaso a sabiendas de que podríamos rastrearlo. O mucho me equivoco, o parece que quiere que lo encontremos.

La comunicación vuelve a quedar interrumpida porque el coronel escucha voces de fondo al otro lado de la línea.

—Disculpe un momento, señor.

El máximo responsable del CNI escucha cómo el agente con el que está conversando habla con una tercera persona. Mientras tanto, reflexiona sobre el hecho de que el hombre más buscado del país, de pronto decida dejar miguitas de pan por donde pasa.

—Señor, me informan de que ha accedido de nuevo al programa y hemos recibido una tercera ubicación.

—¿Dónde?

—En una calle del barrio de Tetuán, cerca del estadio Santiago Bernabéu.

—Es obvio que quiere que lo sigamos. Tenemos que saber si está jugando con nosotros o quiere enseñarnos algo. No tenemos otra opción. Sigan el rastro y manténgame informado.

—Sí, señor.

Cuando el coronel se incorpora a la reunión, es un alto cargo de la Policía Nacional quien está en el uso de la palabra.

Este detiene su exposición al verlo regresar.

Su cara debe reflejar la tensión y la ansiedad del momento, porque el resto de los asistentes al Gabinete de Crisis tuercen el gesto o afilan la mirada al verlo.

Durante unos segundos le gustaría contar todo lo que sabe y descargar la mochila de responsabilidad que carga sobre su espalda, pero sabe que eso no es posible, al menos por el momento, y tirando de sabiduría y experiencia se contiene.

Si ocupa este puesto es porque, entre otras cualidades, sabe tragar y gestionar los secretos más importantes que conciernen al país.

Saber gestionar la paciencia no solo es síntoma de habilidad, sino también de fortaleza.

Y como sucede casi siempre, él es quien sabe más que nadie.

No obstante, ahora mismo, lo importante es convencer al resto de los presentes de que el sobrino del rey debe abandonar el país antes de que finalice el día.