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El programa de reconocimiento facial no ha tardado en dar con la identidad del joven cuyo rostro aparece en el vídeo que hay en el pendrive , circunstancia que le ha sorprendido porque ese proceso puede llegar a durar horas.
Al parecer, el joven ya había sido fichado por la policía tras participar en unos altercados cometidos en la Plaza de Colón durante una manifestación convocada por una organización radical, y este detalle ha facilitado el proceso.
Como ya suponía cuando visionó el vídeo, el chico es de buena familia.
Su padre es juez del Supremo y su madre fiscal de la Audiencia Nacional, aunque todo esto a él le importa un bledo.
Ese joven es uno de los malnacidos que aparece en el vídeo transportando a su hija inconsciente la noche en la que ella murió.
Con el primero de los tipos, la rabia y la locura que sentía lo arrastraron hacia la sinrazón y actuó sin pensar en lo que hacía, por ello, tan pronto observó a través de la mira telescópica cómo su cabeza estallaba en mil pedazos comprendió el error que acababa de cometer.
Con el segundo se conjuró para reprimirse y así poder sonsacarle antes de hacerle pagar por lo que había hecho.
Luego se prometió que no habría más muertos hasta conocer la identidad de los verdaderos responsables.Ahora sigue convencido de que debe actuar con frialdad cuando tenga delante al siguiente de los tipos que transportó el cuerpo inerte de su hija.
Necesita saber lo que sucedió esa noche, por mucho dolor que ello le produzca, y conocer la identidad de los auténticos responsables de que ella no siga con vida.
Será entonces cuando juzgará y sentenciará.
Para conseguir su objetivo camina por los pasillos de la Universidad Francisco de Vitoria como si fuera un profesor más.
Lo hace caracterizado con unas gafas y una barba postiza para impedir que las cámaras de seguridad registren su verdadera imagen y alguien pueda identificarlo con posterioridad.
En su brazo derecho lleva un portafolios.
A esta hora de la mañana el joven con el que pretende encontrarse ya tiene que estar en clase, por lo que esperará al próximo descanso.
El lugar escogido para el interrogatorio es un aula cercana que va a estar vacía durante todo el día.
Para ello, antes ha pasado por secretaría y se ha informado al respecto, y también ha conseguido la llave del aula para que nadie los moleste.
Todo esto no hubiera sido posible si no fuera porque, durante la noche anterior, ha entrado en los servidores de la Universidad para acreditarse como profesor sustituto.
El engaño probablemente se descubrirá dentro de uno o dos días, pero a él le sobra con unas horas para conseguir lo que necesita.
Jaquear los sistemas informáticos de una universidad es pan comido para un agente capaz de burlar la seguridad de la CIA y obtener la información que siempre ha necesitado.
A la hora indicada, las puertas de las aulas comienzan a abrirse y los alumnos ocupan poco a poco los pasillos del edificio.
El silencio que le ha servido para pensar mientras esperaba es sustituido por el rumor de múltiples conversaciones realizadas al mismo tiempo. El momento que esperaba ha llegado.
No tarda en reconocer al joven apenas lo ve salir de clase porque su rostro se le ha grabado a fuego en la memoria.
Sonríe mientras habla con un compañero. Una sonrisa que ya jamás podrá observar en el rostro de su hija.
Y este pensamiento provoca que todo su cuerpo se tense, sus pulsaciones se aceleren y el cortisol inunde sus venas.
Sería muy fácil partirle el cuello con un simple giro de sus muñecas.
Pero lo fácil no es siempre lo más acertado.
Por eso respira hondo y amansa el demonio que lleva dentro.
Entonces el corazón se ralentiza y los latidos disminuyen a niveles idóneos para pensar con claridad. También está entrenado para ello.
El plan que ha ideado consiste en abordar al joven y pedirle que lo acompañe para hablar sobre un problema con un trabajo que este entregó hace unos días.
Alegará para ello que es el nuevo profesor asociado a la asignatura de Dirección Financiera.
Está seguro de que lo acompañará porque su expediente es notable, y ningún alumno con buenas calificaciones se arriesga a tener un suspenso si puede evitarlo.
A una distancia prudencial del joven, consulta su reloj.
Prefiere abordarlo cuando queden pocos minutos para el comienzo de la siguiente clase y los pasillos vuelvan a quedarse vacíos.
De esta forma habrá menos posibilidades de que alguna mirada indiscreta los vea introducirse en un aula vacía.
Mientras tanto, simula revisar el contenido del portafolios al tiempo que no quita ojo a su objetivo.
El rumor de las conversaciones continúa supliendo al silencio que tan bien le ha venido antes para reflexionar.
De pronto, el joven se despide del compañero con el que ha estado hablando y se aleja con rapidez del lugar.
Contrariado porque no había previsto esta eventualidad, maldice entre dientes al tiempo que sigue los pasos del chico tratando de esquivar a los estudiantes que todavía ocupan el pasillo.
Camina rápido, aunque evitando llamar la atención, porque ver correr a un profesor podría suponer que demasiadas miradas se centrasen en él. Por suerte, las siguientes clases están a punto de comenzar y esta circunstancia facilita su anonimato.
Una vez consigue sortear al grueso del alumnado, observa cómo el joven gira hacia la derecha y desaparece por el recodo del pasillo.
Cuando él también lo hace se encuentra de bruces con los aseos.
Aliviado porque deduce que todo se ha debido a una falsa alarma, recupera la compostura.
El joven solo se estaba meando y decide esperarlo fuera.