EL Rey amenazado: Los peones se mueven en la sombra 28
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La ausencia de noticias ha conseguido minar la paciencia del director de Hazte Ver.

Consciente de lo que se están jugando, pero también, de lo fácil que puede ser que la moneda caiga del otro lado, continúa esperando novedades en el local que la organización posee en el barrio de Tetuán.

Si todo acaba saliendo según lo previsto, él ocupará un cargo importante en el nuevo gobierno —una Secretaría de Estado quizá, u otro puesto de rango muy parecido—.

Y después de dos legislaturas sin tocar el poder del Estado, habrá que imprimir un giro radical a las políticas actuales, lo que va a requerir un trabajo intenso, y también una profunda depuración en todos los niveles de la Administración.

El primer paso será la colocación de miembros afines a la causa en los puestos de más alta responsabilidad, para luego ir poco a poco descendiendo hasta los niveles inferiores detectando adversarios que serán expulsados, marginados o relegados a puestos insignificantes.

Alcanzado este punto, el nuevo orden político podrá consolidarse, y en un abrir y cerrar de ojos el país volverá a ser lo que era hace décadas: un Estado fuerte que no dependerá de partidos nacionalistas que solo ansían debilitarlo.

En ese momento, España volverá a ser una, grande y libre.

Pero el cazador debe saber que antes de vender la piel del oso hay que cazarlo, y la calma chicha que se respira en los últimos días, sin noticias oficiales sobre lo que el jefe del Estado acabará decidiendo, no le tranquilizan lo más mínimo.

Su papel en toda la trama ha sido crucial porque él eligió a los encargados de ejecutarla cuando, analizando las encuestas, en las altas esferas comprendieron que la aritmética electoral podía ser tan caprichosa como al final ha sido.

Por ello, si todo acaba saliendo como está previsto, sabe que su ascenso será inmediato.

Y aunque dirigir una organización como Hazte Ver es un honor, porque supone estar al frente de la batalla diaria, luchando cuerpo a cuerpo contra el enemigo; dar el salto hasta una posición donde se controla y dirige el poder del Estado es una ambición que lleva tiempo persiguiendo.

Con todo, la última conversación mantenida con su superior le ha creado incertidumbres que no paran de carcomer su cabeza.

Y de entre todas ellas, la que más le inquieta es la referida al futuro de los cuatro jóvenes que él mismo seleccionó para ejecutar el plan.

Sabe que cualquier error que hubieran cometido esa noche, o el que puedan cometer durante los siguientes días, supondrá su condena, porque el objetivo a conquistar es tan importante que cualquier obstáculo que lo ponga en peligro será eliminado.

Esta es la consigna que ha recibido de los que están por encima de él: hombres sin identidad conocida cuyos tentáculos alcanzan poderes insospechados, y a los que pocas cosas se les resisten.

Solo hay que ver lo que están a punto de conseguir.

Doblegar la democracia de un país como España no está al alcance de cualquiera; y, sin embargo, ellos están a punto de lograrlo.

Y aunque él dirige una de las cabezas de esa Hydra invisible, desconoce las identidades de quienes están al frente de ese entramado, y sabe que nunca las conocerá.

Él es un soldado más de los que bregan en el campo de batalla.

Un soldado con cierto rango, eso sí, cuya labor es la de captar jóvenes para la causa, y hacer que el ruido en las calles, en las redes sociales y en los juzgados sea tan insoportable que la movilización contra el enemigo aumente entre los ciudadanos.

Y no importa si las noticias o las denuncias son falsas, porque cuanto más burda y exagerada es la mentira, más reacciones se generan a su favor.

Aunque como cualquier soldado en una guerra, él también puede ser prescindible.

Desde la última conversación mantenida con su superior, no ha vuelto a tener noticias suyas; y si bien es cierto que había sido advertido de que, por razones de seguridad, las comunicaciones se interrumpirían durante un tiempo, la situación actual comienza a ser insoportable, circunstancia que provoca que su cabeza no pare de conjeturar sobre posibles escenarios.

Lo último que se le ha ocurrido es que, para garantizar el resultado de la misión y evitar filtraciones, desde las altas instancias se haya decidido eliminar a los cuatro jóvenes.

Y si eso fuera así, él se quedaría como el único testigo de toda la trama; o, lo que es lo mismo, el último eslabón visible de la cadena.

Una cadena cuya estructura se va difuminando conforme se asciende hacia arriba, porque ni él mismo sabe quién se encuentra por encima de su superior.

Se convertiría en la grieta por la que el muro podría comenzar a resquebrajarse, y esa nueva coyuntura no le haría demasiada gracia, porque entonces sería él quien podría ser el siguiente en ser eliminado si todo se tuerce o se complica.

Denostado por la presión y por la falta de noticias y dominado por las suposiciones que deambulan por su cabeza, concluye que, si no puede contactar con el de arriba, no le queda más remedio que mantener las comunicaciones con los de abajo, a pesar de las advertencias recibidas.

Ya que si algo tiene claro es que preservando la seguridad de los cuatro jóvenes garantiza también la suya propia.