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Dos hombres coinciden en una de las habitaciones de un exclusivo hotel de Madrid.
El encuentro no está motivado por negocios ni tampoco es una cita de tipo sexual.
Un contacto del Ministerio del Interior les ha advertido de que agentes del CNI van a comenzar a vigilarlos en breve, si es que no lo están haciendo ya, por dicha razón las precauciones que han tomado para verse son tan excepcionales.
A la cita han acudido por separado y en horarios distintos, y solo ellos saben cuál es la habitación elegida.
La reserva, realizada a nombre de una persona que lleva tres días fallecida, se ha gestionado solo unas horas antes.
El check-in se ha solventado con un DNI falso, y ambos han acudido caracterizados.
Una barba donde habitualmente no la hay, un bigote postizo, cabellos tintados, gafas, incluso un sombrero de estilo casual; en definitiva, todo lo necesario para ponérselo difícil a los agentes que unas horas después revisarán las grabaciones de las cámaras.
Son conscientes de que el asunto que llevan entre manos se está ensuciando demasiado, y seguramente se haya rebasado ya el punto de no retorno, por lo que cada paso, cada acción y cada conversación que mantengan en adelante podrá ser utilizada en su contra si todo se complica.
Por ahora nadie tiene pruebas de lo que están haciendo, pero también saben que son los máximos sospechosos.
—Esta será la última vez que nos veamos hasta que todo se haya resuelto —informa uno al otro desde el sillón en el que permanece sentado.
Si le quitásemos la barba postiza y el sombrero de tipo casual que aún lleva sobre su cabeza, estaríamos ante un tipo de unos sesenta años de edad de pelo canoso peinado hacia atrás que bien podría pasar por un madurito director de banco, aunque él tiene mucho más poder que todos ellos juntos.
Viste un traje azul de Brioni con igual soltura que cualquier otro mortal lo haría con su pijama de diario.
Si no le falla la memoria, lleva vistiendo traje desde los doce años, y esta circunstancia hace que sea la vestimenta con la que más cómodo se encuentra.
—¿Y eso? —responde el director de la organización Hazte Ver, quien también viste de traje.
Un Emidio Tucci que no está nada mal, pero nada que ver en calidad y precio con el anterior.
A sus cincuenta y dos años también ostenta cierto poder; y, si no, que se lo pregunten a las decenas de políticos que han recibido alguna de sus querellas.
También dispone de una alta capacidad de movilización para tomar las calles donde haga falta.
Y lo más importante, dirige uno de los graneros más destacados de nuevos jóvenes sumados a la causa.
Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, solo es la cabeza visible de una de las muchas secciones que operan para la organización principal.
—El CNI ya se encuentra trabajando sobre el asunto, y en unas horas sabrán las veces que tú y yo vamos a mear y a cagar. Eso significa que debemos tener mucho cuidado en adelante, tanto en las conversaciones que mantengamos, como con las personas que nos reunamos.
—Alguna noticia al respecto me había llegado, así que no te preocupes, me mantendré al margen de todo hasta recibir nuevas indicaciones.
—Es lo mejor, créeme. Y, sobre todo, no se te ocurra contactar con esos jóvenes a partir de ahora. Todo podría complicarse si llegan a relacionarnos con ellos.
—Pero son miembros de la organización, y acuden como muchos otros a charlas, reuniones y manifestaciones.
—Deberán mantenerse al margen durante un tiempo. Hasta que todo se haya calmado.
—Así se lo haré saber.
—No. Tú ya no volverás a contactar con ellos. Nos encargamos nosotros de advertirles. Tenemos medios más discretos para hacerlo.
El director de Hazte Ver medita durante unos segundos y por eso no responde de inmediato.
No le gusta que nadie externo a su sección meta las narices en esta, ya que, aunque todos sirven a un interés superior, cada uno disfruta de cierta autonomía de gestión.
No obstante, tampoco es inteligente rebatir la orden de un superior.
Si estorba o pone trabas, mañana habrá otro que ocupe su lugar.
Y si no que se lo digan a un exministro de Economía al que luego nombraron máximo responsable de un importante banco.
El poder se le subió a la cabeza y se creyó por encima de la causa.
A los pocos años tenía una condena de cuatro años y medio de cárcel sobre su cabeza.
A la Organización no hay nada que se le dé mejor que ejemplarizar para aplacar los aires de grandeza.
Quizá por ello, en lugar de argumentar una objeción a lo que acaba de escuchar, decide cambiar de tema.
—¿Aún no se sabe nada?
Antes de responder, el hombre con traje de Brioni se quita el sombrero y lo deja sobre la mesa que tiene al lado.
El sol se filtra por una rendija que ha quedado abierta entre las cortinas de la habitación e impacta sobre el cuerpo del director de Hazte Ver, quien permanece sentado en otro sillón.
Este último se ha caracterizado con un bigote postizo y un tinte que por momentos hace que su pelo, normalmente de color negro, hoy parezca rubio.
Por suerte para él, un par de lavados de cabeza solucionarán el desaguisado.
Ambos están enfrentados y solo un metro de distancia les separa.
—A Su Majestad le enseñaron bien desde pequeño, y por desgracia para nosotros no ha heredado las debilidades de su padre, por eso todo se está dilatando demasiado.
Si aún fuera el emérito el que estuviera en el trono, tendríamos material suficiente para hacerle doblar la rodilla y, créeme, estaría todo solucionado desde hace días.
Tenía demasiadas debilidades, y eso le hacían manejable.
¿Por qué si no crees que fue puesto ahí? Pero su hijo es demasiado moralista.
—¿Tanto como para que la operación corra peligro?
El otro sonríe desde el rincón de la habitación que ocupa sumido en la penumbra. Lleva años manejando los hilos del poder en la sombra y ha lidiado en plazas muy complicadas, por esa razón sabe que hasta el rabo todo es toro.
—Querido, este plan se ideó la noche en la que se conocieron los resultados de las últimas elecciones, pero se planeó minuciosamente durante la semana siguiente.
Se contemplaron todas las situaciones, incluido este impasse en la respuesta del rey, razón por la cual también existe una acción prevista.
—Si es tan obstinado como dices, no veo la forma de hacerle ceder.
—Que se mantenga en silencio y no haya decidido nada todavía es una buena señal.
Eso significa que se lo está pensando. Ten en cuenta que a igualdad de diputados y con los dos principales candidatos en disposición de formar gobierno, lo razonable sería quitarse el problema de encima designando en primer lugar al partido más votado.
Sería lo más razonable, y nadie podría reprochárselo.
—Si fuera así, nos ganan por algo más de treinta mil votos.
—Efectivamente, y, sin embargo, en lugar de coger el camino más lógico y designar al otro candidato, zanjando así el asunto y aplacando los rumores que están en boca de todos, el jefe del Estado calla e incluso parece que se lo hubiera tragado la tierra.
—Quizá tengas razón, pero el tiempo puede correr tanto a nuestro favor como en nuestra contra. El impacto de la foto en la que aparece su sobrino se va a ir diluyendo con el tiempo. Y si en caliente no se doma el hierro, en frío es más complicado hacerlo.
—Entonces habrá que meter más presión a la caldera.
El gesto de interrogación en el rostro del director de Hazte Ver suple a su respuesta.
—Hoy está previsto que la foto que solo ha visto Su Majestad, llegue también a la infanta.
No hay nada como la desazón de una madre desesperada para intentar salvar a un hijo.
Cuando esta se entere de que su hijo puede ser involucrado en un escándalo de ese tipo, moverá cielo y tierra para tratar de convencer al rey y evitar que su hijo pueda acabar con sus huesos en la cárcel.
El director de Hazte Ver sonríe antes de responder.
—La jugada parece maestra.
—Y si no consigue lo esperado tras hablar con su hermano, la infanta solicitará ayuda a sus padres. Ese será el momento en el que veremos las posibilidades reales de que el plan acabe como deseamos.
—Espero que así sea, porque llegar a los diez años con estos en la Moncloa sería demasiado.
—Ya tocamos gobierno en la mayoría de las Comunidades, en las que hacemos y deshacemos lo que queremos con unos pocos diputados, pero nos falta el premio gordo.
—Si les dejamos cuatro años más perdemos hasta Cataluña. Creo que existen los mismos o incluso más motivos que en el 36.
El otro vuelve a sonreír ante lo que acaba de escuchar.
Por suerte cada uno ocupa un lugar determinado en la estructura, y a los ansiosos y agitados como el que tiene enfrente siempre es mejor tenerlos en puestos alejados de las tomas de decisiones.
Sabe que la Organización a la que pertenece ha sido capaz de incrustarse en lo más profundo de las democracias de muchos países gracias a la paciencia y al trabajo constante realizado en la sombra.
Poco a poco, y con la mesura necesaria, se consiguen los mejores resultados.
Nacieron hace cincuenta y dos años en México, y desde allí se han ido expandiendo a los países más importantes del mundo.
En España, su poder es muy elevado, aunque casi nadie lo sabe.
Jueces, políticos, fuerzas del orden, militares de alta graduación y funcionarios con puestos de gran relevancia están al servicio de sus tentáculos.
El conglomerado se nutre con multitud de asociaciones y organizaciones de pequeño nivel cuya función principal es la de agitar la calle, infectar con bulos las redes sociales, y utilizar a los medios de comunicación afines para seducir a los ciudadanos descontentos.
Disponen incluso de una sección destinada a querellarse contra todo ser viviente que se atreva a opinar diferente a lo que ellos defienden, o pueda resultar peligroso para la causa.
Amedrentar para conseguir que el próximo díscolo se lo piense, resulta eficaz.
Y todo esto se ha conseguido con paciencia, igual que las gotas que socavan la roca durante miles de años.
La prisa y la precipitación nunca han sido buenas aliadas en los tiempos actuales, y si no que se lo digan a los que decidieron solucionar los problemas del país un 23 de febrero del año 81.
Ahora, subvertir el Orden Constitucional de un país se hace de una manera más sutil y perspicaz, y sin que apenas los ciudadanos sean conscientes de ello.
—Nadie permitiría un levantamiento militar a estas alturas en Europa, y quien lo intentase estaría abocado al fracaso.
Te has quedado un poco anticuado, mi querido amigo.
Ni siquiera en Latinoamérica se hace ya de esa forma.
Ahora es todo más imaginativo. Ahí tienes el ejemplo de Venezuela.
Con dos cojones, y sin un tiro. Eso sí, un poco chapucero, pero a pesar de haber perdido las elecciones, el actual presidente va y dice que las ha ganado y a tomar por culo.
Nosotros estamos haciendo algo parecido, pero solo unos pocos sabrán lo que realmente ha sucedido.
Los ciudadanos continuarán con su vida cuando todo haya pasado, y, quizá, después de cincuenta años alguien desempolvará lo sucedido, pero ya no importará nada ni a nadie.
No eres capaz de imaginar los secretos de Estado que jamás llegarán a ver la luz, y la trascendencia que muchos han tenido para el devenir de este país.
Lo importante, convéncete, es que todo cambie sin que parezca que lo hace.
—Confiemos entonces que al final se consiga lo que buscamos. ¿Está prevista otra forma de presión, como agitar un poco las calles? Quizá manifestaciones para que Su Majestad elija ya, o algo parecido. Un poco de follón nunca vienen mal.
—Me parece perfecto. No nos interesa que tenga demasiado tiempo para pensar.
Sería interesante difundir la noticia de que el rey prefiere designar al candidato de izquierdas y mantener el gobierno actual por varios motivos; y estos os lo inventáis, como siempre.
Cuanto más descabellados parezcan, mejor.
Lo importante es la acción y la reacción.
Seguro que esas presiones también aportan su granito de arena a la causa.
—Pues no se hable más, hoy mismo comenzaremos.
La conversación se pausa durante unos segundos y los dos hombres se miran mutuamente a los ojos. Algo parece quedar todavía en el tintero antes de la despedida. Acto seguido, el hombre con traje de Brioni decide sacar lo que aún tiene dentro.
—Como te he comentado antes, este plan se ideó de una forma tan minuciosa que incluso se han tenido en cuenta detalles muy enrevesados que ahora mismo no puedo detallarte.
No obstante, supongo que ya sabrás que en el mismo están participando varios contactos incrustados en determinados departamentos del Ministerio del Interior; y que no hace falta contarte lo que nos jugamos con esto, tanto si sale bien, como si no.
Y tú te preguntarás: ¿por qué me cuenta esto?
El director de Hazte Ver constriñe el gesto.
—Quiero que comprendas que el mal menor de nuestros problemas será que al final Su Majestad decida darnos por el culo y joder nuestras intenciones.
En ese caso tendremos que jodernos otros cuatro años más, y buscar la forma de echar abajo la legislatura cuanto antes.
Pero si alguien se fuera de la lengua, y nos quedásemos con el culo al aire, nuestras cabezas serán las primeras en rodar.
Y cuando digo rodar, me refiero al verbo en literal.
El otro, que no acaba de entender aún lo que su superior pretende decirle, muestra un gesto en su rostro que habla por él.
—Para que lo entiendas: creemos que el punto más débil por donde ahora mismo la cadena puede romperse son esos cuatro jóvenes.
—No tienes de qué preocuparte por eso. Yo los elegí personalmente. Saben lo que se juegan, y también el futuro que les espera si todo sale como creemos. Los citaré de nuevo si quieres y…
—Olvídate de eso. Como te he dicho al principio, ni siquiera tú y yo volveremos a vernos, ni a comunicarnos.
Y de igual forma deberás hacer lo mismo con esos jóvenes.
Ya lo hemos hablado antes. Ocúpate solo de movilizar las calles e inundar los medios como hemos acordado; y también de rezar para que Dios nos ayude a cambiar este país.
Esas serán tus únicas tareas hasta que haya nuevas noticias.
Lo demás está todo calculado, y solo nosotros nos encargaremos de dar los próximos pasos.