El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 49
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Capítulo 49

La corona y el mandato del Rey

Ivanna

Caden se acercó a Vincent y le dijo con voz firme:

—Dame tu saco.

Vincent se lo quitó de inmediato y se lo entregó sin dudar, Caden se acercó a mí y me cubrió con él tiernamente, envolviendo mi cuerpo tembloroso por el dolor y el cansancio.

Aún lloraba en silencio, sintiendo el peso de la violencia que acabábamos de presenciar.

—Tenemos que ir a concluir la unión, mi Luna —me susurró al oído, limpiándome las lágrimas con la yema de sus dedos—. Tenemos que enfrentar a los traidores; están ahí sentados esperando nuestro fracaso, así que debemos volver.

—Está bien... —asentí, respirando hondo y buscando la fuerza que heredé de mi padre.

Entramos de nuevo al recinto principal del Templo del Consorcio, al vernos llegar, una anciana de la manada se acercó a toda prisa con una túnica limpia entre las manos.

Al notar que estaba desprovista de ropa bajo el saco, me la entregó con profundo respeto; me la puse de inmediato, me acomodé el cabello y continué caminando con la barbilla levantada hacia el interior del salón sagrado, al ver que irrumpíamos en el recinto, Floki, el traidor, se puso de pie con el rostro pálido y desencajado.

—Regresaron... Es increíble que lo consiguieran —murmuró, incapaz de disimular su asombro y rabia.

Caden caminó con paso firme hasta quedar frente al altar, encarando directamente al viejo traidor.

—Las cosas no salieron como esperabas, ¿verdad? —dijo Caden con una sonrisa helada que hizo temblar a los presentes—. Pero te tengo una noticia: hemos completado el reto y ahora la Unión Lunar se concluirá.

Caden dio un paso al frente, tomándome con fuerza de la mano. Los Alfas de la asamblea guardaron un silencio sepulcral mientras el sanador principal avanzaba hacia el centro del altar sagrado e invocaba a la Gran Luna.

En ese instante, un haz de luz plateada e intensa penetró por la enorme ventana abovedada del templo y se posó directamente sobre nosotros, bajo la bendición del fuego lunar, la magia de nuestros ancestros nos envolvió.

Ambos nos transformamos de nuevo en majestuosos lobos: él, una imponente bestia negra como la noche, y yo, la loba blanca de sangre pura.

Caden se echó con devoción junto a su loba, lamiéndome el rostro con ternura y pasando su lengua sobre la marca de mi cuello para sellarla eternamente bajo los vítores y aplausos unánimes que retumbaron en todo el templo, el sanador alzó los brazos hacia el firmamento y proclamó con voz atronadora:

—¡Caden Kingston, sucesor del Rey Lobo, por el poder de la Luna y la sangre real que une a tu familia, te declaro Rey de la sociedad de hombres lobos!

—¡Espera! —exclamé, transformándome de nuevo a mi forma humana antes de que la multitud terminara de aclamar.

Todos guardaron silencio, confundidos.

—Tengo algo para ti —dije mirando a Caden con una sonrisa cómplice.

Corrí hacia el lateral del altar, donde Vincent custodia mis pertenencias, y tomé un paquete de mensajería que había mantenido oculto.

—Me costó trabajo mandar a traerla de nuevo, pero el traje conmigo... Es un regalo para ti.

Caden me miró sorprendido, con dedos ágiles abrió el paquete y, al rasgar la envoltura, sus ojos verdes brillaron con una conmoción profunda: ahí estaba la legendaria espada brillante del Rey Lobo, el arma ancestral que había pertenecido a mi padre.

Caden la desenvainó y la levantó en alto hacia el rayo de luz lunar. El metal centelleó con una fuerza sagrada, haciendo que todos los Alfas y guerreros presentes en la sala se inclinaran y aplaudieran con júbilo.

—¡Tenemos nuevo Rey! —gritó el sanador, haciendo resonar el eco por los muros de piedra.

Caden sonrió con orgullo, me tomó por la cintura y me abrazó contra su pecho con una devoción, luego, alzando la espada hacia el traidor, pronunció su primera sentencia:

—Ahora daré mi primer mandato como Rey —declaró Caden con voz de mando indiscutible que acalló el recinto—: Declaro que todos los traidores que han querido dañarnos quedan desterrados del territorio de hombres lobos...

Y eso te incluye a ti —sentenció, señalando directamente a Floki—. ¡Llévenselo! —ordenó a los guardias.

Los hombres de la escolta real apresaron al traidor de inmediato, arrastrándolo fuera del templo mientras la asamblea aclamaba el inicio de una nueva era de paz y poder bajo el mandato del Rey Lobo y su Luna.