Capítulo 48
El juicio del Rey Lobo y la furia de la sangre
Ivanna
El sonido de la ropa desgarrándose a mis espaldas y el aliento agrio de Rowan acercándose a mi nuca hicieron que el corazón me martillara el pecho con un terror absoluto, atada boca abajo sobre la mesa de madera, apreté los ojos con fuerza y concentré el último aliento de mi alma en la marca que ardía en mi cuello.
«¡Caden... por favor!», supliqué en el silencio de mi mente.
No pasó ni un segundo, un estruendo ensordecedor sacudió la tierra debajo de nosotros, la pared frontal de la cabaña saltó hecha pedazos en una lluvia de astillas, vigas y polvo, la silueta gigantesca de un lobo negro como la noche, con los ojos ardiendo en un fuego dorado y letal, irrumpió en la estancia como un meteoro.
La sola presencia de Caden hizo que el aire de la habitación se volviera denso, sofocante y cargado de una presión de Alfa tan implacable que el propio Linus dio un paso atrás por instinto.
Caden no emitió un solo gruñido de advertencia, en un pestañeo, embistió a Rowan antes de que este pudiera reaccionar, sujetándolo por la garganta con sus enormes fauces y estrellándolo contra el suelo con una fuerza que hizo temblar la estructura entera de la cabaña, el chasquido de los huesos de Rowan al romperse resonó seco en el recinto, él volvió a su forma humana en medio del humo y la madera rota.
Lucía irreconocible: los músculos en tensión, la piel marcada por venas oscuras y la mirada completamente consumida por la bestia sin perder un instante, se abalanzó sobre Linus.
—¡Tú...! —rugió Caden, con una voz que parecía provenir del mismísimo infierno—. Asesinaste a mi padre por la espalda... ¡y ahora pretendías tocar a mi Luna y a mi cachorro!
Linus intentó transformarse para responder al ataque, pero la furia de Caden era un huracán imparable, lo sujetó del cuello con ambas manos, estampándolo contra el pilar central de la cabaña. El impacto fue tan violento que el viejo Alfa soltó un alarido de dolor al sentir sus costillas ceder.
—¡Caden, mátalo! Es un desgraciado, no tengas piedad con él—gritó Rowan desde el suelo, intentando levantarse a rastras, sangrando por la boca—.
¡Padre, te lo dijimos! ¡Es el Rey Lobo! Yo ni siquiera quería ser Alfa, pero tu me obligaste toda mi vida a intentar ser lo que querias, perdóname...
lo único que deseo es irme lejos y por fin vivir en paz.
—Ustedes no son más que alimañas en mi territorio, no merecen piedad, así como no la tuvieron con mi padre. —sentenció Caden con una frialdad absoluta.
Con un movimiento rápido y despiadado, Caden le asestó a Linus un golpe directo al tórax que lo dejó inconsciente en el acto, colapsado en el suelo, luego se giró hacia Rowan, quien temblaba de pánico al ver a su padre, Caden le propinó una patada seca en el rostro que lo mandó a volar contra los escombros de la pared trasera, dejándolo fuera de combate.
En tres zancadas, Caden estuvo al lado de la mesa, sus manos grandes y temblorosas por la adrenalina cortaron las cuerdas que me sujetaban como si fueran hilos de coser.
—Princesa... —susurró, con la voz rota mientras me tomaba en sus brazos y me envolvía con su propia chaqueta—. Perdóname... Perdóname por tardar.
Me apegué a su pecho desnudo, llorando de alivio mientras inhalaba su aroma a sándalo, sintiendo que el latido de su corazón calmaba el temblor incontrolable de mi cuerpo.
—Estás aquí... viniste —sollocé, abrazándome a su cuello.
—Siempre voy a venir por ti —me prometió, besándome la frente con una devoción salvaje antes de mirar hacia la entrada, donde Vincent y una docena de nuestros guerreros irrumpían con las armas en alto.
—Alfa —dijo Vincent, evaluando el desastre en un segundo—. El Consorcio ha sido asegurado. Las tropas de Linus se están rindiendo en todo el perímetro.
—Aseguren a estos dos traidores —ordenó Caden con voz de mando, sujetándome con firmeza entre sus brazos mientras me cargaba—. La noche de la Luna Llena aún no termina, porque es hora de regresar al templo y reclamar el trono que nos pertenece.