Capítulo 47
El susurro del vínculo y la loba blanca
Caden
Los traidores dentro del Consorcio habían utilizado algo distinto para ambos.
El brebaje que me dieron no era un simple elixir ceremonial: era un veneno denso para anular los sentidos, sin embargo, para mi lobo la ceguera no era un impedimento; la marca que le había dejado a Ivanna ardía en mi cuello como un faro encendido y podía rastrear el aroma de mi Luna fácilmente a través de kilómetros de bosque, pero al llegar al punto donde debían haberla dejado, mi corazón dio un vuelco violento.
Ella no estaba cerca. Y eso era completamente extraño y aterrador.
—¡Maldición! —me dije a mí mismo, apretando los puños con rabia—.
No debí confiar en el Consorcio... Está tan podrido como Linus, he preparado la destrucción de su territorio desde que tengo memoria, pero protegerla a ella era lo más importante. ¿Cómo pudiste ser tan descuidado?
«¡Encontrémosla!», rugió mi lobo en el fondo de mi mente, agudizando el olfato al límite.
Seguí la pista entre los matorrales y corrí durante horas en mi forma humana, usando la velocidad sobrehumana de mi linaje Alfa, la oscuridad del bosque no me detenía, pero el tiempo jugaba en mi contra, de pronto, un tufo podrido, agrio y punzante cortó el viento nocturno: el olor de Rowan.
Ese maldito infeliz se la había llevado.
—Más le vale no haberle tocado un solo cabello a ella o a nuestro cachorro —sentencié en un susurro cargado de muerte—, porque no habrá rincón en la tierra que no remueva para encontrarlo y matarlo con mis propias manos.
Seguí corriendo a través de los cañones y las colinas, la Luna llena estaba en su punto más alto en el firmamento, bañando la copa de los árboles con una luz blanca, y el olor de mi compañera era inconfundible, pero a esta distancia no era suficiente para fijar su ubicación exacta, me detuve en medio de un claro, jadeando, sintiendo que la desesperación me consumía el pecho.
Entonces mi lobo me golpeó con fuerza la conciencia: «¡Hey! ¿Que no se supone que eres un ALFA? ¿Eres tan idiota que no recuerdas que tienes un vínculo irrompible con tu Luna?».
Una ráfaga de lucidez me atravesó, cerré los ojos, me llevé la mano a la marca de mi cuello y concentré todo el fuego de mi sangre en el hilo invisible que nos unía.
«¡Ivanna!», la llamé con el pensamiento, haciendo resonar mi voz de Alfa directamente dentro de su mente.
«¿A dónde te llevaron? ¡Dame una pista, mi Luna! ».
Ivanna
Estaba atada en el rincón de una cabaña maloliente que apestaba a humedad y a la presencia agria de Rowan.
Él caminaba de un lado a otro frente a mí, desbordando soberbia mientras hablaba estupideces sobre todo lo que había conseguido al convertirse en el nuevo Alfa y cómo planeaba usar mi sangre para afianzar su poder, de pronto, un chispazo ardiente me sacudió la nuca.
La marca de Caden pulsó como si tuviera fuego dentro.
«¡Caden!», le respondí en mi mente con el aliento entrecortado.
«Me trajeron a una cabaña... No sé dónde estoy».
«Dime cuánto tiempo les tomó llegar desde el lindero del bosque», exigió Caden al instante.
Mi loba, despierta y en alerta máxima dentro de mí, tomó el control de la respuesta: «Como cuarenta minutos hacia el norte», le contestó mi loba a la suya.
«No te preocupes, ya sé exactamente a dónde te llevaron», sentenció Caden a través del vínculo, con una frialdad implacable.
«Necesito que lo distraigas, Ivanna... Voy en camino» Rowan se detuvo en seco frente a mí al notar cómo mis ojos, aún cegados por la opción del Consorcio, se encendían con un fulgor dorado deslumbrante.
—Eres tan bella... —dijo Rowan, inclinándose hacia mí con una sonrisa torcida—. Y tus ojos me dicen que estás lista para aparearte ahora sí.
Se acercó a mi rostro, aunque estaba ciega y no podía verlo, sentí el calor repugnante de su cuerpo y su boca asquerosa a solo unos centímetros de la mía, en ese preciso instante, la indignación y el coraje de mi loba estallaron en una llamarada incontrolable, el rechazo hacia ese intruso y la necesidad de proteger al cachorro en mi vientre rompieron todas mis ataduras, mi cuerpo fue envuelto en una luz plateada y, en un chasquido de huesos y poder ancestral, me transformé por completo.
Una enorme y feroz loba de pelaje blanco como la nieve, con los ojos dorados brillando en la penumbra, emergió frente a él enseñando las fauces en un gruñido ensordecedor, Rowan dio un paso atrás, sorprendido, pero su mirada se llenó de una codicia enfermiza.
—Eres salvaje... ¡Me encanta! —dijo Rowan con una risa siniestra, mientras su propio cuerpo comenzaba a deformarse y crecer—.
Veremos quién es más fuerte, princesa. Frente a mí, su figura se convirtió en un gran lobo moteado de color café, con la espalda ancha y los colmillos chorreando baba, listo para abalanzarse sobre la loba blanca del Rey Lobo.