El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 46
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Capítulo 46

La prueba del bosque

Ivanna

El Templo del Consorcio no era un lugar de paz, sino una imponente catedral de piedra antigua erigida en el corazón del bosque.

Al cruzar las pesadas puertas de roble, la atmósfera helada me oprimió el pecho. Floki nos esperaba junto al altar ancestral, flanqueado por guardias con túnicas grises y miradas frías.

—Para jurar ante la Luna Llena, deben someterse al rito sagrado de los ancestros —anuncio Floki con voz cavernosa, sosteniendo un cáliz de plata en las manos—.

El líder y su Luna deben ser cegados por el elixir del velo.

Serán abandonados en extremos opuestos del bosque sagrado y solo el hilo del vínculo y el aroma de la sangre pura los guiará para reencontrarse antes del amanecer.

Miré a Caden con pánico. Él me sostuvo la mano con firmeza, dándome un apretón tranquilizador.

—Es el procedimiento antiguo, princesa... No temas —me susurró al oído—. Mi lobo te encontrará en minutos. Solo quédate donde te dejen y espera por mí.

Dos guardias se acercaron con los cálices, Caden bebió el suyo sin dudar un segundo. Yo tomé el mío con manos temblorosas y bebí el líquido amargo de un solo trago.

Al instante, un fuego abrasador me recorrió la garganta y una oscuridad densa e impenetrable cayó sobre mis ojos, mi visión desapareció por completo.

Escuché el eco de los pasos de Caden alejándose y la voz de Floki dando órdenes antes de que unos brazos toscos me sujetaran y me arrastraran hacia el exterior.

Cuando la camioneta que me transportaba se detuvo y me arrojaron sobre la tierra húmeda del bosque, el silencio de la noche me envolvió, estaba completamente ciega.

Intente concentrarme, respirar hondo e invocar a mi loba para rastrear el aroma a sándalo de Caden, pero la desesperación y mi falta de experiencia con mis poderes me jugaron en contra, el miedo me cegó más que el propio elixir.

—¿Caden...? —llamé en un susurro tembloroso, pero solo el viento entre los pinos me respondió.

Aterrorizada por la soledad y sintiendo que la tierra vibraba de forma extraña, cometí el peor error: en lugar de quedarme quieta como Caden me lo había pedido, empecé a caminar a ciegas, tropezando con ramas y piedras, adentrándome cada vez más en la espesura del bosque.

De pronto, un crujido seco resonó a pocos metros de mí.

—Miren lo que tenemos aquí... La hermosa corderito del nuevo Rey Lobo —se burló una voz rasposa a mi izquierda.

Olían a tierra podrida y descomposición: eran lobos de Linus.

—¡Aléjense de mí! —grité, retrocediendo a tropezones mientras mi loba gruñía dentro de mi mente, intentando defenderse a ciegas.

Escuché el abalanzamiento de las bestias y, dominada por el pánico, eché a correr sin dirección entre las sombras.

Choqué con los troncos, rasgando mi vestido blanco con las espinas hasta que un tropiezo violento me hizo rodar por una ladera, antes de que pudiera ponerme de pie, unos brazos de hierro me sujetaron por la espalda de forma brutal, atrapando mis muñecas y pegándome a un torso rígido.

El aroma a pino agrio y dominación me golpeó de lleno.

—Vaya, vaya... Pero qué fácil ha sido —resonó una risa baja, fría y despiadada muy cerca de mi oído. Era Rowan.

—¡Suéltame! —grité, retorciéndome con todas mis fuerzas—. ¡Caden te va a matar!

—¿Ese estúpido Rey Lobo? —se burló Rowan con desprecio, apretándome con más fuerza contra él mientras me rodeaba el cuello con un brazo—. Ese infeliz es un don nadie que nunca te encontrará en este bosque... Tú eras para mí, Ivanna, tu sangre, tu linaje y ese trono me pertenecen a partir de ahora

Rowan presionó un paño impregnado con un químico dulce sobre mi nariz y boca.

Intenté contener la respiración, pero el cansancio me traicionó.

Mi mente se volvió pesada, la fuerza abandonó mis piernas y la conciencia se me escapó por completo mientras él me cargaba en brazos, secuestrándome en las profundidades del bosque hacia una cabaña aislada.