El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 44
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Capítulo 44

El desafío al Consorcio

Caden

En cuanto la puerta principal se cerró tras la figura de Rowan, mi autocontrol se rompió por completo, un rugido de pura rabia y posesión me desgarró la garganta, las luces de la entrada parpadearon por la vibración de mi voz y mis colmillos pugnaron por salir a la superficie.

Giré de golpe y tomé a Ivanna por los hombros, atrayéndola con brusquedad contra mi pecho para asegurarme de que estaba intacta, para envolverla con mi aroma a sándalo y borrar cualquier rastro de la presencia de ese maldito perro.

—Nadie... nadie te toca —susurré con la voz rasposa y ahogada por la furia—. Vincent, ¡aquí ahora!

Vincent y cuatro hombres de la guardia de élite entraron a la estancia a paso veloz, inclinando la cabeza ante mi llamado.

—Aumenta la seguridad al triple —ordené con tono tajante—. Si un solo lobo no autorizado se acerca a menos de cien metros de esta propiedad, elimínenlo de inmediato, nadie entra y nadie sale sin mi autorización, asegúrate que mi Luna no se queda sola ni un segundo.

—A la orden, Rey Lobo —asintió Vincent, retirándose a toda prisa para desplegar a los guardias.

Ivanna me miró a los ojos, temblando levemente, pero sosteniéndome la mirada con la valentía de su propia sangre.

—Caden... Rowan no estaba jugando —murmuró.

—Yo tampoco, princesa —le respondí, besando con fuerza la marca de su cuello—. Mañana iremos al Consorcio y le dejaremos claro a toda esa basura quién gobierna.

Al día siguiente, el ambiente en el gran salón del Consorcio de Alfas era denso, frío y viciado por la ambición, la enorme estructura de piedra abovedada congregaba a los líderes de las manadas más poderosas del continente, alineados alrededor de una mesa semicircular.

Al entrar, la presencia de Ivanna a mi lado, envuelta en un vestido oscuro que dejaba entrever la marca brillante en su hombro, causó un murmullo de conmoción que recorrió las gradas, acomodé a mi Luna justo detrás de mí, mientras caminaba con paso firme hacia el centro de la sala, en el puesto de honor, Floki, uno de los viejos consejeros y conocido traidor aliado con la facción de Linus y Rowan, se puso de pie con una sonrisa cínica dibujada en el rostro.

—Bienvenido, Caden... o debería decir, autoproclamado Rey Lobo —habló Floki, haciendo sonar su voz por todo el recinto—.

Veo que traes a la hija de Axel, sin embargo, todos aquí sabemos las reglas antiguas, la unión sagrada ante la Luna Llena del Consorcio no se ha llevado a cabo, sabes que, sin esa bendición formal, tus reclamos al trono y a este territorio no son más que palabras al viento.

Un murmullo de aprobación se elevó entre los Alfas disidentes, avancé un paso, dejando que la fuerza de mi aura de Alfa llenara la habitación hasta acallar los susurros de los traidores.

—La unión sagrada ante el Consorcio se realizará mañana por la noche —sentencié con voz helada y dominante, mirando a cada uno de ellos a los ojos—.

Y para que les quede perfectamente claro: traigan al sanador principal ahora mismo si tienen alguna duda, mi Luna ya está marcada, el vínculo está cerrado y lleva en su vientre a mi heredero, no hay vuelta atrás.

Floki borró su sonrisa por un instante, pero rápidamente recuperó la compostura, soltando una risotada seca y cargada de veneno que resonó con frialdad en el templo de piedra.

—Un cachorro en camino... qué conmovedor —se burló Floki, mirándome con ojos llenos de traición—.

Pero no te confíes, muchacho, algunos creemos, que, aunque exista un vínculo nadie puede estar seguro de ser el Alfa del territorio hasta que se demuestre ante todos, así que disfruta tu reinado mientras dure...

porque las noches en este territorio suelen ser muy cortas para los reyes que se creen invencibles.