Capítulo 43
El Alfa supremo y la sombra de Rowan
Caden
Estaba apenas tomando algunos de los papeles que Vincent me había entregado para revisarlos en el escritorio de la biblioteca cuando lo olí, un hedor agrio, pesado y cargado de provocación se filtró por las rendijas de la mansión.
Me puse en alerta al instante; el pulso me retumbó en los oídos y mi lobo enseñó los colmillos en el fondo de mi mente.
—¡Ivanna, te quiero atrás de mí todo el tiempo! —grité, poniéndome de pie de un salto.
Ivanna estaba entrando desde el balcón de la habitación contigua, acomodándose el cabello.
—¿Por qué? —preguntó, frunciendo el ceño con confusión.
—¡Porque lo digo yo! ¡Ven ahora mismo! —utilicé mi voz autoritaria de Alfa, sin dejar espacio para objeciones.
Ivanna
Aunque iba a replicar por su tono tan tajante, me tragué mis palabras cuando el aire de la casa cambió bruscamente.
Lo olí también: un olor desagradable, agrio y amenazante inundaba el ambiente, borrando el aroma habitual de la mansión, bajé las escaleras pegadas a la espalda de Caden, sintiendo el calor de su cuerpo en tensión absoluta.
Al llegar a la estancia principal, parado en medio del recibidor con una soltura insolente, se encontraba un hombre lobo musculoso, de piel canela, cabello oscuro y facciones marcadamente atractivas pero frías.
Un par de tatuajes intrincados le sobresalían por el cuello y los brazos, marcando su figura imponente, en cuanto nos vio bajar, dibujó una sonrisa cargada de maldad y sus ojos se clavaron en mí, barriéndome sin ningún pudor. Sentí un escalofrío helado recorrer mi columna vertebral.
—Así que tú eres la hija de Axel... —habló con una voz profunda, cargada de cinismo—. La chica que debió ser mi compañera.
Dio medio paso hacia adelante, pero su mirada se posó directamente en mi cuello, donde la marca de Caden brillaba aún con fuerza.
—Aunque veo que he llegado tarde... —continuó, chasqueando la lengua con burla—.
¿Quién te marcó? Ah, claro... Nada menos que el Alfa Caden, el protegido de tu padre, aunque antes fuera un don nadie, ahora lleva el peso de la corona...
y todo gracias a ti supongo, Caden dio un paso al frente de inmediato, cubriéndome por completo con su cuerpo y bloqueando su línea de visión.
—Cuidado, Rowan —advirtió Caden con voz grave y vibrante, haciendo resonar la madera del salón—.
Ella es mi Luna no te olvides que yo soy un Alfa, te guste o no, tú sabes perfectamente que ese vínculo es sagrado; además, es mi esposa legal y lleva en su vientre a mi heredero, el rostro de Rowan se desfiguró de rabia en un segundo, y sus ojos destellaron en un tono rojizo y peligroso.
—¡Ese heredero que lleva debería ser el mío! —gritó Rowan, avanzando un paso con los puños apretados—. ¡¿Cómo te atreviste, perro inmundo?! ¡Yo soy el Alfa supremo de este territorio!
—Te equivocas —respondió Caden sin dar un solo paso atrás, manteniendo una postura dominante e inamovible—. Yo soy el Rey Lobo ahora, y mi poder es mayor al tuyo, abarca territorios mucho más vastos que los que Linus te dejó.
—¡Maldición! —escupió Rowan con furia.
Luego, desviando la mirada hacia mí por encima del hombro de Caden, cambió su tono de voz a una dulzura fingida y escalofriante:
—Preciosa... Todavía puedes tomar una mejor decisión, te aceptaré con tu bastardo; solo tengo que deshacerme de tu pareja y tu sangre podrá ser mía.
Caden no se dejó amedrentar en lo más mínimo su espalda se mantuvo firme como una roca mientras soltaba una risa fría.
—Tengo entendido que tienes un par de cachorros y una Luna en tu propio territorio —sentenció Caden con desprecio—, así que no creo que debas venir a mi casa a insinuarle cosas contra el Rey Lobo a mi Luna.
Te voy a pedir que te vayas de mi casa que yo recuerde, nunca te invite a entrar.
Caden levantó la mano con firmeza, indicándole la salida de forma tajante, Rowan me miró una última vez, dedicándome una sonrisa despiadada que me congeló la sangre en las venas.
—Me voy... por el momento —dijo, dando un paso atrás—. Te veré luego, Ivanna. Te lo aseguro.
Se dio media vuelta con elegancia de cazador y abandonó la mansión, dejándonos sumergidos en un silencio pesado y cargado de la inminente tormenta que estaba ir estallar.