El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 36
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Capítulo 36

Cinco días en el paraíso de la bestia

Caden

Poco a poco, el destello dorado de nuestros ojos se fue apagando y la marejada de la primera transformación espiritual retrocedió. Ivanna fue volviendo gradualmente a su forma humana, con la piel sonrojada y la respiración volviéndose más pausada.

Yo hice lo mismo, dejando que el lobo se replegara en lo profundo de mi mente, exhausto y profundamente satisfecho por haber marcado a nuestra compañera. Ivanna acomodó la cabeza sobre mi pecho desnudo, abrazándose a mi torso.

Tras unos minutos de silencio, levantó la mirada hacia mí con una expresión de súbita preocupación en el rostro.

—Creo que... ¿hicimos demasiado ruido? —preguntó en un susurro avergonzado, mordiéndose el labio—. ¿Nos habrá escuchado Doris?

Solté una carcajada limpia y sonora que hizo retumbar mi caja torácica.

—No te preocupes por eso, princesa. Hoy corrí a todos del rancho.

—¿¡Qué!? —Ivanna se incorporó de golpe en la cama, mirándome con los ojos abiertos de par en par—. ¿Pero por qué hiciste eso?

—Porque sabía perfectamente lo que venía —respondí con una sonrisa pícara, acomodando mis brazos detrás de mi nuca—. Les di vacaciones a todos durante cinco días.

—¿Cinco días? —repitió Ivanna, atónita—. ¿Y qué te dijeron? ¿Acaso ellos saben de tu naturaleza?

—La verdad no es la primera vez que los corro durante un tiempo —le expliqué, disfrutando de su incredulidad—, si saben mi naturaleza, por eso todos creen que soy un tipo raro, aunque lo soportan porque después de que se enteraran que soy un hombre lobo, aceptaron que actuara extraño ocasionalmente.

Ni siquiera parpadearon ayer por la mañana cuando le di dos boletos para un viaje a la playa a Dilan y Doris. Al verlos, la verdad no preguntó mucho: solo tomaron sus maletas y corrieron al aeropuerto felizmente. Ivanna negó con la cabeza, esbozando una sonrisa incrédula mientras me escuchaba.

—Hice lo mismo con Lance —continué—, quien tampoco preguntó nada; solo llamó a Stephany de inmediato y ambos salieron rumbo a Sídney.

Peter fue más problema porque es un terco, y siempre ha dicho que no tiene miedo de mi naturaleza, dice que en el mundo todos podemos vivir en paz, pero también lo convencí porque a ese muchacho le encanta el béisbol de Estados Unidos, así que le di dos boletos de avión, un apartamento rentado por una semana y entradas para los juegos de la Serie Mundial.

Pero claro que les extrañó que los hiciera desaparecer a todos de aquí al mismo tiempo...

Sin embargo, supongo que se imaginaron que todo esto tenía algo que ver contigo.

—¿Y por qué tanto tiempo? —preguntó Ivanna, frunciendo el ceño suavemente—. Con solo un día hubiese bastado...

Volví a soltar una carcajada descarada, la tomé de la cintura y la atraje de vuelta hacia mí hasta que quedó pegada a mi cuerpo.

—No, pequeña... —le dije en su oído, dejando que la voz de mi Alfa resonara con una posesividad absoluta—. El celo dura cinco días. Y durante todo este tiempo no saldremos de esta habitación.

Ivanna me miró sin aliento mientras yo acariciaba con el pulgar la marca recién hecha en su cuello.

—En este preciso momento tu aroma es irresistible para cualquier lobo a kilómetros a la redonda —sentencié con una mirada ardiente—, y no pienso compartir a mi compañera con nadie. Así que estás advertida... por pura cortesía.