Capítulo 35
La marca del destino y la hoguera del celo
Caden
El aire dentro de la habitación era fuego puro.
El aroma a sándalo y a lavanda concentrada creaba una atmósfera densa, sofocante y adictiva, el ver a Ivanna retorciéndose en la cama, con los ojos teñidos de un dorado febril y la piel ardiendo por la fuerza de su primer celo, terminó por destruir la poca cordura que me quedaba.
Mi lobo tomó el mando de mis sentidos, su rugido resonó en mi pecho mientras me deshacía de la ropa en un par de movimientos rápidos, quedando completamente expuesto ante ella.
—Caden... por favor... me quemo por dentro, ayúdame —suplicó Ivanna con la voz rota, extendiendo sus manos temblorosas hacia mí.
—Ya no hay marcha atrás, mi Luna, déjate llevar por tu instinto para ayudar a que tu loba fluya —susurré, subiendo a la cama y posicionándome sobre su cuerpo.
En cuanto mi piel desnuda tocó la suya, Ivanna dejó escapar un jadeo sofocado, donde el contacto fue un estallido para los sentidos.
Ella rodeó mi cuello con los brazos y me atrajo hacia abajo con una fuerza instintiva, buscando mis labios con una desesperación salvaje que me arrancó un gruñido del alma.
Sentí sus labios sobre los míos en un choque de lenguas, fuego y necesidad desatada; no había timidez humana ni barreras, solo la entrega de dos bestias destinadas a encontrarse.
Deslicé mis manos por la curva de su cintura y muslos, sintiendo la fiebre abrasadora que la consumía.
Ivanna arqueó la espalda, buscando mi calor, guiada enteramente por la loba que tomaba el control de sus movimientos.
—Es el momento... —le susurré al oído, mordisqueándole el lóbulo mientras su respiración se volvía fiera y agitada—. Acepta a tu Alfa, Ivanna.
—Te acepto... —gimió ella, clavándome las uñas en la espalda y abriéndose a mí sin reservas—. ¡Tómame ya, Caden!
Ivanna
Caden se posicionó sobre mí y empezó a besar mi cuello de forma salvaje, descendiendo lento y voraz por mi piel ardiendo.
Sus labios y su lengua dejaron un rastro de besos, que se sentían como fuego hasta llegar a mis pechos, donde mordisqueó mis pezones con deleite, sacándome un gemido sordo y descontrolado que retumbó en la habitación.
—Déjate llevar, princesa... esto apenas está empezando —susurró contra mi piel, con una voz rasposa que me hizo vibrar entera—. Confía en mí... Necesito que confíes en mí ahora. Dime, ¿has hecho esto antes?
—Nooo... —susurré, apenas capaz de articular la palabra mientras apretaba las sábanas con las manos temblorosas.
Caden levantó la mirada por un segundo. Sus ojos dorados resplandecían como brasas vivas en la penumbra.
—Entonces déjame advertirte: dolerá, pero te aseguro que todo va a pasar, no hay otra forma, porque tu transformación depende de esto. —dijo con una mezcla de dominación y devoción.
No me dio tiempo de responder. Sus manos sujetaron mis caderas con firmeza, guiándome, y en un solo impulso profundo y decidido, se abrió paso en mí. Un grito ahogado brotó de mi garganta cuando una punzada de dolor me atravesó el cuerpo.
Pero no duró más que un suspiro; el calor de su cuerpo y el ritmo frenético de su embestida transformaron la molestia en una oleada de placer primitivo y devorador.
La loba en mi interior tomó las riendas de mi mente, instándome a arquear la espalda, a clavarle las uñas en la piel y a pedirle más con cada jadeo.
—Eso es, mi Luna... entrégate del todo —rogó Caden contra mi oreja, dando cada embate con una fuerza sobrehumana que hacía crujir la madera de la cama.
El ritmo se volvió salvaje, guiado por la fuerza implacable de la Luna llena que nos bañaba con su luz a través del ventanal.
Cada movimiento de Caden era más profundo, más ardiente, llevándonos a ambos al borde de un abismo del que ninguno quería regresar.
Cuando la ola de éxtasis amenazaba con hacerme perder la cordura, Caden apartó mi cabello a un lado, exponiendo la curva entre mi cuello y mi hombro.
—Siente el vínculo, Ivanna... Ahora serás mía para siempre —sentenció con voz de Alfa. Sus colmillos se hundieron de golpe en mi piel.
El mordisco fue una explosión. Un aullido agudo y puro brotó de mi pecho al tiempo que una corriente eléctrica, cálida y sagrada, atravesó mi torrente sanguíneo. En ese segundo preciso, el mundo cambió: la mente de Caden se abrió de par en par ante la mía.
Pude sentir su corazón latiendo dentro de mi propio pecho, su amor posesivo, su necesidad y la fuerza de un vínculo indestructible tejido por la Luna.
El dolor de la marca se evaporó casi al instante, reemplazado por un placer tan intenso que me hizo estremecer en un último espasmo antes de caer exhausta.
Caden se dejó caer a mi lado, respirando con dificultad.
Me atrajo hacia su pecho con una ternura infinita, rodeándome con sus brazos mientras acariciaba suavemente la marca aún tibia en mi hombro.
—Lo hicimos, mi princesa... Ya eres mi Luna para siempre —susurró, besando mi frente.
Sopló un viento helado afuera, pero dentro de la estancia la hoguera era inagotable.
Cuando el placer llegó a su punto más alto y la cima de la pasión amenazaba con hacernos perder la conciencia a ambos, mi lobo exigió el sello definitivo.
Ivanna soltó un aullido agudo y estremecedor que resonó en todo el rancho.
En ese preciso instante, una onda de choque espiritual cruzó nuestras almas: el hilo invisible tejido por la Luna se selló a fuego y sangre.
Sentí su corazón latir dentro de mi propio pecho, sus emociones inundar mi mente y su dolor disiparse para dar paso a un éxtasis absoluto que nos envolvió a ambos en una sola explosión.
Ivanna
El dolor del mordisco duró solo un segundo, pero mi cuerpo continúo transformándose con una sensación más abrumadora, cálida y sagrada que jamás había experimentado.
Sentí cómo la esencia de Caden se vertía en mi sangre, uniendo nuestra mente y nuestro espíritu de forma irrevocable.
Su voz resonaba dentro de mi cabeza no como un pensamiento ajeno, sino como parte de mí. Mi loba aulló de felicidad en mi interior, complacida, completa y finalmente en paz.
Él se transformó conmigo en ese momento de intimidad hasta que Caímos exhaustos sobre las sábanas empapadas de sudor, abrazados fuertemente el uno al otro mientras los latidos de nuestros corazones resonaban en perfecta e ininterrumpida sincronía.
Tiempo después Caden se acomodó a mi lado, velando mi sueño mientras acariciaba suavemente la marca fresca en mi cuello.
Inhalé su aroma a sándalo y me acurruqué contra su pecho, sintiendo por primera vez en mi vida que estaba en el lugar exacto al que pertenecía, protegida por mi Alfa y eternamente unida a mi destino.