Capítulo 33
Silencio y Refugio en la penumbra
Ivanna
El camino de regreso al rancho fue un viaje sumergido en un silencio denso y pesado.
Caden sujetaba el volante con firmeza, mientras las luces de la camioneta cortaban la oscuridad infinita del desierto.
Yo me quedé pegada a la ventana, observando las sombras de los arbustos pasar a toda velocidad, intentando apagar el eco de las palabras de Brenda en mi cabeza.
«Un distractor... Una virgen sin experiencia...
» Las palabras dolían, pero lo que más me atormentaba era la amarga certeza de que ella había compartido con Caden una intimidad a la que yo aún le temía.
El alcohol de la paloma y la sobrecarga de emociones de la noche comenzaron a pasarme factura, haciendo que mis párpados pesaran y la cabeza me diera vueltas en un oleaje mareado.
Caden no dijo nada durante todo el trayecto, pero su mano libre buscó la mía sobre el asiento.
Deslizó sus dedos entre los míos, apretándome con una suavidad constante que parecía pedir disculpas sin articular palabra, no me zafé.
En el fondo, aunque la rabia me quemaba por dentro, el calor de su piel era lo único que me mantenía cuerda.
Cuando por fin aparcó la camioneta frente a la casa principal, el motor se apagó y la paz de la noche nos envolvió por completo.
Caden rodeó el vehículo, me abrió la puerta y me ayudó a bajar con cuidado.
Mis piernas se sintieron flojas al pisar la tierra, y él no dudó en pasar un brazo por mi cintura para sostener mi peso.
—Tranquila, princesa... Ya estamos en casa, me lo estaba pasando muy bien, lamento como terminó el día —susurró con una voz suave, tan distinta a la del Alfa dominante del bar, subimos las escaleras despacio.
La casa estaba a oscuras, tibia y envuelta en el aroma a madera seca.
Entramos a la habitación y Caden me ayudó a descalzarme las botas vaqueras, dejándolas junto a la cama.
Yo me dejé llevar, demasiado mareada para protestar o poner murallas.
—Has bebido demasiado para estar acostumbrada, Ivanna —murmuró Caden, sentándose al borde del colchón mientras me acomodaba con delicadeza sobre las sábanas—. Necesitas descansar.
Me acostó de lado, subiendo el edredón para cubrirme hasta los hombros.
Él se despojó rápidamente de su chaqueta y de sus botas, y sin dudarlo un segundo, se deslizó en la cama detrás de mí.
Pasó su brazo fuerte alrededor de mi cintura y me atrajo con ternura contra su pecho.
Su barbilla se posó suavemente en la coronilla de mi cabeza, e inhaló profundo, llenando sus pulmones de mi aroma.
No había exigencia en su tacto, ni el ansia salvaje de la loba; solo una protección pura y reconfortante.
—Siento mucho lo de Brenda... —susurró Caden contra mi cabello, con una calidez que me estremeció el alma—. Ella no significa nada, porque tú eres la única, Ivanna. Siempre has sido tú.
Apreté su mano sobre mi vientre, acurrucándome un poco más contra la firmeza de su torso. El mareo del alcohol fue cediendo ante la cadencia de su respiración y, envuelta en su abrazo protector, el peso de la noche me venció por completo hasta dejarme profundamente dormida.