Capítulo 31
Vestido negro
Caden
Salí de la casa con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro, sintiendo el aire fresco de la mañana. Sin embargo, en cuanto llegué al granero principal, una lluvia de bromas pícaras y risas no se hizo esperar.
—¡Mira nada más si viene el casanova! —gritó Lance desde lo alto de los fardos de heno, soltando una carcajada sonora—.
Ya nos contó Dilan que ayer llegó a interrumpir un momento especial.
¡Cuéntanos qué pasó, no seas así! Últimamente mi vida romántica es tan escasa que me conformo con los chismes de tu vida.
—Estás loco si crees que te hablaré de mi intimidad con mi mujer —respondí en seco, aunque sin perder la buena cara mientras tomaba un par de herramientas—. Eso es algo que no te interesa, amigo, así que búscate la acción en otra parte.
Peter salió del almacén cargando una caja de pienso para el ganado, acomodándosela en el hombro mientras me miraba con una mueca pícara.
—Es verdad, necesitamos algo de acción —comentó Peter, secándose la frente—. Así que propongo algo: vamos hoy al pueblo, al bar, recuerden que hoy toca el grupo musical en vivo, ¿qué opinas? Una salida de machos para desestresarnos.
Solté una risa baja y negué con la cabeza, por ningún motivo iba a dejar a Ivanna sola en el rancho en estos días, faltaban escasos días para la Luna llena y el celo de su loba comenzaba a desatarse.
Si llegara a aparecer algún lobo rondando los alrededores, la situación podría volverse sumamente peligrosa. Y aunque en este pueblo no hubiera muchos de nuestra especie, los pocos que había sentirían de inmediato el olor intenso y dulce que ella comenzaba a despedir.
—Mira —les dije, apoyándome contra el marco de la puerta del granero—, ustedes vayan solos... pero yo llevaré compañía, no necesito ir a buscar nada a ese bar que no tenga en la recámara de arriba.
Las risas y las burlas retumbaron de inmediato en todo el establo.
—¡Te trae cacheteando la banqueta, amigo!
—se burló Peter entre risas, negando con la cabeza—.
¿Quién lo hubiera dicho del gran Alfa solterón?
Está bien que venga ella también; incluso creo que es mejor así, porque siempre nos quitabas todas las oportunidades en cuanto te veían las chicas disponibles.
Quizá tengamos mejor suerte nosotros, pero ve y dile para que esté lista. Hoy a las ocho nos vemos en el bar.
—Cuenten con eso —asentí, sabiendo que llevar a Ivanna al pueblo esa noche sería la prueba de fuego perfecta para ver cómo reaccionaba ante la multitud...
y para mantener a mi Luna vigilada bajo mi estricta protección.
Regresé a la casa con una enorme sonrisa que no traté de disimular.
Ivanna, que estaba en la sala, me miró de inmediato con recelo, desconfiando de mi buen humor.
—¿Qué te parece si hoy vamos a un bar con los chicos? —le solté a quemarropa.
El rostro de Ivanna se iluminó de golpe; una sonrisa radiante apareció, haciendo que toda la tensión de la mañana pareciera esfumarse en un segundo.
—¡Qué bien! —dijo con los ojos abiertos de par en par—. Nunca he ido a un bar.
—Considera que vamos a celebrar tu mayoría de edad —comenté acercándome a ella.
—Pero si mi cumpleaños es hasta la siguiente semana —replicó, frunciendo levemente el ceño.
—Eso déjamelo a mí, princesa. Ponte aún más guapa que nos vamos de fiesta esta noche. Ivanna no lo pensó dos veces: dio media vuelta y corrió escaleras arriba entusiasmada.
Desde la planta baja escuché cómo abría los cierres de su maleta y sacaba toda la ropa, buscando afanosamente algo apropiado que ponerse.
Subí a la habitación minutos después y me la encontré parada frente a la cama, mirando un par de vestidos extendidos sobre la colcha. Se giró hacia mí con una mueca de duda.
—La verdad no sé qué ponerme... ¿Cómo es el bar al que vamos?
—Es estilo cowboy —le expliqué apoyándome en el marco de la puerta—. Ponte algo cómodo y botas. Ni se te ocurra llevar esos tacones del otro día porque te vas a caer, y más si entras a la pista de baile.
—¿Pista de baile? —su rostro volvió a encenderse de emoción—. Nunca he ido a bailar, ¡qué bien! Y... ¿bailarás conmigo?
Levanté una mano con solemnidad y una sonrisa de lado.
—Palabra de boy scout. Ivanna me miró divertida.
—¿Eras boy scout? Solté una carcajada a mandíbula doliente.
—Algo así... era mas bien un campamento de lobos militar, pero tenía 13 años así que supongo que es lo mismo.
El resto de la tarde fue un trajinar interminable de ropa que se medía, se quitaba y volvía a guardar.
Duró horas frente al espejo peinándose y ajustándose el maquillaje, sinceramente, yo la veía exactamente igual de hermosa que siempre, pero entendía que para ella esta salida significaba su primera probada de libertad en años.
A las siete y media de la noche, me encontraba en mi despacho tomando una copa de güisqui mientras la esperaba. De pronto, la puerta del despacho se abrió e Ivanna entró caminando tímidamente.
Me quedé impactado con lo que veía. Casi se me cae el vaso de la mano.
Lucía un vestido corto de color negro que le llegaba a medio muslo, sostenido por finos tirantes que dejaban ver la forma perfecta de sus hombros y de su escote.
Llevaba sus botas vaqueras nuevas, el cabello rubio cayéndole en ondas pulidas y una luz en la mirada que me cortó la respiración.
Ivanna me sonrió, dando una pequeña vuelta sobre su propio eje.
—¿Qué opinas? ¿Está bien esta ropa?
Sonreí, dejando el vaso de güisqui sobre el escritorio mientras me ponía de pie y caminaba lentamente hacia ella, dejando que mi mirada la recorriera de arriba abajo.
—Está tan bien... que creo que ya no quiero ir a ningún lado y prefiero tenerte solo para mí aquí. Ivanna soltó una risita bromeando, pero dio un paso atrás antes de que pudiera atraparla por la cintura.
—¡Ni lo pienses! Me arreglé para conocer un bar y bailar... no para estar aquí encerrada, así que vamos... no perdamos más tiempo.