Capítulo 29
Esencias, y Sombras del pasado
Caden
A la mañana siguiente, el plan de provocación comenzó de manera calculada, sabía perfectamente que solo faltaban cuatro días para la llegada de la Luna llena, así que tenía que desatar mi olor de Alfa al máximo para acelerar el despertar de su loba.
Fui hasta mi vestidor, tomé un frasco de sándalo puro y apliqué un poco de esa esencia natural en mi nuca, en el centro de mi pecho y a lo largo de mis brazos.
No solía usar esa esencia natural de lobo casi nunca...
quizá porque ninguna hembra me había interesado realmente.
La mayoría de las mujeres o lobas con las que había estado íntimamente eran ellas las que saltaban sobre mí.
Sabía que no era feo; de hecho, en el lugar donde estuviera podía encontrar fácilmente a una mujer dispuesta a calmar mi ansia y satisfacer mi necesidad animal.
Algunas habían intentado usar trucos baratos para retenerme, pero a mí nadie me cazaba.
Yo nunca sería la presa de nadie, simplemente porque el cazador era yo.
Sabía que tenía el instinto necesario para conseguir a cualquier mujer o loba, pero en este momento la Luna estaba totalmente a mi favor, porque el celo de Ivanna estaba cada vez más cerca y yo estaba listo para iniciarla.
Ella misma me había confesado que no había tenido muchas parejas anteriores porque su padre se lo había impedido, «Gracias, Axel», pensó mi lobo con gratitud.
«Cuidaste a la princesa para mí». A veces me preguntaba si ése había sido el plan de Axel desde que nacimos.
Mi padre solía llevarme a la casa de Axel a vigilar a Ivanna, en aquel momento yo lo odiaba ya era un adolescente con gustos mucho más sofisticados y, sin embargo, me obligaban a pasar horas enteras viendo cómo una niña pequeña jugaba a las muñecas en el jardín.
Por eso aquel fatídico día yo estaba ahí, mi padre me había mandado a cuidarla.
Y cuando llegaron los intrusos, corrí por el bosque hasta encontrarlo para que los ayudara... Lo cual había sido un grave error, porque mi padre terminó muerto y la familia real tuvo que salir huyendo para salvar sus vidas.
Recordaba también las innumerables veces que había tenido que espantar a algún niño lobo que se sentía atraído por la esencia natural de Ivanna mientras crecía. Y luego estaba Rowen... el hijo de Linus, lo recordaba perfectamente.
Rowen era más grande y fuerte que yo en ese tiempo; tenía alrededor de veintidós o veintitrés años cuando la vio por primera vez.
Fue en aquella feria del pueblo, y yo estaba a la distancia observándola, como siempre, cuando lo escuché preguntarles a sus hombres quién era esa niña.
Cuando se enteró de que se trataba de la mismísima princesa Kingston, sonrió con una malicia que me revolvió el estómago.
—La necesito para mí, debe darme un heredero… —había dicho Rowen en voz alta, cruzándose de brazos—. Si me apareo con ella, seré bendecido por la Luna.
Uno de sus lobos le advirtió:
—Pero es una niña... Ni siquiera es loba todavía tienes que esperar por lo menos unos años. Rowen soltó una carcajada fría.
—Eso no importa. Además, me gusta estrenar... le diré a mi padre que preparé todo, debe traerla conmigo, lo más pronto que pueda, esta será nuestra oportunidad perfecta para poder ser Alfas, y no cualquier Alfa sino uno con herederos de sangre pura, sangre real.
Luego se dio media vuelta y se fue seguido por sus hombres, en ese momento, siendo casi un muchacho, no entendí el trasfondo de sus palabras.
Pero años después, con la madurez y el conocimiento del corporativo, lo comprendí todo: querían la sangre real, la legitimidad del trono y el control absoluto de nuestra especie a través de ella.
Miré mi reflejo en el espejo, ajustándome la camisa de trabajo abierta en los primeros botones para que el aroma a sándalo y Alfa se dispersara por toda la casa.
—No esta vez, Rowen... —murmuré para mí mismo con la mirada teñida de un dorado penetrante—. Ivanna es mía, así la Luna lo decretó y no habrá nadie en este mundo que vuelva a tocar a mi Luna jamás, por lo menos no, mientras yo este con vida.