El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 23
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Capítulo 23

La guardia y el impacto

Ivanna

Ajusté los pies en la tierra suelta de la colina, sintiendo el peso firme de mis botas nuevas, las manos me temblaban levemente, pero mantuve los puños arriba, cubriendo mi rostro y mi garganta justo como Caden me había indicado.

Desde niña mi madre había insistido en que tomara clases de defensa personal, ahora entendía que era parte de mi formación como mujer Loba, él ahora caminaba a mi alrededor con la soltura y la elegancia de un depredador que conoce cada centímetro de su terreno.

Su presencia era aplastante, pero el tono de su voz tenía una calma calculadora que me obligaba a concentrarme.

—Bien —dijo Caden, deteniéndose a solo un par de pasos de mí—. Tu posición inicial es buena, pero la guardia no sirve de nada, si no tienes tensión en el centro del cuerpo, si un lobo te embiste con todo su peso y estás floja, te va a derribar en el primer segundo.

Antes de que pudiera reaccionar o ajustar la postura, Caden dio un paso al frente y puso la palma de su mano abierta directamente sobre mi abdomen, aplicando una presión firme hacia atrás, el contacto fue como una descarga eléctrica.

Sentí la calidez de su mano atravesando la tela de mi camisa, quemándome la piel. Un escalofrío me recorrió toda la columna y el aire se me atascó en la garganta.

—Aprieta aquí —ordenó él con voz grave, fingiendo que no notaba el vuelco que acababa de dar mi corazón, aunque su pulgar se hundió apenas un milímetro en mi cintura—. Tienes que poner firme el torso. Si no aseguras el centro, no hay equilibrio.

—¡Estoy firme! —protesté, tratando de sonar molesta para ocultar que su cercanía me estaba dejando sin aliento.

—No lo estás, princesa —sonrió de lado, esa sonrisa ladina que me enloquecía—. Mírate: estás conteniendo la respiración. Si no respiras, te vas a fatigar en medio minuto.

Sin pedir permiso, rodeó mi espalda con un brazo para corregirme la postura de los hombros, jalándome un par de centímetros hacia él, quedamos a escasa distancia.

Su aroma a madera y tormenta me envolvió por completo, chocando de frente con la lavanda que empezaba a brotar de mi propia piel con cada vez más fuerza.

—Caden... —murmuré, sintiendo a mi loba aullar de placer, sabía que los ojos me ardían por esa extraña vibración dorada que empezaba a nublarme la vista.

—Concéntrate, Ivanna —susurró él, bajando la cabeza hasta que su aliento me rozó la oreja—. Voy a lanzar un golpe lento hacia tu cuello, no quiero que pienses; quiero que bloquees con el antebrazo y des un paso hacia atrás para usar mi propia fuerza en mi contra. ¿Entendido? -

Asentí en silencio, incapaz de articular palabra.

Caden se separó apenas unos centímetros, bajó su centro de gravedad y lanzó un puñetazo pausado, medido, directo a mi costado izquierdo.

Mi instinto —ese sentido salvaje que llevaba días despertando en mi interior— reaccionó antes que mi mente: levanté el antebrazo con fuerza, desvié su brazo con un impacto seco y di un paso rápido hacia un lado, empujándolo del hombro.

Caden no perdió el equilibrio, pero la sorpresa cruzó sus ojos verdes por un segundo. El destello dorado en sus pupilas se encendió como una llamarada.

—Vaya... —dijo en un susurro cargado de satisfacción—. La loba sí tiene reflejos.

—Te dije que no soy una presa indefensa —desafié, apretando de nuevo los puños y sosteniéndole la mirada con el pecho agitado. Caden dio un paso lento hacia mí, eliminando cualquier espacio entre los dos hasta que la punta de sus botas tocó las mías.

—No, Ivanna, no lo eres, así es como debe ser…

—dijo con una voz tan grave que me hizo temblar las piernas—.

Y a partir de hoy, vas a aprender a usar esa fuerza, para defender lo que es tuyo...

incluyéndome a mí, porque yo soy tu Alfa preciosa, y una Luna está obligada a cuidar a su pareja, para proteger su vínculo sagrado, puedes estar segura de que yo hare lo mismo por ti, somos uno, y todo lo que nos pase será mutuo, sentirás mi dolor y yo el tuyo.