Capítulo 22
El despertar de los sentidos
Caden
Me quedé a la distancia, oculto tras la sombra de un viejo eucalipto, observando cómo Ivanna llegaba a la colina norte, llevaba puestos sus vaqueros nuevos y sus botas de campo.
Al ver el lugar solitario, se acercó a una gran piedra y se sentó a esperar.
De pronto, vi cómo su postura se puso rígida por completo.
Un segundo después, Ivanna se llevó las manos a la cabeza y se tapó los oídos con desesperación, desde mi posición pude ver cómo apretaba los ojos, abrumada por el colapso repentino de sus sentidos.
Su oído de loba acababa de despertar de golpe: el crujir de mis pasos a decenas de metros, el zumbido ensordecedor de una abeja revoloteando entre las flores silvestres, el gruñido lejano de un animal en la ladera de la montaña e incluso el silbido retumbante del viento chocando con cada hoja de los árboles.
Definitivamente, el tic-tac de su cuerpo había iniciado.
Yo tuve mi primera transformación a los catorce años, y ya se consideraba tarde para un lobo común.
Ivanna estaba a punto de cumplir veintiún años y jamás se había transformado.
Eso había ocurrido porque su vida había sido un caos constante, una persecución sin tregua; para que su loba emergiera por primera vez, necesitaba paz...
un entorno seguro donde no tuviera que fingir ser humana.
Eso era, de hecho, una de las mayores preocupaciones descritas en el testamento de su padre, detallada en una carta personal que me entregó antes de morir.
Axel estaba profundamente consternado porque su única heredera no mostraba señales de su naturaleza, algo nada normal en nuestro mundo, me pedía directamente que la guiara en el proceso.
Sabía perfectamente lo que su padre me pedía entre líneas, porque la única forma garantizada de detonar la primera transformación, en una loba de linaje puro, que ha reprimido su instinto tanto tiempo, es, durante el celo... es decir…durante el apareamiento con su compañero predestinado.
Pero no está prudente decírselo a ella, o por lo menos No todavía, ella simplemente no lo entendería y solo conseguiría asustarla o hacer que cerrara sus murallas de nuevo.
Me acerqué con pasos cautelosos, amortiguando mi presencia para no aturdirla más, y me incliné suavemente hacia ella.
—Listo, princesa... Es hora de empezar el entrenamiento —susurré despacio, dejando que mi tono firme pero sereno actuara como un ancla para su mente hiperactiva—. ¿Qué te parece si te paras ahí?
Le señalé un espacio despejado en el terreno, ella levantó la vista hacia mí, con los ojos bien abiertos, todavía recuperando el aliento por la sobrecarga sensorial. Asintió en silencio y siguió mis instrucciones, colocándose de pie en el centro.
—Lo primero es tu seguridad —empecé a explicarle, caminando lentamente en círculo a su alrededor para que se acostumbrara a mi movimiento—.
Debes saber que existen tres lugares que son sumamente vulnerables para los hombres lobo: el área del corazón, el cuello y la cabeza, en estos sitios somos más sensibles y un golpe certero o una herida profunda puede ser letal.
Todo el resto del cuerpo se regenera y sana rápidamente, así que cualquier lobo que intente atacarte siempre buscará llegar a esos tres puntos estratégicos. Me detuve frente a ella, adoptando una postura erguida.
—Párate de esta forma —le mostré, separando ligeramente los pies para ganar equilibrio— y mantén la guardia alta, una vez que estes equilibrada, protege siempre tus sitios vulnerables levantando los brazos.
Ivanna me observó con atención, ajustó la posición de sus pies sobre la tierra y levantó los puños a la altura de la barbilla, protegiéndose el cuello y el rostro.
A pesar del miedo y de la confusión que la dominaban minutos atrás, el instinto de la sangre Alfa de su padre comenzaba a brillar en su mirada.