El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 21
43%

Capítulo 21

Confesiones

Ivanna

Cuando bajé al comedor, el silencio reinaba en la casa, las grandes fuentes de comida ya habían sido recogidas y sobre la mesa solo quedaba la jarra de café recién hecho.

Todos habían desayunado temprano y salido a sus jornadas en el campo. Doris me recibió con una sonrisa cálida mientras limpiaba la barra de la cocina.

—Buenos días, mi niña parece que dormiste bastante, pero te hacía falta después de tanto viaje —dijo, sirviéndome una taza humeante de café—. Caden me dejó el recado de que te espera en la colina norte a las diez de la mañana para el «entrenamiento» ... sea lo que sea que eso signifique.

—Gracias, Doris —sonreí levemente, tomando la taza entre mis manos y agradeciendo el calor del líquido.

La buena mujer me observó con atención mientras me servía un plato con huevos y tostadas. Se apoyó contra la barra, ladeando la cabeza con curiosidad sincera.

—Ivanna... si no es indiscreción, ¿puedo preguntarte por tu familia? Caden nos contó algo, pero no dio muchos detalles. Apreté la taza con un nudo amargo en la garganta.

—Mi padre murió hace cinco años... y mi madre falleció apenas la semana pasada.

—Oh, mi vida, lo siento tanto... —Doris me miró con los ojos llenos de empatía y compasión—. Qué duro quedarse sola en el mundo tan joven. Me quedé en silencio, dando un sorbo al café.

Doris pareció meditar sus palabras un momento antes de hacerme la pregunta que evidentemente llevaba rondándole la cabeza desde que llegamos:

—Oye, Ivanna... hay algo que no me termina de cuadrar. ¿Por qué Caden y tú llevan el mismo apellido, Kingston? Dejé la taza sobre la mesa y solté un pequeño suspiro, explicando la historia sin entrar en los detalles del mundo de los hombres lobo:

—El padre de Caden murió cuando él tenía quince años y yo diez, mi padre era muy amigo suyo y se hizo cargo de Caden; lo adoptó legalmente para poder ser su tutor y darle el apellido.

—¿O sea que ustedes son hermanos? —preguntó Doris abriendo los ojos con sorpresa.

—¡Nooo! —negué de inmediato con la cabeza—.

En realidad, yo no lo había visto desde el día en que murió su padre, y el mío se encargó de que no conviviéramos; a él lo envió a un internado militar en Europa y yo me quedé con mis padres, pero ahora todo cambió...

Mi padre acordó con él que se haría cargo de mí, si algo llegaba a pasar, y Caden se toma su palabra muy en serio, porque hace un tiempo fui amenazada por el mismo hombre que acabo con la vida de su padre, supongo que ese es el motivo.

Doris me escuchó con atención, asintiendo despacio.

Su rostro tomó una expresión suave y profundamente reflexiva.

—Ya veo... Creo que él hace muy bien al cuidarte, quiero que sepas, Ivanna, que Caden es un hombre maravilloso, acepto que Sí, a veces es tremendamente malhumorado, terco y tiene ese genio que da miedo, pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Me quedé mirándola, sorprendida por el cariño con el que hablaba de él.

—Él no va por ahí contándolo —continuó Doris con voz pausada—, pero fue quien pagó hasta el último centavo del tratamiento contra el cáncer de Jean, la esposa de Bill cuando los médicos ya la daban por perdida, y cuando a mi Dilan lo despidieron de su antiguo trabajo solo por ser un hombre mayor, no lo pensó dos veces: nos trajo aquí, le dio el puesto de capataz y nos dio una casa digna.

Doris dio un paso hacia mí y me puso una mano tibia sobre el hombro, mirándome directo a los ojos con una súplica sincera:

—Te pido que no lo lastimes, mi niña... Porque, aunque parece un hombre invencible y duro como la piedra, en realidad no lo es. Las palabras de Doris resonaron en mi pecho durante todo el desayuno.

Mientras me preparaba para ir hacia la colina norte a encontrarme con el hombre que cuidaba de todos a su alrededor, empecé a darme cuenta de que el Alfa arrogante que me desesperaba guardaba cicatrices mucho más profundas de las que yo imaginaba.